Si algo caracteriza a Melilla desde hace largo tiempo es la diversidad de su población, esa sociedad plural que configura un pueblo muy especial, que cada día busca profundizar aún más en la tolerancia, el respeto mutuo y la convivencia. Cierto es que se trata de un trabajo que hay que realizar día a día, una tarea que todos los ciudadanos deben poner en práctica para conseguir ser ese crisol de culturas de que tanto gusta presumir a los melillenses.
Ser una comunidad unida dentro de las diferencias es imprescindible para construir un mejor futuro de cara a las generaciones que hoy todavía no tienen en su mano el poder de decidir sobre lo que se busca para esta tierra pero que sí van a ser las protagonistas de la acción pública y privada en las próximas décadas. Los actuales representantes políticos de Melilla tienen la obligación de arrimar el hombro para alcanzar la meta de ser una ciudad ejemplo de respeto intercultural.
Sin embargo, el discurso de la división, de los unos contra otros, del levantamiento de muros al más puro estilo sanchista usando el origen étnico o cultural de los melillenses, cada vez está más extendido. Y eso no solo es peligroso para el momento presente sino, sobre todo, de cara al mañana. A CpM ya se le conocía semejante dislate porque nunca ha sido capaz de articular un discurso fuera de promover la ruptura social. El problema es que le están saliendo imitadores que, al fin y al cabo, no son sino una escisión del partido que lidera Mustafa Aberchán desde hace más de 30 años.
Es el caso de Nueva Melilla, un grupo de personas que militaban en CpM, que aún no está reconocido oficialmente, al menos que se sepa, como partido político, pero que empieza a utilizar la misma técnica de división con la vista puesta en posibles votos a partir de distinguir entre musulmanes y el resto de las comunidades locales.
Ese no es el camino, nunca lo ha sido y nunca lo será. Hay que tener mayor amplitud de miras y convencerse que solo desde la unión Melilla podrá ser. Si se levantan muros por un puñado de votos, al final todos los melillenses saldrán perdiendo y se habrá perdido la oportunidad de trabajar codo con codo por un buen futuro para nuestros hijos y nietos.








