La XIII Campaña de Teatro Escolar ha arrancado en el Teatro Kursaal Fernando Arrabal consolidando una línea de trabajo que, a lo largo de sus ediciones, ha ido adaptando distintas obras literarias a las etapas educativas con el objetivo de acercarlas al alumnado desde un lenguaje accesible y contemporáneo. En este recorrido, que ha incluido propuestas inspiradas en títulos como La Celestina o El Lazarillo, Lorquianas se presenta por segunda vez dentro del ciclo como una pieza dirigida específicamente a estudiantes de ESO y Bachillerato, en un momento en el que la obra de Federico García Lorca forma parte de su itinerario académico. Sin embargo, lejos de plantearse como una simple adaptación, la propuesta se articula como un ejercicio de traducción escénica que busca que el alumnado comprenda, interprete y se reconozca en los conflictos, símbolos y personajes que atraviesan ese universo.
La obra, dirigida por Alejandra Nogales y con dramaturgia compartida junto a May Melero, encuentra su singularidad en la manera en que se construye: no desde la representación distante, sino desde la experiencia. Sobre el escenario, los elementos son mínimos pero cargados de intención —cuerdas, cestos de fibra natural, banquetas y sábanas tendidas— y configuran un espacio cotidiano y rural, reconocible en la dimensión estilística del propio Lorca. En ese entorno, la escena se despoja de artificio para centrarse en la palabra, el cuerpo y la emoción, generando una atmósfera que conecta directamente con el espectador.
May Melero, actriz y dramaturga, sostiene el eje de esta propuesta desde un lugar profundamente personal. Su relación con los personajes femeninos no parte de la construcción interpretativa tradicional, sino del reconocimiento. “Yo cuento mi vida a través de la palabra de esos personajes”, afirma , dejando claro que la obra no plantea una interpretación clásica de los textos lorquianos. Ese vínculo se remonta a su adolescencia, cuando descubrió en los textos de Lorca un reflejo directo de experiencias propias, una identificación que con el tiempo se ha transformado en materia escénica.
Ese tránsito de lo íntimo al escenario no está exento de dificultad. Melero reconoce el pudor inicial que le generaba compartir aspectos personales que, en algunos casos, ni siquiera su entorno conocía. “Me daba mucho pudor porque al final estoy contando cosas que son muy íntimas”, explica. Sin embargo, es precisamente esa exposición la que dota a la obra de una dimensión distinta, en la que el espectador no asiste únicamente a una representación, sino a un relato atravesado por experiencias reales: relaciones afectivas, presión social, episodios de abuso o decisiones vitales que conectan con los conflictos que también habitan en los personajes femeninos del imaginario lorquiano.
La dramaturgia, construida conjuntamente con Nogales, articula estas vivencias a través de una estructura que permite al público transitar entre distintos planos sin ruptura. En ese recorrido, las palabras que se escuchan en escena —muchas de ellas recogidas de situaciones reales vividas por la propia Melero— adquieren una fuerza particular al situarse en un espacio compartido entre lo individual y lo colectivo. La obra no propone respuestas cerradas, sino que abre preguntas en torno a los roles sociales, los juicios y las relaciones humanas y configura una doble dimensión de reconocimiento: víctimas y verdugos. En este sentido, la reflexión y la introspección permiten reconocernos en distintas capas de comportamiento humano, propio y ajeno.
En este sentido, el trabajo de dirección de Alejandra Nogales se centra en facilitar ese acceso al público joven, no desde la simplificación, sino desde la conexión. “De repente lo han entendido, de repente les gusta Lorca”, señala , poniendo el foco en una de las claves del proyecto: generar una experiencia que permita al alumnado apropiarse del contenido desde su propia realidad. Esa apropiación se hace especialmente visible en los encuentros posteriores a las funciones, donde los estudiantes reformulan la obra desde sus vivencias. Nogales reconoce que en ese intercambio emergen lecturas no previstas. “Había mensajes en la obra que ni siquiera nosotros éramos conscientes”, apunta.
La música en directo adquiere un papel estructural dentro de la obra. Antonio de la Pura, también sobre las tablas como intérprete, junto a Lola Padial, construyen una propuesta sonora que dialoga constantemente con la escena. El flamenco, que durante décadas ha servido como vía para interpretar los textos de Lorca, aparece aquí como punto de partida, pero no como límite. A partir de esa raíz, la creación musical se abre a una diversidad de géneros que reformulan ese lenguaje y lo desplazan hacia nuevos códigos.
El teclado en escena articula esta composición en vivo, donde música y voz no solo acompañan, sino que forman parte activa del desarrollo dramático. Las propias composiciones nacen desde la necesidad de contar la historia: las letras, los ritmos y los cambios de registro avanzan junto a los personajes, profundizan en sus conflictos y atraviesan los textos desde otro lugar. La música no solo sostiene la escena, sino que también narra, se integra en el hilo conductor de la obra y amplía su significado, convirtiéndose en una herramienta esencial de la dramaturgia.
A este entramado se suma la pintura en directo, un recurso que amplía el lenguaje de la obra hacia lo visual. En su formato habitual, Lorquianas incorpora la participación de un artista que crea durante la función una pieza inspirada en lo que sucede en escena, sin haber visto previamente el espectáculo, generando una interpretación plástica simultánea que dialoga con la representación y que, en otras ocasiones, ha contado también con la implicación del alumnado.
En el marco de la Campaña de Teatro Escolar, la propuesta vuelve a situarse ante el público joven como una experiencia que trasciende lo escénico. Lorquianas, que continúa su gira dentro y fuera de España, no solo acerca un universo literario, sino que lo transforma en un espacio de reconocimiento, donde la palabra, la música y la vivencia se entrelazan para generar nuevas formas de comprensión y análisis de la experiencia cotidiana.








