El Centro Polivalente de Servicios para las Personas Mayores de Melilla fue pionero en España instalando esta habitación tan particular · Los terapeutas ocupacionales la utilizan para trabajar la vista, el olfato, el oído y el tacto.
Con el paso de los años, las personas pierden habilidades sensoriales y los terapeutas ocupacionales son los expertos que trazan tratamientos y terapias para que la calidad de vida no se vea muy afectada. Una de las terapias que se utiliza en Melilla es la sala Snoezelen de estimulación multisensorial, que se encuentra en el Centro Polivalente de Servicios para Personas Mayores. El olfato, el oído, el tacto y la vista son los cuatro sentidos que se estimulan en esta sala que además proporciona muchas más mejorías en otros aspectos físicos y mentales.
Las terapeutas ocupacionales de la Residencia de Mayores, María Ángeles Fernández López y Andrea Pérez Palacios destacaron para El Faro las principales funciones de esta sala tan particular.
Se debe destacar, en primer lugar, que se trata de una iniciativa pionera en España. Fue en el mes de febrero de 2008 cuando se puso en marcha este espacio que luego fue copiado por otros centros del Imserso, como el Centro de Referencia Estatal de Alzheimer de Salamanca.
El objetivo de la estimulación sensorial es mejorar las condiciones de vida de las personas con discapacidad, trabajar las sensaciones y la percepción, que son capacidades básicas del ser humano.
Los beneficiarios del tratamiento en esta sala son los residentes del centro, pero no se puede trazar un perfil exacto, ya que los usuarios tienen de 65 años en adelante y se abordan todo tipo de patologías con este tratamiento, desde demencias, depresión, afasia, ceguera, sordera a problemas motores.
Con la sala Snoezelen se busca mejorar la asimilación de la información sensorial que se les ofrece optimizando su relación con el entorno y su aprendizaje.
Otro de los beneficios de este tipo de terapia está la mejora de la calidad de vida pues desarrolla las condiciones psíquicas y físicas de los usuarios.
Los tratamientos en esta sala son individuales y creados especialmente para el mayor. Suelen tener una duración de 25 a 35 minutos y más de 200 usuarios reciben al menos una vez al mes una sesión en este espacio.
Los estímulos deben presentarse adecuadamente y en cantidad y calidad determinada, ya que es tan nocivo para los sistemas funcionales la hiperestimulación, la estimulación fluctuante y a destiempo, que la ausencia de ésta.
Los contenidos
Cada centro determina los elementos y los recursos de la sala Snoezelen, pero en todos se abordan diferentes aspectos sensoriales.
La Residencia de Mayores cuenta con elementos de fibra óptica, rueda de efectos, columnas de burbujas, paneles de efectos de luz y proyector de dibujos y de luz para los estímulos visuales.
La suavidad de la fibra óptica y la vibración de las columnas de burbujas permiten desarrollar los estímulos táctiles, además de la camilla de vibromasaje.
La cama de agua termorregulada permite trabajar la sensación de equilibrio, mientras que la estimulación auditiva llega a través de los sonidos cotidianos que se trabajan con un CD conectado a un equipo que lo reproduce.
El olfato se estimula a través del difusor de aromas y de trabajar sobre olores relacionados con la rutina diaria, como el café de la mañana.
“Se trata de un espacio físico con características determinadas donde se puede trabajar de forma diferente los sentidos. Contiene recursos que mediante una técnica se facilita ver, sentir, tocar, entender, probar, crear e imaginar”, indicó Fernández López.
“Son entornos seguros y motivadores que mejoran el bienestar físico y emocional y facilitan la experimentación, el disfrute lúdico, la relación, la comunicación y la integración”, apuntó.
De esta forma, se destacó por parte de las dos terapeutas ocupacionales que en muchos casos no se produce una mejora en el usuario de la sala, ya que hay enfermedades como la demencia que no dan marcha atrás, pero que estos estímulos permiten mantener más tiempo una calidad de vida buena en estas personas.
La sala multisensorial no tiene ningún manual de instrucciones para su uso, sino que es el profesional terapeuta quien determina en función de los aspectos que se desea trabajar, el orden, el tiempo y la forma de utilizar los elementos de la sala.
En determinados casos, como los usuarios que trabajan los recursos lingüísticos o motores, se debe realizar un tratamiento más repetitivo y lento, pero los buenos resultados de las estimulaciones en esta sala abalan los recursos invertidos en este espacio, tal y como se destacó por las dos terapeutas. Otros usuarios de la sala muestran su curiosidad por determinados objetos, una iniciativa que se aprovecha para que experimenten aquello que les atrae, aunque se trabaje, sobre todo, con los elementos marcados por el plan de terapia elaborado según las necesidades de esta persona.
Un lugar alternativo de ocio
La sala Snoezelen fue creada en 1970 en el centro Piusoord en Holanda por Jan Hulsegge y Ad Verheul, dos terapeutas ocupacionales que deseaban crear un espacio alternativo de ocio en el que pudieran disfrutar sus pacientes. El grupo era muy heterogéneo y como lo único que tenían todos es común era la parte sensitiva del ser humano, es decir, los sentidos y las sensaciones, trabajaron en esta línea. Poco a poco vieron cómo sus pacientes reaccionaban ante estos estímulos con palabras y expresiones faciales y detectaron que cuando salían de este espacio se encontraban más relajados y contentos. De esta forma, continuaron mejorando el espacio para trasformarlo en una terapia.











