Melilla se viste de Navidad con el Tren Polar Express, una propuesta de taller de manualidades que se desarrolla de manera estática en la Calle General Chacel. La iniciativa forma parte del ambiente navideño de la ciudad y se presenta como un espacio dedicado a actividades creativas dirigidas a público infantil.
El taller permanece instalado para recibir a los participantes durante varias jornadas consecutivas y ofrece un horario continuado en el que se organizan los pases. La actividad está pensada para que los niños puedan participar en manualidades guiadas dentro de un formato asociado al “tren”, con organización por espacios y control de acceso.
Horarios de pases hasta el 4 de enero
El Tren Polar Express mantiene su programación hasta el 4 de enero. Según la información facilitada, los pases se realizan todos los días de 17:00 a 21:00 horas. Además, se establecen horarios especiales para dos fechas concretas: el 24 y el 31 de diciembre la actividad se realiza en horario de mañana, de 11:00 a 14:00 horas.
En conversación con Lucía, revisora del Tren Polar, se concreta también ese horario matinal de manera más precisa: “de 10 y media a 1 y media”, indicación con la que se especifica el tramo de funcionamiento en esas dos jornadas concretas. Con ello, el taller adapta su programación en Nochebuena y Nochevieja, manteniendo el resto de días su horario habitual de tarde.
Manualidades para niños: actividades variadas y slime recurrente
Lucía, la revisora del Tren Polar, explica el tipo de actividades que se realizan en el interior del taller. Ante la pregunta sobre qué manualidades suelen hacer, responde poniendo ejemplos de las propuestas desarrolladas desde el primer día. Entre ellas, menciona que en la jornada inaugural se elaboró un Papá Noel a partir de un plato de cartón, recortándolo y completándolo con algodón.
Además, indica que han hecho también un brazalete coloreado, dentro de la línea de manualidades que se llevan a cabo en el espacio. La programación no se limita a una única propuesta repetida, sino que la actividad varía con el paso de los días. De hecho, al ser preguntada por si todos los días son las mismas manualidades o si van cambiando, Lucía lo deja claro: “Todos los días cambia la actividad, menos el slime que sí se repite, todos los demás son distintos.”
Así, el taller incorpora distintas manualidades en cada jornada, con la excepción del slime, que sí aparece como actividad que se repite. El resto de propuestas, según la revisora, se van renovando diariamente para ofrecer variedad a los niños que acuden.
Expectación alta pese a la lluvia y al temporal
Uno de los aspectos subrayados por la revisora es el nivel de participación infantil incluso en condiciones meteorológicas adversas. Preguntada por la expectación de los niños “a pesar del temporal” que se está teniendo, Lucía asegura que la respuesta está siendo muy elevada: “Pues la verdad que demasiado alta, el otro día que llovió los niños seguían aquí, ni la lluvia los paró y la verdad que muy bien.”
Esa afirmación resume el ambiente de asistencia que, según su testimonio, se mantiene incluso cuando el tiempo acompaña poco. La presencia de niños, y por extensión de familias que los acercan al taller, permanece constante pese a la inclemencia meteorológica mencionada, algo que se percibe como un indicador del interés que despierta la actividad en estas fechas navideñas.
Requisitos de participación y normas para las familias
El acceso al taller está regulado por una serie de condiciones específicas. Lucía explica que los padres deben firmar un consentimiento de participación, un documento en el que se les informa y se establecen las normas básicas para que el niño pueda tomar parte en la actividad.
Entre los requisitos, la revisora señala el rango de edad: los participantes deben tener entre 4 y 11 años, sin posibilidad de que entren menores o mayores. Es decir, se trata de un taller limitado a ese tramo infantil concreto.
Además, el consentimiento incluye condiciones relativas a la disponibilidad y responsabilidad de los adultos. En palabras de Lucía, se avisa a los padres de que deben tener “el teléfono operativo por si hace algo puede contactar con ellos”. Y también se establece una norma clara sobre la recogida: “tienen que venir, la misma persona que me firma el papel es la que tiene que recoger a los niños.”
Con ello, el taller fija un sistema para garantizar que los niños queden vinculados a un adulto responsable, que firma la autorización y se encarga posteriormente de recogerlos. La norma impide que una persona firme y otra distinta recoja al menor, manteniendo un control coherente del proceso de entrada y salida.
Aforo por vagón y organización del acceso
La actividad también cuenta con un límite de aforo específico: por cada vagón entran 10 niños. Ese dato marca la capacidad máxima por turno o por espacio, y organiza la participación de manera controlada, evitando que la actividad se masifique dentro del propio taller.
Esta limitación permite un funcionamiento más ordenado, tanto para la realización de las manualidades como para el seguimiento de los participantes. Al tratarse de una propuesta estructurada en forma de “tren”, con vagones, el aforo de 10 niños por vagón define el tamaño de cada grupo y la dinámica del taller.
Comparación con el año pasado y continuidad de la actividad
En cuanto a la comparación con la edición anterior, Lucía explica que no puede valorar la diferencia de asistencia, ya que es su primer año en este puesto. Preguntada por cómo está siendo la expectación con respecto al año pasado, responde: “No sé, porque yo en mi primer año. El año pasado yo no estuve aquí.”
El Tren Polar Express se presenta así como un taller de manualidades dentro de la programación navideña de Melilla, ubicado de manera estática en la Calle General Chacel y con pases organizados hasta el 4 de enero. Las manualidades van variando día a día, con la particularidad de que el slime se repite como actividad, mientras que el resto cambia en cada jornada.
La revisora, Lucía, destaca que la expectación infantil está siendo “demasiado alta” incluso con lluvia, señalando que ni el temporal ha frenado la presencia de niños en la actividad. A esa buena acogida se suma una organización basada en consentimiento parental, requisitos de edad entre 4 y 11 años, teléfono de contacto operativo y recogida por la misma persona que firma, además del control de aforo: 10 niños por vagón.
Con esa combinación de horarios definidos, actividades rotatorias y normas claras de participación, el Tren Polar Express mantiene su funcionamiento dentro del ambiente navideño de la ciudad, ofreciendo un espacio de manualidades que, según el testimonio recogido, continúa registrando una alta asistencia.







