La calle García Cabrelles ha vuelto a convertirse, como cada víspera de Navidad, en un pequeño punto de encuentro para familias, niños y curiosos atraídos por el colorido de los puestos de chucherías. Un ritual casi invariable en el calendario melillense que acompaña a la cuenta atrás hacia la Nochebuena, las fiestas y la llegada de los Reyes Magos. Sin embargo, este año la estampa ha sido muy distinta a la de otras campañas: menos afluencia, más cierres improvisados y una sensación generalizada de frustración entre los comerciantes.
Este lunes ha sido el último día de actividad para estos puestos temporales y el balance que hacen sus responsables no es positivo. Las inclemencias meteorológicas, especialmente la lluvia persistente de los últimos días, han lastrado gravemente las ventas, obligando a cerrar en numerosas ocasiones y rompiendo la dinámica habitual de una campaña que, en condiciones normales, suele ser rentable.
Una tradición navideña con décadas de historia en Melilla
Los puestos de chucherías forman parte del paisaje navideño de Melilla desde hace décadas. Su presencia no solo responde a una actividad comercial, sino también a una tradición profundamente arraigada, vinculada a la ilusión infantil, a las cabalgatas y al ambiente festivo que se respira en las calles durante estas fechas.
García Cabrelles se ha consolidado en los últimos años como uno de los enclaves habituales para este tipo de comercio estacional, después de que los vendedores fueran reubicados desde otras zonas del centro. Allí, alineados a lo largo de la calle, ofrecen dulces, chocolatinas, carbón dulce, bolsas surtidas y figuras típicas de estas fechas, especialmente los Reyes Magos de chocolate, que siguen siendo, incluso en un mal año, el producto estrella.
Una campaña marcada por la lluvia y la incertidumbre
Si hay un factor que ha condicionado esta campaña navideña ha sido, sin duda, el mal tiempo. Las lluvias constantes han obligado a los comerciantes a cerrar total o parcialmente durante varios días, reduciendo drásticamente las horas efectivas de venta.
“Este año, la verdad, ha ido muy mal. Sobre todo por la lluvia”, resume Marzok, el único comerciante que ha querido hablar con El Faro de Melilla. Sus palabras reflejan un sentir compartido por el resto de vendedores, aunque muchos de ellos han preferido no hacer declaraciones.
Los días 28 y 29, según explica, fueron especialmente complicados: “Esos días lo teníamos casi cerrado porque caía agua. A partir de ahí, pues hemos ido tirando como hemos podido”.
En jornadas lluviosas, la actividad se vuelve imprevisible. Los puestos abren y cierran de forma intermitente, intentando “rescatar algo” de ventas cuando la lluvia da una tregua, aunque sin garantías de continuidad.
Falta de infraestructuras y organización
Más allá del clima, los comerciantes señalan otro problema recurrente: la falta de condiciones adecuadas en el espacio donde se instalan los puestos. Marzok denuncia una carencia evidente de infraestructuras básicas, especialmente en lo relativo al suministro eléctrico y a la iluminación.
“El sitio no está bien organizado ni preparado. No hay luces, no hay nada. Tenemos que poner un generador para poder encender las luces”, explica. Una situación que no solo encarece la actividad, sino que genera molestias tanto para los propios vendedores como para el entorno.
Según relata, el uso de generadores ha provocado incluso quejas vecinales: “La otra vez vino un vecino que se quejó porque el motor hacía ruido”. A pesar de ello, los comerciantes no tienen alternativa si quieren ofrecer un mínimo de visibilidad a sus puestos cuando cae la tarde.
Tres décadas de oficio y una demanda clara
La frustración es mayor cuando se trata de vendedores con una larga trayectoria. Marzok lleva 30 años dedicándose a este oficio, junto a su hermano, y conoce bien la evolución del comercio ambulante navideño en Melilla.
“Lo que queremos nosotros, porque yo llevo 30 años aquí, es que lo pongan un poquillo más en condiciones”, reclama. Su presencia en García Cabrelles no es nueva: “Aquí en este sitio llevamos unos 12 o 15 años. Antes estábamos en la calle Margallo y después nos mandaron aquí”.
No se trata, según insiste, de una queja puntual, sino de una petición reiterada: contar con un espacio mínimamente acondicionado, que permita desarrollar la actividad en condiciones dignas y seguras.
Los Reyes Magos de chocolate, lo más vendido
Pese al mal balance general, hay productos que siguen manteniendo su tirón entre el público. El más vendido, según coinciden los comerciantes, han sido los Reyes Magos de chocolate, un clásico que no falta en ningún hogar melillense durante estas fechas.
“Eso se vende siempre, pero sobre todo cuando hay buen tiempo”, matiza Marzok. Junto a ellos, también han tenido salida el carbón dulce y las bolsas surtidas de chucherías, especialmente pensadas para los más pequeños.
Sin embargo, las ventas han estado muy lejos de las cifras habituales de otros años, cuando el buen tiempo y una mayor afluencia de público permitían cerrar la campaña con beneficios.
Abrir todos los días, pese a las dificultades
A pesar de las adversidades, los comerciantes han mantenido su compromiso y han intentado abrir todos los días. “Sí, sí, hemos abierto todos los días”, asegura Marzok, aunque reconoce que en jornadas de lluvia la apertura ha sido parcial.
“Cerramos medio, vamos abriendo y cerrando”, explica, describiendo una dinámica marcada por la improvisación y la incertidumbre. Una situación que, además del impacto económico, genera desgaste físico y anímico entre los vendedores.
El último día, pendiente del cielo y de las cabalgatas
Este lunes ha sido el último día de actividad y la esperanza, incluso en el cierre, seguía puesta en el cielo. “Esperemos que no llueva y vendamos todo”, comenta Marzok, confiando en que la salida de las cabalgatas y la afluencia de público de última hora permitieran salvar parte de la campaña.
La suspensión de actos festivos por lluvia es otro de los temores recurrentes, ya que cualquier alteración en el calendario navideño tiene un impacto directo en las ventas de este tipo de comercio.
Una realidad que se repite año tras año
La situación vivida este año no es un hecho aislado. Los comerciantes ambulantes navideños llevan tiempo denunciando la falta de planificación y la precariedad con la que se desarrolla su actividad, especialmente en campañas marcadas por factores externos como el clima.
A ello se suma la competencia de otros formatos comerciales y el cambio en los hábitos de consumo, que han reducido progresivamente el margen de beneficio de estos puestos tradicionales.
Más que chucherías
Más allá de las cifras, los puestos de chucherías representan una parte del patrimonio emocional de la Navidad melillense. Para muchos vecinos, su presencia es sinónimo de infancia, de paseo familiar y de tradición compartida.
Por eso, los comerciantes insisten en la necesidad de cuidar este tipo de iniciativas, no solo desde el punto de vista económico, sino también cultural y social. Mejorar las condiciones de instalación, dotar de servicios básicos y planificar con antelación podría marcar la diferencia entre una campaña viable y otra condenada al fracaso.
Un cierre con sabor a decepción
La campaña navideña de este año se despide en García Cabrelles con más sombras que luces. La lluvia, la falta de infraestructuras y la baja afluencia han dejado un sabor amargo entre quienes, durante décadas, han mantenido viva esta tradición.
“Hoy es el último día”, repite Marzok, con resignación, esperando al menos que el tiempo respete las últimas horas y permita vender lo que queda. Un deseo sencillo que resume la realidad de muchos pequeños comerciantes que, año tras año, siguen apostando por la Navidad en la calle, incluso cuando las condiciones juegan en su contra.







