El sistema público de salud tiene una asignatura pendiente con Melilla. No es normal que un mes después de la puesta en funcionamiento del nuevo hospital, las críticas sigan aumentando día a día como consecuencia de las muchas deficiencias y fallos de gestión que se están poniendo sobre la mesa. Sin ir más lejos, un médico de la plantilla, con muchos años ya de ejercicio, lamentaba que ya ni siquiera hay un neurocirujano de guardia. Eso obliga a que cualquier cirujano se vea en la necesidad de intervenir ante situaciones como hematomas cerebrales intraparenquimatosos, algo que precisa de un profesional especializado.
Este mismo médico, que trabaja en el hospital en cuestión, haya de "demasiada desorganización y demasiada disfuncionalidad", lo cual lleva a una situación de caos que afecta directamente tanto al personal, que no da abasto, como a los propios pacientes, víctimas de tanto desatino. Es decir, las cosas no funcionan como deben, hay muchísimo descontento entre los usuarios, a lo que les importa bastante poco que les pidan paciencia como hacen desde la Delegación del Gobierno.
Por cierto, este organismo público no ha respondido a una sola crítica por los retrasos en las citas, las listas de espera, las averías en los aparatos para distintas pruebas. Fuentes oficiales de la Delegación se limitan a asegurar que están trabajando para garantizar la mejor de la sanidad pública para Melilla y que se han contratado 150 profesionales en el último mes, que el número de partos y de urgencias ha disminuido, y que han agotado las bolsas de empleo.
Estas fuentes gubernamentales aseguran que aquí el problema está en que el PP "paralizó" las obras del hospital, que los populares se dedicaba al recorte en los servicios y que en su etapa al frente del Ejecutivo de España había 18 médicos en urgencias y ahora son 25, después de siete años. Esos son los argumentos de la Delegación; es decir, ni una sola explicación, ni un por qué de tanto despropósito, ni una palabra sobre lo que sucede en una infraestructura nueva que se llueve como si fuera la calle, ni una palabra sobre la falta de profesionales o de que haya melillenses que siguen esperando más de un año a ser operados de algo tan simple como una desviación de tabique nasal.
Sanidad y, más concretamente, Ingesa, deben ponerse manos a la obra pero de verdad. No consuela a los ciudadanos que se diga que en Madrid o en Málaga las cosas están igual. Eso no es un argumento válido cuando de lo que hablamos es de la salud de las personas.








