La aduana comercial ha vuelto a reabrir, pero parece que ha sido para nada. En estos momentos no hay empresario o comerciante local que esté preparando o piense preparar una expedición de exportación hacia Marruecos, según las distintas fuentes consultadas por este Diario entre agentes de aduanas y transitarios, quienes habitualmente se encargan de los trámites aduaneros desde días antes de que el camión cruce la frontera.
Hubo en enero quien aseguró que la reapertura de la aduana iba a ser poco menos que la solución a los problemas económicos de Melilla, que los del PP habían sido unos agoreros, que ahí estaba la cosa ya solucionada y que el tiempo haría que cada vez fuesen más y más el número de exportaciones, y los artículos que podrían cruzar documentadamente la frontera. No pudo estar más equivocada la previsión.
Después de que Marruecos obligara a España al paso de un único camión diario y a un número muy reducido de productos, en julio decidió que quería cerrar de nuevo la aduana, y así lo hizo. Ahora parece ser que ha vuelto a reabrir, según afirma la Delegación del Gobierno, pero no hay quien se atreva a comprar mercancías y llevarlas al vecino país porque esas operaciones adolecen de la seguridad jurídica necesaria como para animar a las exportaciones.
Empresarios y comerciantes están hartos; en consecuencia, han optado por realizar sus negocios desde fuera de la ciudad e incluso ubicar sus actividades en otros puntos de España o incluso de Marruecos. En definitiva, lo de la aduana fue un fiasco total, una burla, una súplica de Exteriores a Rabat para que pareciera que se hacía algo porque desde 2022 se había prometido la reapertura, era ya enero de 2025 y no se había hecho nada. Y los marroquíes, con evidente desgana, dijeron "bueno, venga, hacemos como que está abierta pero que sepáis que no, que Melilla va a quedar asfixiada económicamente".
Por eso parece absolutamente lógico que la CEME quiera que el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, "dé la cara" y explique punto por punto cómo fue aquella negociación, cuál fue el acuerdo real que se alcanzó entre las partes y se despejen todas las dudas que acechan al sector en Melilla. Sin olvidar nunca tampoco que sigue pendiente el régimen de viajeros para dar reciprocidad a una relación basada en la ley del embudo, que solo perjudica a los melillenses.








