Romper el silencio en torno al suicidio y ofrecer herramientas de actuación ha sido el objetivo del taller que Feafes Melilla (Federación de Asociaciones de Familiares y Personas con Enfermedad Mental) ha celebrado en el Campus de la Universidad de Granada. La sesión ha estado dirigida por la psicóloga Alejandra Julio, especialista en patología dual e intervención terapéutica en infancia y adolescencia, quien ha subrayado desde el inicio la importancia de hablar abiertamente de este problema social.
Julio ha recordado que persiste la idea de que tratar el tema en público puede provocar un “efecto llamada”, pero ha afirmado con rotundidad que sucede lo contrario. "Lo que realmente resulta letal para la conducta suicida es no hablar de ello". Según la experta, la clave está en cómo se comunica. No desde el morbo ni describiendo métodos, sino comprendiendo las razones que llevan a una persona a una situación límite.
El taller, que ha contado con una amplia participación de profesionales de la salud, la educación y los servicios sociales, ha tenido una acogida “muy buena”, según la ponente. Muchos asistentes han compartido sus propias experiencias, lo que ha enriquecido el debate. "El objetivo principal es formar a profesionales para que, cuando se presente la posibilidad de una intervención, dispongan de las herramientas necesarias para actuar", explicó Alejandra Julio.
Durante la jornada se han abordado aspectos fundamentales de la conducta suicida: la diferencia entre un suicidio consumado y una tentativa, los factores personales y sociales que pueden desencadenarlo y las estrategias de afrontamiento. También se ha destacado la necesidad de trabajar tanto en la detección temprana como en la prevención.
Aunque en Melilla los datos son escasos, Julio ha señalado que en 2023 se registraron cuatro suicidios —tres hombres y una mujer—, una cifra que, aunque baja, refleja una realidad que no se puede ignorar. A nivel nacional, los estudios apuntan a dos grupos especialmente vulnerables: los jóvenes, que a menudo sufren la presión de los entornos digitales, y las personas mayores, para quienes la soledad puede convertirse en un factor de riesgo.
La psicóloga ha insistido en que la prevención pasa por gestos cotidianos de apoyo y escucha. "Acompañar, no juzgar, servir de escucha y hacer sentir a la persona que no está sola en la lucha es lo más importante". Julio ha animado a los presentes a desterrar el mito de que el suicidio es inevitable y ha destacado que la intervención temprana y la empatía pueden salvar vidas.
Con este taller, Feafes y la Universidad de Granada en Melilla han querido dar un paso decisivo para visibilizar un problema de salud pública que afecta a todas las edades. Hablar del suicidio con respeto, rigor y sensibilidad no es peligroso, ha concluido Julio. Al contrario, es una de las herramientas más poderosas para prevenirlo.








