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La familia García transforma cada disfraz de carnaval en una historia narrada entre tejidos

Con décadas de creatividad a sus espaldas y una forma de trabajar que empieza meses antes del concurso, la familia García se ha convertido en un referente del carnaval melillense

por Alejandra Gutiérrez
01/02/2026 12:33 CET
La familia García transforma cada disfraz de carnaval en una historia narrada entre tejidos

Modalidad peque infantil de una de las nietas de Juan García. -Cedida-


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La familia García —a la que muchos conocen como “la familia de los cuñados”— se ha ganado un lugar propio en el carnaval melillense gracias a la constancia, la creatividad y a incontables horas de trabajo en casa. Lo suyo no es simplemente presentarse a un concurso de disfraces; es un ritual familiar que empieza mucho antes de la llegada de la festividad: cuando surge una idea, se guarda, se madura y, poco a poco, se convierte en realidad entre telas, pruebas, búsqueda de materiales y algún que otro “esto no sale” que obliga a reajustar el plan.

Juan García, uno de los integrantes del grupo, describe ese vínculo con el mundo creativo que hay detrás del carnaval como una relación que ha vivido desde su infancia. “Desde pequeño mi madre siempre nos disfrazaba”, comenta. En su casa, el carnaval siempre fue una tradición familiar y, con el tiempo, esa costumbre terminó dando el salto a los concursos. Recuerda que, como pareja, ya participó a mediados de los años 80, pero la etapa que marcó a la familia como grupo llegó más adelante. Señala como momento clave 1997, en el auditorio de Carvajal, en el año del V Centenario de Melilla. A partir de ahí, el proyecto se fue consolidando hasta convertirse en una presencia habitual y continuada sobre el escenario desde el año 2000, asegura.

El secreto, explica Juan García, no está solo en el día de la actuación, sino en todo lo que ocurre antes. “Más que el presentarte, eran los antes”, resume el creativo y manufacturero. Y esos “antes” se entienden en cuanto habla del ambiente en el interior del hogar: preparación, planificación, tareas repartidas… y también roces que surgen en el momento, pero que después se recuerdan entre risas. La convivencia, con sus chispas y sus buenos ratos, forma parte de la experiencia. Para ellos, el carnaval también es eso. Ideas que se formulan, momentos en los que se despliegan los interrogantes sobre cómo se puede materializar lo que las cabezas elucubran, paseos y compras de tejidos que llaman la atención y que se guardan por si en algún momento puedan servir para desarrollar la vestimenta carnavalesca, horas de costura sin patrones, conversaciones y trabajo en equipo para lograr llenar de magia los concursos de cada año.

Con el paso del tiempo, la forma de crear los disfraces ha ido cambiando. Hoy, cuenta, la idea rara vez nace de un día para otro: termina un carnaval y ya están guardando posibles propuestas para el siguiente, a veces incluso con más de una opción en la recámara. Una vez acaba la Feria, las manos empiezan a funcionar y las ideas comienzan a cobrar vida. Internet se ha convertido en una fuente de inspiración, aunque con una premisa clara: tomar referencias, adaptarlas y llevarlas a su terreno, dotándolas de su propia narrativa y estilo. Pero si hay un punto especialmente complejo, ese es el material. Porque una idea puede parecer perfecta hasta que llega la pregunta decisiva: “¿Con qué material construyo esto?”. Ese momento abre la puerta a pruebas, paciencia y ensayo-error.

Cuando por fin dan con el “modelo” y comprueban que funciona, la familia se organiza para replicarlo. No trabajan como un taller profesional, sino como una cadena casera en la que cada uno, desde su casa, confecciona su propio disfraz. Y en un grupo grande, con muchas manos elaborando a la vez, hay una consecuencia inevitable y rica en matices, pues no todo queda idéntico. Juan lo asume con naturalidad, recordando que ninguno se dedica a la costura de forma profesional y que la importancia radica, no solo en el camino que comparten, sino en mantener la imagen del conjunto y lograr un gran impacto visual al salir a escena.

