El Olivo de las Historias, en el Parque Hernández, reunió durante una hora a varios autores locales en la segunda jornada de apertura de la programación de la Feria del Libro de Melilla. Fue una tarde de marcado acento melillense, en la que la palabra escrita sirvió para hablar de infancia, servicios sociales, deporte, patrimonio, memoria, enfermedad, supervivencia y tradición oral. Un encuentro cercano, con público numeroso y con una sucesión de presentaciones que mostraron distintas formas de mirar la ciudad desde la experiencia personal, profesional y cultural de sus protagonistas.
La consejera de Cultura, Fadela Mohatar, abrió el acto agradeciendo la presencia de los autores locales y animando a los melillenses a participar en las actividades previstas para el viernes, tanto en las librerías como en los talleres y presentaciones organizados dentro de la programación. Mohatar destacó el valor de que los creadores de la ciudad llevaran sus composiciones y trabajos a la Feria del Libro, en una tarde que situó el talento local en el centro de la celebración de la lectura.
El primero en subir al escenario fue Manuel Agulló, que se presentó a sí mismo para hablar de El niño de cuatro ojos y su amigo el extraterrestre, obra que figura en el programa como firmada por Pablo y Manuel Agulló. El autor explicó que su nieto, finalmente ausente en la presentación, es una figura esencial en el origen del cuento. De él nace la historia que hoy queda reflejada en esta publicación, surgida a partir de una conversación familiar sobre el acoso escolar.
Agulló relató que, al hablar en casa sobre el bullying, los niños “enchufan las orejas” y prestan atención. Él recordó entonces escenas de su infancia en las que algunos menores se burlaban de otros por llevar gafas, por su peso o por cualquier rasgo diferente. Aquellas palabras, dijo, podían hacer mucho daño. Al día siguiente, su nieto le propuso escribir un cuento sobre un niño al que llamaban “cuatro ojos”. A partir de ahí, comenzó una historia construida desde la imaginación infantil, con un niño que sufre las burlas de sus compañeros, una familia que decide trasladarse, un faro, un extraterrestre, piratas y una aventura que invita al lector a descubrir el desenlace.
Más allá del relato fantástico, Agulló quiso detenerse en el mensaje de fondo. El cuento, explicó, ayuda a reflexionar sobre el daño que pueden causar determinados comentarios hacia personas con peculiaridades o diferencias. Defendió que cada uno debe ser aceptado tal como ha venido al mundo y cerró su intervención con una idea sencilla y directa: lo que importa es “ser guapo por dentro y no por fuera”.
La segunda presentación correspondió a José Antonio Castillo Martín, funcionario de la Ciudad Autónoma con 36 años de trayectoria en servicios sociales. Su libro, Los servicios sociales de Melilla: peculiaridades y propuestas, propone una visión histórica de este ámbito desde 1978 hasta la actualidad. Castillo explicó que escribirlo había sido un placer porque ha vivido desde dentro buena parte de esa evolución y porque quería trasladar a la ciudadanía el trabajo que se realiza en un área que, a su juicio, no siempre recibe la consideración que merece.
Su intervención permitió introducir una mirada más técnica, pero también profundamente vinculada al día a día de la ciudad. Castillo habló de los servicios sociales como una base que sostiene a la población más vulnerable, especialmente a mayores y menores. También abordó las peculiaridades del Estatuto de Autonomía y las limitaciones competenciales de Melilla en esta materia. Según explicó, la ciudad no dispone de competencias exclusivas en servicios sociales, lo que condiciona la creación de derechos subjetivos propios y deja determinadas prestaciones sujetas al marco estatal y a la disponibilidad presupuestaria.
El autor aprovechó su intervención para defender la necesidad de reforzar la seguridad jurídica y clarificar hasta dónde puede llegar la administración melillense en la prestación de servicios a los ciudadanos. En ese sentido, planteó que la reforma debería prestar atención a las competencias exclusivas, para que los operadores jurídicos y los funcionarios conozcan con claridad qué servicios pueden ofrecer y con qué alcance.
Después llegó el turno del deporte con Avelino Gutiérrez Pérez, autor de ¿Quién es quién en el deporte melillense? 2000-2025. La presentación corrió a cargo de Antonio García, que dibujó el perfil de un periodista vinculado a Melilla desde 1967 y con una trayectoria extensa en medios como El Telegrama de Melilla, Diario Sur, Radio Melilla, la Agencia EFE, El País o Mundo Deportivo. García lo definió como una “enciclopedia andante” del deporte local y situó la obra como el primer volumen de una trilogía dedicada a la gran familia deportiva melillense.
El libro recoge a 103 deportistas relevantes del primer cuarto de siglo. Gutiérrez explicó que no están todos los que son ni son todos los que están, sino aquellos que él ha considerado oportuno incluir como responsable de la obra. También recordó que la idea original surgió en 2015, a partir de una conversación con Miguel Marín, entonces consejero de Deportes, y que el proyecto ha tardado diez años en materializarse. La publicación busca poner nombre y rostro a deportistas melillenses y reivindicar la dimensión del deporte como una de las vías para proyectar la ciudad.
Avelino Gutiérrez subrayó que Melilla cuenta con campeones del mundo, de Europa y de España, y defendió la necesidad de reconocer, documentar y difundir esos méritos. También apuntó su deseo de completar la trilogía con futuros volúmenes dedicados a entrenadores, técnicos, directivos y federativos, con el objetivo de cerrar el círculo del deporte melillense.
