Hay políticos que gobiernan, otros que legislan, algunos que escuchan. Y luego está Amín Azmani, presidente de Somos Melilla, que ha encontrado en la cámara su verdadera vocación. Donde hay un fotógrafo, allí está él. Donde hay una concentración, una protesta, una pancarta o un foco, ahí aparece su figura, perfectamente colocada, como si el evento no tuviera sentido sin su rostro.
La obsesión de Azmani por estar presente en cada imagen pública de la ciudad que refleje algún conflicto se ha vuelto casi un fenómeno sociológico digno de estudio. Me recuerda —y que me perdone la comparación— a un primo muy gracioso que tengo. En la boda de un familiar común se dedicó a seguir al fotógrafo durante toda la jornada, para salir en todas y cada una de las imágenes del evento. En algunas imitaba a James Bond; en otras, saludaba a la nada; en unas más, cruzaba los brazos con aire pensativo o rascaba su barbilla en el fondo del grupo. Solo dejó que los novios tuvieran su momento de gloria en una foto. Una sola. Pues bien, Amín Azmani ni eso. A quienes protagonizan realmente las noticias no les concede ni ese respiro.
¿Que hay una protesta de docentes tras una agresión a una compañera? Azmani en primera fila. ¿Que vecinos del Cerro de Palma Santa apoyan a una familia amenazada de desalojo? Azmani, a cuadro. ¿Que los trabajadores de Alvalop se manifiestan por impagos? También está Azmani, claro. Y así, acto tras acto, foto tras foto. No importa si el tema le concierne directamente o no, si el momento requiere institucionalidad o respeto. Lo importante es estar, que se vea que estuvo, y que no falte su retrato en ningún resumen gráfico del día. Porque sin él, parece, el asunto pierde gravedad.
Lo curioso es que esta estrategia no es nueva ni exclusiva. Es, de hecho, muy coherente con el manual no escrito de ciertos dirigentes del PSOE, partido en el que estuvo militando hasta que se enfadó porque lo echaron como trabajador del grupo en la Asamblea y tampoco lo quisieron como secretario general. La imagen por encima del contenido. El espectáculo por encima de los hechos. Como aquel codazo inolvidable de esa María Jesús Montero abriéndose paso para poder colocarse al lado de los reyes en Adamuz, sin importar la elegancia o el decoro. Lo importante, otra vez, era la imagen. Y Azmani ha hecho de esa táctica una bandera personal.
Pero su manual político no se detiene ahí. A la estrategia del “foto o muerte” se suma la del “yo acuso, sin pruebas”. Porque cuando no está posando, Azmani se dedica a lanzar acusaciones graves contra el Partido Popular, sin mostrar evidencias. Esta ligereza verbal ya le ha costado alguna querella. Pero da igual. Él lanza la piedra y deja que el fango salpique.
Una fórmula muy del "sanchismo", por cierto. Aquel estilo que inauguró Pedro Sánchez cuando llamó “indecente” a Mariano Rajoy en televisión y que hoy se revela hipócrita cuando ignora las imputaciones que rodean a su entorno más íntimo: su mujer, su hermano, sus secretarios de organización, su empresario de confianza, su asesor Koldo y uno de los miembros más destacados de su gabinete en La Moncloa, Francisco Salazar, éste por denuncias de acoso sexual. Y mientras todo eso sucede, nadie asume nada. El silencio y la fotografía.
Así es Azmani. Un político de "yo tengo que salir" y "yo acuso y punto". Un experto en estar donde no lo llaman. Quizá algún día entienda que no todas las causas necesitan un protagonista extra. Y que a veces, lo más responsable es dejar el espacio a quienes realmente tienen algo que decir.









No es que Amin Azmani sea precisamente de mi agrado, pero resulta llamativo que, para el poco tiempo que lleva en primera línea, ya se le dedique una editorial. Da que pensar. Aquí ha habido políticos durante cuarenta años y lo único que asomaba era el silencio. Ahora aparece alguien algo más excéntrico —aunque ni sigo los debates ni conozco realmente a este señor— y, de repente, se convierte en protagonista.
Insisto: no me despierta especial simpatía ni antipatía, ni siquiera participé en las elecciones. Sin embargo, si en algún momento cambio de opinión y decido hacerlo, acabaré votándole solo por esta editorial, que me hace sospechar sobre la linea editorial de este periódico. Más aún cuando, además, he comprobado que se me han censurado varios comentarios que he ido dejando en distintas noticias.