Él mismo aprendió a coser por afición, mirando desde niño a su abuela con aquellas máquinas de pedal. Su método es directo, poco académico y muy práctico: aproximarse a las medidas y coser directamente. Lo importante, insiste, es el resultado final y disfrutar del proceso, no la perfección de un patrón. Y si hay un ingrediente que consideran casi imprescindible, es el colorido, aunque también reconoce que la temática define el uso del color y no siempre tiene sentido. Pone como ejemplo los trajes que confeccionaron imitando a los “Guerreros de Siam”, para los que optaron por tonos dorados y ocres y, pese a alejarse del estallido habitual, acabaron con un resultado que le dejó especialmente satisfecho.

 

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Otra de las señas de identidad de los García es que, en la mayoría de sus propuestas, el disfraz lleva historia. No se limitan a entrar, posar y salir: buscan que el escenario se convierta en un pequeño relato. Juan recuerda una de sus primeras ideas de grupo como una escena entre gnomos y trolls, donde estos últimos raptaban a los niños y los adultos entraban en acción para rescatarlos, como si durante unos minutos estuvieran contando un cuento al público. “El 90% de lo que hemos hecho nosotros ha sido una historia”, afirma. Y aunque reconoce que la coreografía no es su fuerte, siempre intentan resolverlo con recursos que funcionen en escena. La actitud, el conocimiento mutuo y la experiencia cobran un especial sentido. Habla, por ejemplo, de un año en el que representaron un circo. En el escenario fueron apareciendo personajes y elementos propios del espectáculo, e incluso llegaron a personificar un “cañón”, logrando esquivar las dificultades coreográficas, mediante el uso del espacio y la narración. También recuerda el caso de los “transformers”. Ese año, el grupo deslumbró al jurado con su ingenio al convertirse en vehículos sobre el escenario, logrando un premio específico a la puesta en escena.

En su trayectoria han acumulado numerosos reconocimientos, sobre todo en la categoría de grupos, con muchos primeros premios, además de segundos y algún tercero. García también menciona premios individuales dentro de la familia: su hijo, con varios primeros en masculino; su nieta, que también ha recibido reconocimientos; y, en su caso, un año especial en el que, por cómo se desarrolló el concurso y se mezclaron categorías, terminó siendo elegido “dios del carnaval” con un disfraz de gusano que aún conserva. Porque, aunque lo habitual es desmontar, reutilizar o desechar tras la celebración, hay piezas que se resisten a desaparecer por el esfuerzo que costaron y el vínculo emocional que dejan. Juan guarda con especial cariño tres piezas concretas: ese gusano, un “predator” muy similar al de la película y un “troll”.

Más allá de los premios, Juan habla del carnaval como una forma de romper con lo cotidiano. Ir disfrazado, explica, permite desinhibirse, “hacer más el tonto” y dejar atrás, aunque sea por unas horas, la rutina y la seriedad de todos los días. Y en su casa, ese espíritu no se limita al concurso, pues también han hecho disfraces para cabalgatas sin competir o incluso para celebraciones familiares, porque la unión con el vestuario y la confección carnavalesca forma parte de su vida desde hace años.

Este año, sin embargo, tras décadas ininterrumpidas de participación en la modalidad grupal, el carnaval no contará con la intervención de la familia en su conjunto. Aun así, la intención es que las niñas salgan en la modalidad infantil, recogiendo el entusiasmo que han mostrado con la llegada de estas fechas y manteniendo viva la tradición familiar. Juan García, además, se vuelca en sus nietas aprovechando el tiempo que le permite su recién estrenada jubilación.

Así, año tras año, la familia García ha convertido el disfraz en un proyecto común, en relato y en memoria compartida, hasta consolidarse como un referente por esa mezcla de imaginación, artesanía y vida en familia que se consigue cuando el carnaval se construye desde la intimidad del hogar.

Tags: Carnaval 2026Juan GarcíaLa familia García

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