En Melilla, una ciudad con recursos hídricos naturales limitados, la desalación se ha convertido en un pilar imprescindible para asegurar el suministro de agua potable.
La planta desalinizadora —gestionada por Sacyr Agua— produce alrededor de 22.000 metros cúbicos de agua al día, lo que supone el 60% del consumo total de la población. Es una infraestructura que sostiene la calidad de vida de de hogares y negocios.
La desaladora se encuentra situada junto a una zona de especial conservación, un espacio de enorme sensibilidad ambiental. Esta ubicación requiere una operación especialmente cuidadosa y un compromiso firme con la protección del medio marino.
Por ello, cuenta con un plan de vigilancia ambiental continuo, que realiza mediciones de la calidad del agua vertida a través de los emisarios y la del medio receptor así como del estado de la fauna marina del entorno. Este seguimiento permite asegurar que la actividad de la planta convive de manera respetuosa con la biodiversidad del área.
En un territorio donde las fuentes naturales de agua son escasas y variables, la desalación proporciona una fuente estable y predecible de agua. Gracias a ella, Melilla ha podido garantizar el abastecimiento incluso en épocas de demanda elevada o de estrés hídrico.
Hoy, el suministro de agua en la ciudad depende de un equilibrio entre el agua desalada, la gestión de los recursos propios y la optimización de la red. En ese esquema, la desalación representa la parte más sólida y capaz de crecer si la ciudad lo necesita.
El funcionamiento de la planta recae en un equipo de 23 profesionales con perfiles técnicos diversos, que operan la instalación los 365 días del año.
Sacyr Agua asumió la operación y mantenimiento en marzo de 2024, con un contrato inicial de dos años y posibilidad de ampliación. Su misión: poner a disposición de la Ciudad cada litro que produce de la planta.
La compañía aporta su experiencia en más de 100 instalaciones de tratamiento de agua, además de una capacidad global de producción que la sitúa entre los principales operadores del mundo y como líder en la producción de agua desalada para agricultura en España.
La planta ha mejorado su eficiencia energética a través de:
Estas mejoras permiten que la planta funcione de forma más eficiente y continúe garantizando la producción de agua para la ciudad, todo ello con un impacto ambiental reducido.
Con un escenario de cambio climático y mayor presión sobre los recursos hídricos, la desalación se ha convertido en un recurso imprescindible para garantizar el acceso al agua potable.
Melilla, que depende en gran parte del mar para llenar sus grifos, cuenta con una desaladora que, gracias a la experiencia del equipo y a las mejoras implementadas, sigue siendo un componente esencial de su resiliencia hídrica.
El agua que llega cada día a los hogares melillenses es el resultado de un proceso que combina tecnología, vigilancia ambiental y el trabajo constante de un equipo que asegura que la ciudad disponga de un suministro fiable y seguro.
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