Captar en una fotografía lo que significa la salud mental no es una tarea sencilla. A pesar de ello, casi una veintena de personas han participado este año en el concurso “Enfoca Salud Mental”, organizado por FEAFES Melilla, tratando de representar visualmente algo tan amplio y complejo sin caer en estigmas o lugares comunes. No se trata de mostrar una expresión triste o una escena oscura, sino de salirse de la imagen estereotipada y ofrecer un enfoque creativo, cercano y discursivo que invite a reflexionar a la ciudadanía a través de una imagen capturada; de un instante que represente la profundidad de la salud mental.
Belén Barceiro, trabajadora social de FEAFES Melilla, forma parte del equipo que impulsa esta iniciativa, que este año ha celebrado su tercera edición. Tras un par de años de parón, el certamen ha regresado con fuerza y, por primera vez, se ha abierto a nivel nacional. Esto ha permitido recibir obras de diferentes puntos de España, ampliando la diversidad de miradas, a pesar de que existía cierta incertidumbre sobre cómo se recibiría el concurso fuera del ámbito local. Sin embargo, la respuesta ha sido muy positiva, con una participación cuidada, respetuosa y comprometida.
El concurso nació de una idea de utilizar el arte como herramienta de sensibilización. La organización, que también articula un certamen literario, apuesta por la fotografía por su capacidad de generar reflexión y diálogo desde la imagen fija. “La fotografía permite capturar emociones, realidades, momentos que a menudo resultan difíciles de expresar con palabras”, explica Barceiro. “Queríamos generar un espacio donde la ciudadanía pudiera reflexionar sobre la salud mental desde una mirada cercana y creativa, rompiendo estigmas que todavía persisten”.
FEAFES puso especial cuidado en que la temática no se abordara desde el clichés. “Imagino que a las personas que han participado les habrá costado bastante realizar fotografías relacionándolas con la salud mental y que no fueran en sí estigmatizantes, porque parece relativamente sencillo hacer una imagen de una persona triste o melancólica, pero eso no es lo que buscamos”, señala. La idea, añade, era romper con ese tipo de representaciones tan instaladas y ofrecer nuevas perspectivas visuales sobre algo que afecta de manera directa o indirecta a millones de personas.
El jurado, compuesto por miembros de la junta directiva y del equipo técnico de la asociación, valora especialmente de esta edición que las propuestas han abordado la salud mental como parte del bienestar general, tanto individual como comunitario. Como en años anteriores, se pidió a cada participante una breve descripción de su fotografía, para facilitar la comprensión del mensaje. “El arte es muy subjetivo. Lo que yo entienda, lo que tú entiendas… puede variar mucho. Por eso les pedimos que nos explicaran qué querían transmitir”, comenta Barceiro.
Esta edición, el primer premio fue otorgado a Héctor Abela Arbués por su obra Refugio portátil, un fotomontaje que representa una cabeza transformada en una casa. “Es una forma muy creativa de hacer una reflexión sobre el autocuidado”, señala Barceiro, quien destaca que propuestas como esta encajan muy bien con el enfoque que defiende la entidad. El segundo premio fue para Francisco Javier Domínguez García con su obra Rompe tu crisálida y avanza, y el tercero para Leah Pascual Aparicio con Ecos. Dos propuestas muy ligadas a la temática de la hiperconectividad digital, las redes sociales y la juventud, que este año ha querido destacar desde Feafes Melilla.
Uno de los aspectos que más llamó la atención a la organización es que dos de los tres finalistas tienen experiencia como fotógrafos profesionales. “Nos sorprendió gratamente, porque demuestra que el concurso, aunque pequeño, ha llegado lejos”, comenta Barceiro. “Que profesionales del sector se interesen por participar nos parece muy valioso. Le da visibilidad a nuestro trabajo y, sobre todo, al tema de la salud mental”. Algo fundamental para una entidad como FEAFES, que trabaja cada día para combatir el estigma y acompañar a las personas.
Barceiro explica que muchas de las obras presentadas abordaban temas actuales y muy relacionados con los jóvenes, como la presión constante que generan las redes sociales o la necesidad de mostrarse bien ante los demás. “Vivimos en una sociedad que nos empuja a un contexto de gran presión social, laboral, emocional. A estar siempre bien”, reflexiona. La salud mental, insiste, no se limita a diagnósticos clínicos, sino que está profundamente relacionada con las condiciones de vida y del entorno. “Una de cada cuatro personas tendrá un problema de salud mental a lo largo de su vida. Eso debería ser motivo suficiente para que todos reflexionemos sobre esto”, añade.
La exposición de las obras no se limitará a las tres premiadas. FEAFES trabaja ya en la posibilidad de crear una pequeña muestra que incluirá las fotografías participantes, independientemente de haber sido finalistas o no. Se celebrará en el aula que la entidad tiene en la Granja Escuela, y busca dar visibilidad al esfuerzo de quienes, aunque no obtuvieron premio, enviaron propuestas de gran valor. “Queremos que todas las personas que participaron sientan que su mirada también cuenta”, apunta.
La edición anterior del concurso tuvo como ganador a un participante que presentó una obra sobre el trastorno de estrés postraumático en el contexto de la vida militar. Barceiro recuerda aquella propuesta como un ejemplo de cómo el arte puede hacer visible realidades silenciadas. “Fue una reflexión muy potente, que mostró cómo hay muchas formas de abordar la salud mental más allá de los enfoques más comunes”.
Aunque reconoce que en los últimos años se ha avanzado en la sensibilización sobre salud mental, también señala que aún quedan barreras importantes. “Se habla más de ansiedad, de estrés, de depresión… pero cuando se trata de trastornos como la esquizofrenia o la bipolaridad, todavía existe esa sensación de rechazo que sigue permeando en la sociedad”, apunta. En esos casos, la incomprensión y el miedo social siguen presentes. “Parece que algunas cosas son más fáciles de aceptar, pero cuando se menciona un trastorno grave, las reacciones cambian. Y eso hay que seguir trabajándolo”, resalta.
Por eso, considera que este tipo de iniciativas tienen un valor fundamental. Porque una fotografía puede ser más que una imagen: puede abrir una conversación, generar empatía y hacernos pensar de otra manera. “La salud mental nos engloba a todos. No es algo que le pase a otros. Nos toca, en algún momento, directa o indirectamente. Y si una fotografía puede ayudarnos a mirarla con más respeto, ya hemos ganado mucho”, destacó Barceiro.








