La Plaza de Armas de Melilla ha sido este viernes el escenario de uno de los actos institucionales más solemnes y emotivos celebrados en los últimos años: la entrega de la Enseña Nacional a la Comandancia de la Guardia Civil de Melilla por parte de la Ciudad Autónoma. Un reconocimiento que resalta la histórica relación entre la ciudadanía melillense y el instituto armado desde su llegada a la ciudad en 1893, así como su compromiso permanente con la seguridad, la convivencia y los valores constitucionales.
El acto, presidido por el Teniente General Director Adjunto Operativo (DAO) de la Guardia Civil, Manuel Llamas Fernández, reunió a autoridades civiles y militares, representantes de la judicatura, miembros del cuerpo y numerosos ciudadanos. La ceremonia incluyó discursos institucionales, homenaje a los caídos, bendición de la Bandera y un desfile final que marcó la incorporación oficial de la Enseña a su puesto de formación.
Compromiso histórico con Melilla
La entrega de la Bandera constituye un gesto institucional de profundo significado, al reconocer el papel de la Guardia Civil en la construcción de la vida social y la seguridad de Melilla desde finales del siglo XIX. La Comandancia llegó a la ciudad el 1 de noviembre de 1893, durante la conocida Guerra de Margallo, estableciendo una presencia permanente que ha perdurado hasta hoy.
Desde entonces —recordaron las autoridades presentes— la Guardia Civil se ha convertido en una institución estrechamente vinculada a la población melillense, caracterizada por su disciplina, lealtad y cercanía. Su labor diaria ha sido esencial para garantizar la convivencia, atajar amenazas, apoyar a las instituciones y proteger a los ciudadanos en todo momento.
“Melilla y su Guardia Civil han caminado juntas durante decenas de años”, afirmó el presidente de la Ciudad Autónoma, Juan José Imbroda Ortiz, durante su intervención. “Hoy cumplimos un compromiso: el del pueblo de Melilla con su Comandancia, ejemplo de profesionalidad, de cumplimiento del deber y, sobre todo, de heroicidad”.
Memoria y reconocimientos
El acto comenzó con la lectura de la Concesión de la Enseña Nacional. Posteriormente, Imbroda subrayó en su discurso que el acto se eleva en solemnidad “porque su principal protagonista es la Enseña Nacional, símbolo de España, de su soberanía y de su identidad, y porque su acompañante es la Guardia Civil, una de las instituciones más firmes de nuestro país”.
El presidente rindió un emotivo homenaje a los guardias civiles que dieron su vida en servicio a España, destacando especialmente la actuación heroica de los diez agentes que en el verano de 1921, durante los sucesos de Annual, defendieron la fábrica de harina de Nador para evitar la caída de Melilla. Asimismo recordó a Juan Gallardo Saldaña, fallecido años después por heridas recibidas en Marruecos, y a los tres guardias civiles melillenses asesinados por ETA: Juan Antonio Díaz Román, Juan Ramón Joya Lago y Antonio Molina Martín.
“Honor y gloria para ellos”, expresó Imbroda. “Forman parte de esta bandera y de nuestra memoria. Melilla no puede ni debe olvidar su sacrificio”.
Emoción personal y profesional
Tras las palabras del presidente, se procedió a la bendición de la Bandera y a su entrega a la madrina del acto, Laura López García, magistrada titular del Juzgado de Instrucción nº 3 de Melilla. López, visiblemente emocionada, dedicó unas palabras en las que combinó su perspectiva profesional con su vínculo personal con el cuerpo: es esposa de un brigada de la Guardia Civil y sobrina de dos guardias civiles ya fallecidos.
“Es una de las distinciones más importantes que una Comandancia puede recibir”, afirmó. “La donación de esta Enseña supone el reconocimiento, la gratitud y el respeto que los melillenses sienten por la Benemérita”.
Como magistrada, destacó el apoyo diario que recibe de los miembros de la Comandancia: “Puedo dar fe de vuestra incansable vocación de servicio público. Trabajar con la Guardia Civil es tener la certeza de un trabajo bien ejecutado, de honradez, abnegación y sacrificio”.
