La iglesia del Sagrado Corazón de Melilla ha acogido este domingo, a las 12:00 horas, la tradicional Bendición del Niño Jesús, un acto que combina devoción, tradición y participación familiar. La ceremonia ha estado presidida por Eduardo Resa, vicario episcopal de la ciudad autónoma, quien ha dirigido una homilía centrada en el sentido del Adviento y la preparación para la Navidad.
Durante la celebración, se encendió la tercera vela de la corona de Adviento, de color rosáceo, un tono que simboliza la cercanía de la Navidad y el gozo que caracteriza este tercer domingo del tiempo de espera. Tal como explicó Resa, el rosáceo representa el paso de la reflexión y la penitencia al júbilo, un símbolo de la alegría que impregna la liturgia del domingo Gaudete, también conocido como el "domingo de la alegría". “Estamos a punto de celebrar la Navidad. Es un tiempo para alegrarnos porque el Señor está cerca”.
El vicario episcopal ha recordado a los asistentes la importancia del domingo como día central de la fe cristiana. A diferencia de otras religiones, que celebran su culto principal en sábado o viernes, los cristianos celebran el domingo porque es el día de la Resurrección de Jesús, el primer día de la semana, que marca el inicio de una vida nueva y la promesa de salvación.
En su homilía, Resa ha hecho especial hincapié en la figura de Juan el Bautista, precursor de Jesús y protagonista de las lecturas de este tercer domingo de Adviento. Explicó que Juan, encarcelado por orden de Herodes, dudaba sobre la identidad de Jesús ante un Mesías que no se presentaba con poder político ni gloria terrenal, sino con obras de misericordia y compasión. “Juan esperaba un Mesías triunfante, que liberara a su pueblo, y sin embargo ve a Jesús actuando con humildad y cercanía hacia los más necesitados. Eso también nos invita a reflexionar sobre nuestra propia fe y nuestras dudas”, subrayó.
El vicario ha trasladado el mensaje de Jesús a la vida cotidiana de los fieles, especialmente a los niños presentes. Los animó a ser ellos mismos portadores de alegría y ayuda a los demás, ayudando a compañeros de clase, apoyando a amigos y colaborando en las tareas del hogar. “Pequeñas obras de bondad y generosidad permiten que Jesús siga viniendo al mundo”, afirmó, recordando que la llegada de Dios no siempre se manifiesta de manera visible, sino a través de gestos concretos y cotidianos.
La celebración también ha recordado las lecturas de Isaías y la exhortación del apóstol Santiago, instando a fortalecer las manos débiles y las rodillas vacilantes y a vivir una paciencia activa, comparable a la del labrador que espera la lluvia para que la tierra produzca fruto. Esta enseñanza refuerza la idea de que la preparación para la Navidad requiere constancia, fe y compromiso. Durante la liturgia, los asistentes entonaron varias veces la oración central del día: “Ven, Señor Jesús”, reflejo de la expectativa y la esperanza que caracterizan el Adviento.
El momento culminante de la celebración ha sido la bendición de las imágenes del Niño Jesús que los fieles habían llevado consigo. Resa ha explicado que este gesto no solo consagra las figuras, sino también los hogares y las familias, pidiendo que la presencia de Dios acompañe a los niños, padres y a todos los miembros de la comunidad. Tras la oración de bendición, el vicario recorrió el templo rociando con agua bendita cada imagen mientras el coro acompañaba con cantos tradicionales, creando un ambiente de recogimiento y alegría.
La ceremonia reunió a un gran número de familias, muchas de ellas con niños que participaron activamente en la misa, mostrando que la preparación para la Navidad no es solo un acto litúrgico, sino también una oportunidad para transmitir la fe y los valores cristianos a las nuevas generaciones. Los asistentes compartieron un momento de devoción, reflexión y comunión, recordando que la alegría cristiana no depende de lo material, sino de la certeza de que Jesús está presente y cercano.
En palabras de Eduardo Resa, la celebración del Domingo Gaudete invita a los fieles a vivir con alegría, esperanza y compromiso, llevando el mensaje de Cristo más allá del templo y a la vida diaria de cada hogar. Así, con gestos sencillos y la devoción de las familias, la comunidad se prepara para recibir la Navidad con un corazón lleno de fe y alegría.








