Dirigir la ONCE en Melilla es, para Carlos Gordillo, una mezcla de orgullo, satisfacción y responsabilidad. Pero, sobre todo, es estar al lado de personas que atraviesan momentos complicados. “Nosotros al fin y al cabo estamos para ayudar a personas que viven en circunstancias complejas”, explica el director de la organización en la ciudad.
Gordillo conoce de cerca esa realidad. Hay personas que llegan “deprimidas” porque su vida ha cambiado de golpe. También padres que afrontan muchas incertidumbres ante una discapacidad. Y ahí entra el trabajo de la ONCE. “La responsabilidad de dirigirles, asesorarles, acompañarles es algo muy bonito, pero a la vez son momentos duros”, reconoce.
Actualmente, la ONCE cuenta con 41 vendedores en Melilla. La cifra, además, ha ido creciendo. Gordillo explica que el objetivo es seguir aumentando la plantilla siempre que los ingresos permitan asumir esa responsabilidad. “Gracias a la solidaridad de los melillenses, como cada día nos está yendo mejor, nosotros tenemos que responder con mayor contratación”, señala.
Una evolución que también se ha notado en las ventas de los productos de juego. Gordillo asegura que durante el último año han evolucionado “muy positivamente” y que ese crecimiento se ha traducido en más servicios y más trabajadores. De hecho, recuerda que hace años la organización llegó a tener poco más de una veintena de vendedores y que en los últimos trece años ha conseguido doblar la plantilla.
Y están los premios. En 2026 ya se han repartido varios en Melilla, aunque todavía falta ese gran golpe de suerte que Gordillo espera. “Yo quiero un Eurojackpot o quiero un Cuponazo”, bromea. Hasta ahora se han repartido muchos premios de 40.000 euros. Una cantidad importante para quien la recibe, aunque no sea “el gordazo” que sueña con entregar.
No sería la primera vez. Gordillo recuerda que durante su etapa en Melilla la ONCE llegó a repartir nueve millones de euros en un Cuponazo. Ahora espera repetir la hazaña.
Pero la ONCE es mucho más que vender cupones. El apoyo a las personas con discapacidad se adapta a cada caso. “Le hacemos un traje a medida”, resume. Hay apoyo psicológico, formación, adaptación de puestos de estudio y trabajo, movilidad, habilidades de la vida diaria, acceso a la cultura, ocio y deporte.
Y también hay iniciativas que buscan algo tan sencillo, pero tan importante, como acompañarse. Es el caso de ‘Las tejedoras’, un grupo de afiliadas que comenzó a funcionar hace unos meses y que retomará su actividad próximamente. Unas personas donan los ovillos, otras tejen y las prendas terminan en colectivos que las necesitan.
La iniciativa ya ha colaborado con mujeres maltratadas. Pero su objetivo va más allá. Mientras tejen, las participantes se relacionan, combaten la soledad y trabajan la creatividad y la psicomotricidad fina. Una actividad sencilla. Y con un trasfondo muy humano.








