Josefina Martínez, profesora de la UNED, ofrece este jueves 6 de noviembre la ponencia titulada Los medios de comunicación: compañeros de armas necesarios, en el marco del curso organizado por la UNED de Melilla El inicio del fin de la guerra rifeña: el desembarco de Alhucemas. Su intervención analizará el papel determinante que jugaron los periodistas durante esta operación militar de 1925, considerada uno de los momentos clave para el desenlace del conflicto en el norte magrebí, y ofrecerá una reflexión crítica sobre el tratamiento informativo, el control sobre los medios y la consolidación del fotoperiodismo como herramienta comunicación en conflictos armados y la construcción de la opinión pública.
“El título no es exagerado. No es que los medios se volvieran compañeros de armas, es que lo eran. La guerra no se ganaba solo en el frente, también había que convencer a la opinión pública”, señala Martínez, que ha dedicado parte de su investigación a estudiar el rol de la prensa durante las campañas coloniales en África. Desde la época de Napoleón, los medios comienzan a extenderse, el ejército “siempre ha contado con el apoyo de los medios de comunicación. En África se van a imprimir una serie de periódicos que financia el Gobierno para promocionar la vida en África, el protectorado, las provincias, como se denominaban”, explica Martínez. No era un hecho aislado, comenta la investigadora, pues franceses, británicos, portugueses, incluso alemanes utilizaban la prensa en sus áreas colonizadas y su expansión por el continente.
La ponencia se centra en un momento decisivo: el desembarco de Alhucemas, donde por primera vez en la historia militar española se produce la integración directa de periodistas con las unidades de combate desde el inicio de la operación. “A diferencia de lo que había ocurrido antes, como en el Barranco del Lobo en 1909, en Alhucemas algunos periodistas embarcaron con las tropas, durmieron en los campamentos y acompañaron a los soldados desde el principio, aunque ellos no desembarcarán hasta el día 11”, explica. “Desde el principio, la prensa va a estar interesada en acompañar a las tropas”, profundiza Martínez.


Este hito marca un antes y un después en la relación entre prensa y ejército. En palabras de Martínez, se trata del surgimiento en España de los “periodistas encastrados”, una figura que hoy sigue vigente en los conflictos armados modernos. La profesora destaca que “no se puede hablar de libertad de prensa en contextos bélicos” y recuerda que, como en muchas otras guerras, toda la información enviada a la Península pasaba por la censura militar. “Ni muertos, ni bajas. Lo que se contaba eran los éxitos. La moral debía mantenerse alta, tanto entre las tropas como en la retaguardia”, subraya.
Durante la operación de Alhucemas, varios barcos trasladaron a los periodistas junto con las fuerzas militares. Desde Ceuta partió el Escolano con 35 reporteros; desde Melilla, el Antonio Lázaro embarcó a periodistas como López Rienda (El Sol), Bejarano (El Liberal), Mariscal de Gante (La Correspondencia Militar), Luis Ortega (El Grupo de Tetuán) o Juan Contour (El Debate). Todos ellos convivieron con las tropas, comieron a bordo de barcos habilitados por Transmediterránea y contaron con autorización expresa del ejército para moverse por el terreno.
La ponencia también destaca el papel que tuvo el fotoperiodismo en esta campaña. “La gran diferencia con etapas anteriores fue la aparición del redactor que también toma fotografías”, indica Martínez. Uno de los nombres más destacados fue el melillense Juan Luque, quien escribió para El Diario de Barcelona y viajó en el barco Aragón, enviando imágenes que contribuyeron a generar una narrativa visual de victoria, avance y modernidad militar.
El control sobre la información fue absoluto. La censura militar regulaba tanto los textos como las imágenes. “Se estableció incluso un telégrafo en Cebadilla para facilitar el envío de textos, siempre pasando por la censura”, detalla la profesora. Esta estrategia comunicativa buscaba dar una imagen de orden y progreso, evitando que trascendieran detalles sobre heridos, muertos o problemas logísticos. Las fotografías que llegaban a los periódicos y a los noticieros proyectaban hospitales organizados, heridos bien atendidos y operaciones exitosas. “No se puede hablar de los heridos que hay, ni de las bajas. Las victorias son lo que se resalta, porque otra cosa no va a permitir la censura que se cuente”, detalla.
Según Martínez, esta narrativa tenía un objetivo claro: generar confianza en la ciudadanía española. “La guerra de Marruecos era un conflicto largo, costoso y sangriento. Pero la prensa jugó un papel decisivo para transmitir la sensación de que el final estaba cerca, aunque todavía continuase. Esta visión que tras trasmite la prensa va a ayudar mucho a la tranquilidad del país y para subir la moral tanto en la tropa como en la retaguardia”, indica Martínez.
Además de la prensa española, también hubo cobertura internacional. La investigadora confirma que periodistas extranjeros acompañaron a las tropas y se enfrentaron a las mismas limitaciones informativas. “La censura no solo afectaba a la prensa nacional. La internacional también debía cumplir con los protocolos militares españoles. Lo mismo ocurría en la zona francesa del protectorado”, afirma en relación a periodistas españoles e internacionales que cubrieron los hechos desde el acompañamiento a los franceses.
Este último punto permite ampliar la mirada hacia Francia, que también tuvo una fuerte implicación en el conflicto. Martínez recuerda que la sociedad gala, apenas recuperada de la Primera Guerra Mundial, se mostró reacia a una nueva intervención militar. “Cuando Abd el-Krim presiona el valle del Uarga y desafía el control francés, el gobierno necesita la aprobación parlamentaria para actuar. La revista Time incluso recoge un episodio en el que varios diputados se enfrentan físicamente durante el debate. Finalmente, el Ejecutivo logra la moción de confianza necesaria para intervenir junto a España”. Según la profesora, aunque también existía censura, la prensa francesa tenía algo más de libertad y el debate público sobre la guerra era más abierto que en España. El área rifeña apenas tuvo cobertura durante el conflicto, “hay muy poca información porque no había un aparato de prensa tan grande y, además, los rifeños estaban luchando contra el propio sultán de Marruecos por lo que no contaban con el apoyo de la prensa institucional”, explica Martínez.
En cuanto al proceso de investigación, Martínez destaca la utilidad de herramientas digitales como la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional, que ha utilizado para cotejar noticias de la época con los documentos oficiales conservados en el Archivo General Militar de Madrid. “He podido comprobar cómo los nombres de los periodistas, los permisos de embarque y las decisiones logísticas están reflejadas tanto en la prensa como en los documentos militares. Pero cuando se trata de víctimas, bajas o derrotas, ahí es donde aparecen las diferencias”, destaca la investigadora.
Con esta ponencia, la UNED de Melilla aporta una nueva perspectiva sobre el desembarco de Alhucemas, no solo como hecho militar, sino como una operación comunicativa planificada y controlada. El papel de los medios en la guerra, el nacimiento del fotoperiodismo de guerra y la influencia sobre la opinión pública serán claves para entender el desarrollo del conflicto desde un enfoque más amplio.








