A las diez de la mañana, la brisa cálida del norte de África acariciaba el perímetro fronterizo de Melilla, mientras un grupo de periodistas se colocaba en formación para recibir a los seis eurodiputados del Partido Popular Europeo (PPE) que llegaban con paso firme y gesto serio. Allí, entre el eco de los flashes y los micrófonos extendidos, ha comenzado una visita que no era una más. Los europarlamentarios habían aterrizado en la ciudad autónoma para hacer algo más que posar para la foto: venían a ver, escuchar y, sobre todo, lanzar un mensaje contundente a Madrid y a Bruselas.
En el canutazo inicial, la primera en tomar la palabra ha sido Dolors Montserrat, jefa de la delegación, exministra y una de las figuras más influyentes del PPE. Con tono firme, Montserrat no ha tardado en disparar.
“Hemos venido como grupo parlamentario mayoritario de Europa a la frontera sur del continente. Y lo decimos alto y claro: Ceuta y Melilla no son un rincón olvidado, son Europa. Son la primera línea de nuestra frontera.”
La eurodiputada ha lamentado, con evidente enfado, que el Gobierno español no les permitiera reunirse directamente con la Guardia Civil y la Policía Nacional. “Es decepcionante. ¿Cómo quieren que legislemos bien en Europa si no nos dejan escuchar a quienes están en primera línea?”, se ha preguntado.
A su lado, el sueco Tomas Tobé, responsable del PPE en materia migratoria, ha reforzado la idea con un discurso cargado de urgencia.
“La migración no es una cuestión de Melilla o sólo de España, es una cuestión de Europa. Lo que necesitamos es apoyarnos mutuamente en Europa. Tenemos que trabajar juntos si queremos recuperar el control de la migración”.
Tobé ha sido claro al pedir más implicación del Gobierno español. Ha reclamado que se solicite formalmente la intervención de Frontex, la agencia europea de control de fronteras, para que pueda desplegar más recursos humanos y tecnológicos en Ceuta y Melilla. “Si yo fuera ministro del Interior del Gobierno español, haría esa petición inmediatamente”, ha declarado contundente.
El tercer eurodiputado en hablar, Javier Zarzalejos, ha ofrecido un enfoque más técnico, pero igualmente tajante. Ha apuntado que la nueva política migratoria europea está en una fase decisiva, con el Pacto de Migración y Asilo a punto de entrar en vigor. Zarzalejos ha criticado duramente al Gobierno español por “su torpeza institucional”, al impedir que los eurodiputados hablasen directamente con las fuerzas de seguridad.
“Aun así, vamos a trasladar nuestro apoyo y respeto a quienes día a día defienden nuestras fronteras, en condiciones muchas veces extremas”, ha afirmado.
Los tres coincidieron en lo esencial: Ceuta y Melilla necesitan un plan integral, con visión europea, sin improvisaciones ni parches de última hora. Se ha hablado de reforzar Frontex, mejorar los sistemas de vigilancia, atender adecuadamente a los menores no acompañados y acabar con los criterios “ideológicos” en su distribución por las comunidades autónomas.
Tras el paso por la frontera, la comitiva se ha desplazado al Hotel Melilla Puerto para mantener reuniones con sindicatos policiales y de guardias civiles. El ambiente ha sido tenso pero productivo. Se han recogido demandas, quejas y, sobre todo, una llamada constante de auxilio: más medios, más apoyo y más reconocimiento.
A las 12:30 horas, los eurodiputados han sido recibidos oficialmente en el Palacio de la Asamblea. Melilla les ha abierto sus puertas, con la seriedad que exige el momento, pero también con la calidez de una ciudad que se siente observada, a veces ignorada y que clama por no quedarse atrás.
En el Salón Dorado, ha sido el presidente melillense Juan José Imbroda quien ha tomado la palabra, agradecido pero directo.
“Este no es un viaje simbólico. Esto tiene hondura. Aquí no hay paseos turísticos. Hay una reivindicación de lo que somos: una parte esencial de Europa.”
Imbroda, ha agradecido especialmente la presencia de Dolors Montserrat, a quien ha recordado como ministra de Sanidad durante la puesta en marcha del nuevo hospital que abrirá sus puertas en pocos días. También ha resaltado el valor de que eurodiputados de países como Alemania, Suecia o Chequia estén conociendo la realidad de Melilla “no desde un despacho en Bruselas, sino pisando el terreno”.
Y no ha sido solo una visita de apoyo. Ha sido también una declaración de intenciones. Imbroda ha insistido en que “Melilla tiene que ser más Europa”, con más inversiones, más visibilidad política y más conexiones con la península. “No podemos arrastrar la ciudad físicamente, pero sí podemos arrastrarla en derecho, en presencia, en política.”
La última en hablar ha sido la alemana Lena Dupont, portavoz del PPE en la Comisión de Libertades Civiles del Parlamento Europeo. Con un tono más pausado pero igual de claro, Dupont ha querido transmitir algo más profundo que una simple estrategia política.
“Lo que se hace aquí, lo que hacen los policías, los guardias, los políticos locales, es impresionante. Esta ciudad merece estar en el corazón de Europa.”
Dupont se ha referido también a la importancia de invertir en equipos, mejorar las condiciones laborales de los agentes y reforzar la infraestructura. Ha mencionado la necesidad de tecnología puntera, como visión térmica y ha propuesto que Melilla y Ceuta formen parte activa de los nuevos planes de seguridad y lucha contra la trata de personas y las mafias.
“Melilla no es una excepción. Melilla es Europa”, ha concluido, entre los aplausos de los asistentes.
Una ciudad en el centro del tablero
La jornada no ha terminado con declaraciones ni con las fotos oficiales. La sensación que flotaba en el aire era clara: esta visita no es un punto y final, sino un comienzo. El PPE ha mostrado músculo en Melilla y lo ha hecho en un momento especialmente delicado, con el nuevo marco migratorio europeo en marcha y la presión sobre las fronteras creciendo.
Melilla ha sido muchas cosas a lo largo de su historia: fortaleza, enclave comercial, cruce de culturas. Hoy, en 2025, quiere ser también símbolo de una Europa más comprometida con sus márgenes, más solidaria con sus fronteras y más honesta con quienes las protegen.
Los eurodiputados del PPE han dejado claro que el sur también importa. Y aunque el Gobierno central no facilitó todos los accesos ni los encuentros previstos, el mensaje ha calado: Europa no puede mirar hacia otro lado. Melilla pide paso y no parece dispuesta a esperar en silencio.
Como ha dicho Montserrat antes de marcharse, “lo que no haga el Gobierno de España, lo haremos nosotros desde Europa. Esa es nuestra promesa.”
Una promesa que, si se cumple, puede marcar un antes y un después en el papel de Melilla como frontera... y como parte esencial de Europa.








