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Jazz Trío vuelve a Melilla tras dos años sin tocar juntos

por Alejandra Gutiérrez
28/12/2025 19:36 CET
Jazz Trío vuelve a Melilla tras dos años sin tocar juntos

Jazz Trío en la Calle O´Donnell.


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Estas navidades, el grupo Jazz Trío regresa a los escenarios melillenses con una propuesta que ya es tradición para quienes aman el directo, la improvisación y la cercanía musical. Formado por Chamo al saxo, Higinio Reus a la guitarra y Kiriko al contrabajo, junto a la voz de Naíma Mohatar, el grupo ofrece varios días de conciertos —28, 29 y 30 de diciembre— en la calle O’Donnell, con dos pases cada tarde, a las 18:30 y a las 20:00 horas. Será una oportunidad para volver a ver en acción a tres músicos que, pese a vivir en la actualidad en diferentes lugares, encuentran siempre el momento para reencontrarse, subirse juntos al escenario y compartir su forma única de entender el jazz.

La historia que hay detrás de este reencuentro habla de caminos muy distintos que acabaron cruzándose. Reus, por ejemplo, empezó en la música desde un lugar inesperado. Antes de tocar una guitarra soñaba con navegar, y durante un tiempo, fue marinero. Hasta que algo cambió. “Empecé tarde, con 18 o 20 años, y me metí de lleno. Tocaba ocho horas al día. Ya no quería un barco, quería un garaje”, recuerda. No tuvo profesores ni formación clásica, pero su dedicación fue total. Aprendió a leer partituras por su cuenta y fue descubriendo, casi por intuición, los acordes que décadas antes ya habían explorado otros grandes guitarristas. “Llegué a tocar en una big band y le decía al director: ‘mira lo que he encontrado’. Y él me decía: ‘eso ya lo hacía Freddy Green hace 60 años’. Me daba risa. Pensaba que estaba inventando algo”.

Además de su participación en Jazz Trío, Higinio Reus ha formado parte de diversas bandas con las que ha explorado otros géneros como el rock y el funky a través de composiciones propias, proyectos en los que ha canalizado su faceta más creativa y versátil como guitarrista, ampliando su universo musical más allá del jazz y consolidando una trayectoria marcada por la experimentación y el compromiso con la música en directo.

Muy diferente fue el recorrido de Kiriko y Chamo, que sí cuentan con una formación académica musical. Ambos vienen del ámbito de la música clásica, aunque con el tiempo se sintieron más cómodos explorando la libertad que ofrece el jazz. “Estudiar clásico te da base, pero a veces te ata demasiado a la partitura”, explica Chamo. Chamo Díaz sostiene que el flamenco y el jazz comparten una esencia profundamente improvisada y libre, que los aleja de estructuras rígidas y los acerca a lo emocional y personal. Ambos estilos nacen del pueblo, se transforman con el tiempo y terminan por sofisticarse sin perder su raíz. “Son géneros que se salen de la norma —explica—, y por eso conectan tanto con la gente".

Tanto él como Kiriko compaginan el trío con otros proyectos, y recientemente han regresado de una gira en Paraguay junto a la cantante Clara Montes. Chamo define esa versatilidad de todo artista, independientemente del género musical: "No somos solo músicos de jazz; somos músicos. Como un cocinero que no solo sabe hacer harera”, bromea Chamo, “sino que domina distintos platos”.

El origen de Jazz Trío se remonta a los años 80, cuando Kiriko y Reus empezaron a tocar juntos en Melilla. Kiriko se había comprado su primer contrabajo y comenzaron a actuar en locales como el desaparecido bar Pasadena, en El Real. A ellos se sumaron otros músicos de la ciudad, como Salvi y Bellido, y así se fue formando una banda que, sin quererlo, sentó las bases del proyecto actual. Con la llegada de Chamo a Melilla en 2003, el trío empezó a tomar la forma que hoy conocemos. Se conocieron en una jam session de la UNED, y de ahí surgió la conexión musical y sus proyectos compartidos. Aunque cada uno tenía sus otros compromisos, las sesiones improvisadas sirvieron para consolidar una complicidad que se mantiene intacta.

“Llevamos más de diez años con Jazz Trío, y aunque estemos fuera, cuando volvemos a Melilla siempre hay ganas de tocar”, cuenta Chamo. No necesitan ensayos largos ni preparaciones previas. El conocimiento mutuo de tantos años hace que el grupo suene compacto y fluido desde la primera nota, bajo un manto de alegría y complicidad que muestran sobre la tarima estos días en Melilla. “Después de dos años sin vernos, subimos al escenario y es como si no hubiera pasado el tiempo”, detacan.