López invitó a los agentes a mirar esta bandera para recordar el día de su jura y renovar su compromiso con España, “como lo hicieron aquellos que nunca debemos olvidar”.
Tras su intervención, entregó la Enseña al coronel jefe de la Comandancia, Jesús Rueda Jiménez, dando paso al discurso institucional del Director Adjunto Operativo.
132 años de historia
El DAO destacó que la entrega de la Enseña Nacional es “uno de los mayores honores a los que puede aspirar una unidad militar”, pues simboliza identidad, orgullo y compromiso. Recordó que la llegada de la Guardia Civil en 1893 marcó el inicio de una vinculación indisoluble con la ciudad, que se ha mantenido firme incluso en los momentos más difíciles.
“Mucho ha llovido desde entonces —afirmó— y desde ese día la historia de Melilla no puede entenderse sin la participación del Cuerpo”.
El Teniente General destacó la capacidad del instituto armado para adaptarse y mantenerse al lado de la sociedad melillense en todas las coyunturas históricas, siempre guiados por su propósito fundamental: servir a los ciudadanos.
También recordó otros reconocimientos históricos otorgados por la Ciudad Autónoma, como las dos entregas de guiones en 1941 y 1982, la concesión de la Medalla de Oro de Melilla en 1976 y 2004, la Medalla de Oro de la Policía Local en 2011, y la reciente Medalla de Oro del Colegio de Abogados.
Hechos y sacrificios
El Teniente General subrayó que “tras todo acto simbólico debe existir una realidad tangible que lo llene de significado”, y esa realidad es el trabajo diario de los agentes de la Comandancia: su sacrificio en la valla y los pasos fronterizos, las operaciones contra el narcotráfico, la vigilancia marítima, la protección de las instituciones, y su presencia constante en cada ámbito de la vida melillense.
El DAO mencionó las horas interminables de servicio, las dificultades propias de una ciudad fronteriza y la complejidad del entorno operativo en Melilla. También reconoció que a veces el trabajo del cuerpo es objeto de prejuicios o simplificaciones fuera de la ciudad, pero destacó que, por el contrario, “Melilla siempre ha sabido valorar la dedicación y la entrega de su Guardia Civil”.
Para el alto mando, este vínculo humano —forjado también en la vida civil, en los colegios, en los barrios, en la convivencia diaria— convierte a los guardias civiles destinados en Melilla en parte inseparable de la identidad local.
La Bandera
Al recibir la Enseña, la Comandancia asume el compromiso de custodiarla y honrarla conforme a los valores que definen al cuerpo. “Que ondee siempre en vuestro cuartelamiento, pero sobre todo en vuestros corazones”, señaló el DAO. “El honor es nuestra principal divisa. Que esta bandera sea guía de vuestras acciones y testigo de vuestro juramento”.
Tras su intervención, llegó uno de los momentos más solemnes: la incorporación por primera vez de la Bandera a su puesto en formación, acompañada por los acordes del Himno Nacional.
Homenaje a los caídos y desfile final
La ceremonia continuó con el homenaje a los que dieron su vida por España. Se realizó la tradicional ofrenda de una corona de laurel mientras sonaba el toque de oración, un momento de silencio y recogimiento que unió a todos los asistentes en recuerdo y gratitud.
Finalmente, se entonó el Himno de la Guardia Civil y las unidades participantes protagonizaron un desfile militar que puso fin al acto, cerrando así una jornada histórica para Melilla y su Comandancia.
La entrega de la Enseña Nacional, cargada de simbolismo y memoria, se convierte desde hoy en un hito más dentro de la larga historia compartida entre la ciudad y la Guardia Civil. Una historia marcada por la lealtad, el servicio y el sacrificio, que este viernes volvió a ponerse de manifiesto en la Plaza de Armas, ante la mirada emocionada de los melillenses.







