Numerosos estudios afirman que los casos de violencia de género se disparan en los hogares mientras se celebran grandes eventos deportivos. En números, se trata de una subida del 26 % cuando el equipo en cuestión gana o empata y de un 38 % cuando pierde según una campaña elaborada para el Mundial 2026 que se mencionará más adelante. Por ejemplo, el estudio Can the FIFA World Cup Football (Soccer) Tournament Be Associated with an Increase in Domestic Abuse? de la Universidad de Lancaster (Reino Unido) ofrece datos reveladores tras analizar las denuncias policiales de las copas del mundo de 2002, 2006 y 2010.
Y no es el único. Otros informes de países como Brasil, Estados Unidos o Escocia recogen informaciones similares sobre el incremento de la violencia hacia las mujeres cuando se convocan competiciones de carácter deportivo. Se traducen en amenazas, agresiones físicas y más llamadas denunciando casos, principalmente, pero no solo, en el ámbito doméstico. Los expertos apuntan a que este tipo de contextos favorecen que salgan a la superficie conductas violentas que ya de por sí existen. La no canalización de la euforia o frustración emergen de este modo, y ellas son las que suelen pagarlo.
Pese a que se han elaborado muchos documentos que evidencian la correlación entre estas circunstancias, siguen faltando datos específicos sobre los distintos contextos culturales para lograr su erradicación. Cabe recordar que, en cualquier caso de violencia, lo que más impacto tienen son los asesinatos o las palizas, pero que eso es tan solo la punta del iceberg. Detrás, hay comentarios y conductas que, actualmente, están todavía bastante normalizados. Sigue habiendo mucha controversia al respecto y una buena parte de la sociedad continúa sin reconocer la gravedad de esta problemática.
Fuera de las cámaras, y no necesariamente en el ámbito de la pareja, se repiten estas situaciones en un clima marcado por el consumo de alcohol excesivo, la presión económica por apuestas deportivas e incluso la intensidad emocional contenida y mal gestionada, según los estudios, sobre todo por hombres. Sin ir más lejos, la final del Mundial y la victoria de España sobre Argentina del pasado domingo reunió a una media de 15.706.000 millones de espectadores según datos de Barlovento Comunicación elaborados a partir de la medición de fifty-five. Y, para la Fifa, ellos siguen liderando el porcentaje de público que sigue este tipo de competiciones.
De este modo, Unicef, ONU Mujeres y Unfpa (Fondo de Población de las Naciones Unidas), con el apoyo del Gobierno de México mediante la Secretaría de las Mujeres, han lanzado la campaña “En equipo contra la violencia familiar” en el Mundial 2026. El lema es “El fútbol es para celebrarse en todos los hogares” y persigue que se garantice la seguridad y se respeten los derechos de mujeres, niñas, niños y adolescentes durante el torneo. La iniciativa hace una llamada a la sociedad para que personas del entorno cercano puedan reconocer señales de violencia familiar y reportarlas. No es necesario que haya una certeza absoluta cuando existen sospechas razonables para alertar, pedir ayuda y activar rutas de protección.
“La violencia dentro del hogar no es normal ni inevitable. La pasión por el fútbol no justifica gritos, golpes, amenazas, control, humillaciones ni agresiones contra mujeres, niñas, niños o adolescentes”, expresan en la página web de Unicef México. La violencia aumenta de forma sostenida una vez finaliza el partido, con picos de violencia a las 10 y 12 horas de haberse iniciado el tiempo de juego. Además de todo lo anterior, marcas físicas, insultos, llantos prolongados o silencios sospechosos tras discusiones intensas, ruidos violentos, cambios bruscos de comportamiento (ansiedad, aislamiento, tristeza) o miedo latente en las posibles víctimas… Estos son algunos de los signos que recoge la campaña para poder prevenir y detectar casos.
Volviendo a las causas que motivan estas conductas violentas, otros documentos aseguran que los casos vinculados al consumo de alcohol se incrementan hasta un 47 % en días de partido frente a días normales. Discusiones por dinero o la presión tras haber apostado son detonantes de conflictos familiares. Además, la tensión del partido suele descargarse de forma injusta en casa. Las organizaciones añaden que las “normas sociales de masculinidad” a la hora de “defender” a un equipo refuerzan estos comportamientos agresivos. Por lo tanto, no es que el fútbol cause la violencia, pero cuando esta ya existe, la potencia o aumenta los riesgos dentro y fuera del hogar.
Para salvaguardar la integridad y dignidad de las víctimas, los organismos recomiendan no enfrentarse a la persona agresora, escuchar sin juzgar a las víctimas, compartir las referencias sobre los servicios de apoyo disponibles y reportar con la mayor exactitud posible toda la información que se maneje al respecto. Es la mejor forma de ayudar, pero, si se tratase de una situación de peligro o riesgo, lo mejor será siempre advertir a las autoridades competentes y a los servicios de emergencia si fuera necesario.