En escena, la armonía la sostienen el contrabajo de Kiriko y la guitarra de Reus, la melodía la lleva Mohatar con su voz, y Chamo actúa como un segundo solista con el saxo, acompañando, dialogando y completando el sonido. En algunos momentos, la guitarra o el saxo asumen el rol principal. “Es una formación con dos solistas y dos sonidos armónicos”, explica Chamo, donde la improvisación y el despliegue melódico depende de su conexión como grupo y su forma de entender el jazz.

 

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Para esta serie de conciertos, el grupo propone un repertorio basado en villancicos. Pero no se trata de versiones al uso. “El villancico es solo la excusa para crear”, dice Chamo. “Tomamos una melodía que todo el mundo conoce, empezamos a jugar con ella, la transformamos, la hacemos nuestra… y luego volvemos a ella", explica. "Es como recorrer un circuito, con etapas que respetamos, pero en el que cada vuelta es distinta”, añade Reus. Temas populares, anglosajonas o españolas, reinterpretados en clave jazz, con espacio para la improvisación, los solos y la expresión libre de los componentes del grupo.

“El jazz no es lo que hagas, sino cómo lo hagas”, subraya Reus. “Puedes coger un tema de Los Chunguitos y convertirlo en jazz si lo haces con la intención adecuada, si cambias la acentuación, si le das otro ritmo”, explica. No hay límites estilísticos, porque el jazz es un lenguaje, no un molde cerrado. “Es un estilo camaleónico”, añade Chamo. “Tiene más de 125 años y se ha mezclado con todo: música clásica, bossa nova, pop, flamenco… incluso hoy lo escuchas en artistas como C. Tangana. Lo que suena como funky o pop, muchas veces tiene una base de jazz”.

Pero además de la variedad, lo que más valoran es el componente emocional e impredecible del género. La improvisación depende del día, del estado de ánimo y de la conexión con los demás. “A mí me dicen que cuando toco parece que estoy surfeando. Si la ola es buena, haces virguerías. Si es mala, con no caerte ya es un logro”, destaca Reus. Para él "la banda es la que te hace la ola y es la que permite que tú puedas hacer cosas. Si la banda no va bien entenderás que con no caerte ya has conseguido algo". La música, coinciden, tiene mucho que ver con la personalidad. Cada solo, cada frase, habla del músico que la interpreta.

Pese a la aparente espontaneidad, hay una estructura clara que guía las piezas. Como señala Chamo, “las canciones de jazz tienen introducción, verso, estribillo… como en el pop, pero con libertad para moverse dentro de esa forma”. Por eso, incluso cuando el grupo interpreta villancicos, la sensación es distinta. Son temas que suenan familiares, pero se sienten nuevos, frescos.

El grupo no esconde su cariño por Melilla. “Curiosamente, esta es una de las ciudades del sur que más apuesta por el jazz”, afirma Chamo. En cada concierto hay espacio para la risa, para la emoción y para el disfrute colectivo. “El jazz empezó como algo lúdico”, recuerda Chamo. “La gente formaba bandas para bailar, para pasarlo bien. Luego se convirtió en algo más elitista, pero en el fondo sigue siendo lo mismo: una música para compartir”.

Tras los conciertos de esta semana, el reencuentro de Trío Jazz no tardará en repetirse. En febrero volverán a Melilla para participar en las jornadas de jazz de la UNED, el mismo espacio que les reunió por primera vez hace más de veinte años. En ese regreso hay algo más que nostalgia: hay una apuesta firme por seguir haciendo lo que les apasiona. “Volver, ver a la gente, tocar y disfrutar. Eso es lo que nos mueve”, concluye Chamo. Y a juzgar por el entusiasmo con el que el público los recibe cada año, está claro que esa energía sigue fluyendo en ambas direcciones.

Tags: Jazz Trío

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Comments 1

  1. bolif comentó:
    hace 4 meses

    El texto transmite muy bien la esencia del jazz como encuentro, improvisación y trayectoria vital compartida. Resulta especialmente inspiradora la historia de Reus y su aprendizaje autodidacta. Me parece una propuesta cultural cercana y valiosa, que refuerza la importancia del directo y de la música como espacio de reencuentro.

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