El colectivo Guelaya ha emitido un comunicado en el que aborda el reciente debate público surgido en Melilla a raíz de diversas declaraciones sobre el gasto destinado al traslado y protección de ejemplares de Patella ferruginea, una especie en peligro crítico de extinción. En su posicionamiento, la entidad considera que las críticas que califican de “paroxismo” la inversión de 50.000 euros reflejan un desconocimiento del valor del patrimonio natural y de la riqueza biológica que caracteriza a la ciudad.
Guelaya subraya que la Patella ferruginea no es un elemento menor del ecosistema, sino una especie con el máximo nivel de protección legal, equiparable al del águila imperial. En este sentido, recuerda que Melilla alberga una de las poblaciones más relevantes a nivel mundial de este molusco, lo que implica, según la organización, una responsabilidad administrativa significativa en su conservación y protección frente a su desaparición progresiva.
El comunicado incide en que considerar a estos ejemplares como un obstáculo constructivo supone ignorar su papel dentro del equilibrio ecológico costero. La entidad destaca que se trata de un eslabón esencial en un ecosistema que se encuentra en regresión a nivel global, por lo que cualquier actuación orientada a su preservación responde no solo a criterios científicos, sino también legales y éticos.
Asimismo, Guelaya cuestiona el enfoque de quienes critican el gasto público asociado a esta actuación. En su argumentación, plantea que resulta incoherente poner en duda una inversión dirigida a cumplir la normativa ambiental mientras, según expone, existen otras partidas económicas destinadas a contratos de escasa utilidad, eventos puntuales o iniciativas sin impacto estructural en la ciudad.
En este contexto, la organización compara el coste de la operación con otros gastos habituales, como la publicidad institucional o determinadas subvenciones, señalando que la cantidad destinada a la protección de la especie representa una inversión reducida en relación con el presupuesto global y con el valor del objetivo perseguido.
Otro de los aspectos destacados en el comunicado es la concepción del patrimonio. Guelaya defiende que este no debe limitarse únicamente a los elementos arquitectónicos o históricos, sino que también incluye el entorno natural, la costa y las especies que habitan en ella. Desde esta perspectiva, la protección de la biodiversidad forma parte integral de la identidad de la ciudad.
En relación con las actuaciones urbanas, la entidad menciona proyectos como la nueva puerta de acceso al puerto, señalando su carácter estético y su coste económico elevado en comparación con la intervención destinada a la conservación de la lapa ferrugínea. Según expone, mientras determinadas obras tienen un valor temporal, la desaparición de una especie supone una pérdida irreversible.
El colectivo insiste en que la defensa de esta especie implica también una visión de ciudad comprometida con su entorno y con el cumplimiento de la legalidad internacional en materia ambiental. A su juicio, el desarrollo económico no debe contraponerse a la conservación, sino integrarse en un modelo que tenga en cuenta los límites ecológicos y la sostenibilidad.
Finalmente, Guelaya concluye que la protección de la biodiversidad constituye una responsabilidad colectiva y un deber hacia las generaciones futuras. En su valoración, invertir en la conservación del patrimonio natural no puede considerarse una medida desproporcionada, sino una acción necesaria para garantizar la continuidad de los ecosistemas y preservar aquellos elementos que hacen de Melilla un enclave singular en el Mediterráneo.
Además la entidad recalca que este tipo de actuaciones responden a compromisos legales internacionales que obligan a las administraciones a garantizar la protección de especies amenazadas y a adoptar medidas eficaces para su conservación y seguimiento. Estas medidas se consideran esenciales para asegurar su supervivencia a largo plazo.