La mirada al patrimonio llegó con Juan José Llorens y su obra Una mirada a su historia... una mirada al cielo.... El autor, melillense de nacimiento y militar en la reserva, presentó un libreto de acuarelas, bocetos y pinturas que nace de sus paseos por la ciudad y de su atención a ventanas, balcones, fachadas, puertas, molduras y edificios. Llorens explicó que Melilla está llena de historia y que el libro reúne una pequeña selección de aquello que observa cuando recorre sus calles.
La obra se estructura en dos partes. La primera, dedicada a la historia de la ciudad, recoge referencias a construcciones, baluartes, fuertes y transformaciones urbanas de distintos siglos. La segunda, centrada en “una mirada al cielo”, se detiene en el modernismo, las fachadas, las cúpulas, las molduras y otros elementos arquitectónicos. Llorens vinculó además este trabajo a su afición por la historia local y al maquetismo, recordando que algunas de sus maquetas pueden verse en espacios museísticos de la ciudad. En su intervención, apeló a que el libreto pueda servir también como guía para los visitantes que recorran Melilla y quieran identificar parte de su patrimonio.
Uno de los momentos más significativos de la tarde llegó con Jesús Andújar, compañero de la prensa melillense y nombre especialmente querido para muchos profesionales por su vinculación con Melilla Hoy. Su libro, Mi Santa Compaña, fue presentado por Nazan Mohamed, fisioterapeuta que lo acompañó durante parte de su proceso de recuperación. Mohamed explicó que conoció antes al paciente que al escritor y habló de un proceso marcado por el dolor, la fatiga, la debilidad, el miedo y un agotamiento difícil de explicar.
La presentación tuvo una profundidad especial porque no se limitó al libro como objeto literario, sino que se adentró en las secuelas invisibles de una experiencia límite. Mohamed recordó que sobrevivir no siempre significa regresar del todo y explicó que el trauma también vive en el cuerpo: en el cansancio, la hipervigilancia, el insomnio, la sensación de amenaza o la dificultad para respirar tranquilo incluso cuando el peligro ya ha pasado. Definió la obra como un testimonio honesto sobre la pérdida de seguridad en uno mismo y sobre la necesidad de volver a habitar el propio cuerpo después del trauma.
Andújar tomó después la palabra entre aplausos y agradecimientos. Contó que hablar ahora del COVID puede parecer hablar de la prehistoria, pero que para él forma parte de su día a día. Relató que dio positivo en 2021 y que permaneció tres meses ingresado en la UCI con una neumonía bilateral. Explicó que sus pulmones dejaron de funcionar, que fue sedado para poder ser intubado y que finalmente se le practicó una traqueotomía. Durante ese tiempo, su mente construyó una realidad alternativa en la que fue víctima de un secuestro durante siete años, con días y noches de sufrimiento, malos tratos y miedo.
El autor explicó que escribir Mi Santa Compaña no fue fácil, pero sí necesario. Lo hizo, dijo, para no olvidar lo vivido, para recordar a quienes consiguieron superar la enfermedad y a quienes no pudieron salir adelante, y para aportar su experiencia a los profesionales de la sanidad, especialmente del ámbito de la salud mental, en relación con el estrés postraumático. Cerró su intervención desde una afirmación de vida: se definió como un superviviente y aseguró que la vida le ha abierto un nuevo camino que recorre con alegría y ganas de compartirlo.
El cierre literario llegó con Naima Mohamed, autora de Dichos y refranes Imazighen, en conversación directa con Salma Halifa. La obra fue introducida como una recopilación de sabiduría popular amazige y como una contribución a la conservación de un patrimonio cultural transmitido tradicionalmente de forma oral. Halifa recordó que los refranes no son solo frases ingeniosas, sino pequeñas cápsulas de memoria colectiva, experiencias acumuladas durante generaciones y formas de mirar el mundo.
Naima Mohamed explicó que la idea de recopilar estos refranes surgió cuando empezó a desaparecer la retroalimentación oral que había marcado su vida familiar. Ya no tenía, dijo, quien respondiera a esos refranes. Había crecido en un entorno de padres, abuelos y tíos en el que estas expresiones formaban parte de la conversación diaria, pero observó que las personas mayores se estaban yendo y que muchos jóvenes ya no conocían ese patrimonio. Esa pérdida la llevó a plasmarlo por escrito.
La autora señaló que el trabajo ha requerido dos años de recopilación intensa, apoyada en su memoria, su entorno familiar y sus amistades. Defendió que los refranes no son solo palabras, sino un archivo de la memoria colectiva que contiene información sobre la economía, la agricultura, el pastoreo, el mar, los roles sociales y las formas de vida de distintas zonas y regiones. También explicó que algunos refranes caen en desuso cuando desaparece el elemento de la vida cotidiana que les daba sentido.
El libro incorpora los refranes en caracteres latinos, su traducción literal, una explicación y un equivalente en el refranero español, lo que lo convierte también en una herramienta para quienes quieran acercarse a la lengua amazige. Mohamed advirtió del riesgo de pérdida de este patrimonio si los jóvenes dejan de practicar la lengua en casa y expresó un deseo sencillo para los lectores: que el libro despierte curiosidad, ganas de saber y de seguir mirando hacia esa memoria compartida.
Con esta sucesión de voces, el Olivo de las Historias se convirtió en un espacio de encuentro con clara esencia melillense. Durante una hora, la Feria del Libro reunió relatos nacidos de la familia, la administración pública, la crónica deportiva, el patrimonio urbano, la experiencia de la enfermedad y la tradición oral. Tras el encuentro, la banda militar puso música a la celebración de la lectura y la palabra escrita, cerrando una tarde en la que Melilla volvió a reconocerse en sus autores.







