En la Calle Parjea de Melilla hay un estanquero que cada mañana abre su expendeduría sabiendo que dentro de doce meses todo habrá cambiado. Las cajetillas seguirán ahí, sí, pero las reglas del juego serán completamente otras. Y estos pequeños empresarios, lejos de quedarse de brazos cruzados, ya están buscando la manera de salir adelante.
Porque aquí, en esta ciudad autónoma que siempre se las apaña para encontrar oportunidades, tenemos 31 expendedurías de tabaco. Es una cifra considerable para una población de 86.000 habitantes, pero que cobra sentido cuando entendemos las particularidades fiscales melillenses. Los precios son sistemáticamente inferiores a los de la península gracias al régimen fiscal especial, con gravámenes diferenciados: cigarros y cigarritos al 12,5%, picadura para liar al 37,5% y otras labores al 22,5%.
Esta ventaja competitiva ha convertido a Melilla en un punto estratégico del comercio tabacalero, especialmente para las picaduras de pipa, muy populares para el consumo en shisha. Un nicho de mercado que podría ser clave en los tiempos que vienen.
El Consejo de Ministros aprobó un anteproyecto que reforma la Ley del tabaco, y nuestro estanquero de la Calle Parjea ha decidido ver en el cambio una oportunidad, no solo una amenaza. "Mira, si llevamos décadas adaptándonos a todo tipo de normativas, esta no va a ser la excepción", me dice con esa mezcla de resignación y determinación tan melillense. Porque si algo saben hacer los empresarios de esta ciudad es encontrar la vuelta a las cosas.
5 desafíos o 5 oportunidades
Perímetro de 15 metros
La medida que prohíbe fumar a menos de 15 metros de colegios, centros de salud y bibliotecas puede parecer un obstáculo, pero los estanqueros más avispados ya están pensando en convertir esas zonas en pequeños espacios de socialización. "Si mis clientes van a tener que alejarse 15 metros para fumarse el cigarro, voy a asegurarme de que ese espacio sea cómodo y atractivo", explica uno de los expendedores.
Reconversión de vapeadores
La prohibición de cigarrillos electrónicos desechables abre la puerta a otros productos. Los estanqueros tienen 12 meses para liquidar stock, pero también para explorar alternativas: dispositivos reutilizables, accesorios, líquidos de calidad. "Ese hueco comercial lo vamos a llenar con productos de mayor valor añadido", asegura el responsable de una expendeduría.
Especialización regulada
La ampliación de productos regulados puede significar más papeleo, pero también mayor especialización. Cigarrillos electrónicos, bolsitas de nicotina, productos a base de hierbas, shishas. Los estanqueros melillenses, conocedores del mercado de la shisha, están especialmente bien posicionados para liderar este segmento.
Marketing sofisticado
Las restricciones publicitarias obligan a trasladar la promoción al interior, pero esto puede derivar en espacios más cuidados, mejor diseñados, más profesionales. "Vamos a convertir nuestros estancos en espacios donde el cliente quiera entrar y permanecer", explica un expendedor.
Blindaje ante las sanciones
El endurecimiento sancionador, con multas de hasta 600.000 euros, ha disparado la demanda de formación especializada entre los estanqueros. La Asociación de Expendedores ya está organizando cursos específicos para dominar la nueva normativa al milímetro.
Melilla mantiene ventajas fiscales que pueden ser determinantes en este nuevo escenario. El régimen especial permite precios más competitivos, algo especialmente relevante cuando el mercado se endurece. Además, la proximidad a Marruecos y la tradición en productos como las picaduras para shisha ofrecen nichos de mercado específicos.
La facturación del sector tabacalero español rondó los 760 millones de euros en 2022, y Melilla puede mantener su cuota apostando por la especialización y la calidad de servicio.
Los datos muestran que el objetivo gubernamental es reducir la prevalencia del tabaquismo del 22,1% al 18,3% para 2025. Pero los estanqueros melillenses saben que esto no significa el fin del negocio, sino su transformación. Los productos alternativos, los servicios especializados, la atención personalizada pueden compensar la reducción del consumo tradicional.
Estos 31 empresarios melillenses tienen doce meses por delante no para lamentarse, sino para reinventarse. Disponen de un mercado con ventajas fiscales únicas, experiencia en productos específicos como la shisha, y la mentalidad emprendedora propia de una ciudad fronteriza que siempre ha sabido encontrar oportunidades donde otros ven problemas.
El humo se disipa, pero el negocio se transforma. Y en Melilla, transformarse es una vieja tradición.








