El colegio Juan Caro vivió una jornada muy especial al bautizar con el nombre de 'Maestro Alfonso García Zafra' una de sus plazas más simbólicas. El acto, sencillo pero profundo, reunió a autoridades, antiguos y actuales docentes, familias, alumnado y personal del centro en un ambiente de orgullo compartido.
Alfonso García Zafra, melillense de nacimiento, dedicó casi cinco décadas a la enseñanza, de las cuales 35 años fueron en el CEIP Juan Caro, donde dejó una huella indeleble tanto en la comunidad educativa como en el modelo pedagógico del centro.
Un discurso espontáneo y lleno de verdad
Visiblemente emocionado, Alfonso García Zafra ofreció unas palabras desde el corazón, alejadas del protocolo y cargadas de sinceridad: “No preparo los discursos porque prefiero hablar con el corazón”, confesó. “Es un honor muy grande recibir una placa con mi nombre, pero lo más importante para mí es que en ella aparezca la palabra Maestro”.
Zafra reivindicó el valor de la vocación en la docencia y subrayó la importancia de educar en valores desde la infancia: libertad, respeto a uno mismo, a los demás y a la naturaleza. “Los maestros somos los que tenemos que cambiar el mundo”, afirmó con convicción.
Un mensaje sobre el futuro y la responsabilidad
El maestro recordó cómo los comienzos del colegio fueron duros, cuando aún había necesidades básicas sin cubrir y se luchaba por ofrecer una educación digna. Sin embargo, con esfuerzo, vocación y compromiso, el CEIP Juan Caro se ha transformado en un centro de referencia en Melilla y más allá: “Este colegio ha traspasado fronteras. Los consejeros europeos conocen las buenas prácticas que se realizan aquí”, aseguró.
Destacó la implicación del actual equipo directivo, al que agradeció seguir sus pasos y mantener la línea pedagógica que él ayudó a forjar. “Me voy con la tranquilidad de que el colegio queda en buenas manos”, dijo.
La voz de los niños: un poema para el maestro
Uno de los momentos más conmovedores de la ceremonia fue la lectura de una carta-poema a cargo del alumno Rayan Alauani, que resumió con ternura el cariño que la comunidad escolar siente por Alfonso: “Aquí seguirás, aunque ya no estés en el cole, porque te recordaremos siempre a tope. Gracias, Alfonso, por tanto cariño. Te queremos, tus niños y niñas del Juan Caro”.
Versos sencillos y emotivos que arrancaron aplausos y alguna lágrima entre los asistentes, poniendo de manifiesto la profunda conexión entre el maestro y su alumnado.
El reconocimiento institucional
El presidente de la Ciudad Autónoma, Juan José Imbroda, cerró el acto con un mensaje de reconocimiento y admiración: “Estos momentos son los que dignifican la labor pública. Hoy rendimos homenaje a un hombre que ha dedicado lo mejor de su vida a los demás, y lo ha hecho con una vocación casi altruista”.
Imbroda destacó la labor transformadora del maestro en el barrio y su contribución a una auténtica revolución sociocultural, basada no solo en la enseñanza académica, sino también en el fomento de valores como el respeto, la convivencia y la superación.
49 años de vocación, 35 de ellos en el Juan Caro
Alfonso García Zafra comenzó su carrera docente en 1974 y se jubiló en 2023, tras 49 años de servicio. De esos, 35 los dedicó en cuerpo y alma al CEIP Juan Caro, y 32 como director.
“Si me hubieran dejado, seguiría, pero con 80 años ya no podía más”, bromeó. Su pasión por la enseñanza pública, su defensa de los valores y su capacidad para crear comunidad lo convirtieron en un referente dentro y fuera de las aulas.
Recordó su infancia humilde en Melilla, en la calle Honduras, su educación en las casas de Cabrerizas, y cómo su entorno y vivencias despertaron en él una vocación que lo acompañaría toda su vida.
El CEIP Juan Caro, una escuela con alma
Durante su intervención, Zafra hizo hincapié en que el éxito del colegio no es obra de una sola persona, sino de un equipo comprometido: desde el profesorado hasta el personal laboral, pasando por las familias.“
Un colegio no funciona sin un personal laboral en condiciones. Hay que crear ambientes que permitan crecer y trabajar con pasión, y eso es lo que hemos hecho aquí”, expresó.
Subrayó que la educación es un esfuerzo compartido entre escuela y familias, y que solo desde la colaboración y el respeto mutuo se puede lograr una enseñanza integral y transformadora.
Un legado que perdura
El acto de inauguración concluyó con un largo aplauso, no solo por una placa, sino por una vida dedicada a construir una escuela mejor. El CEIP Juan Caro no solo ganó un nombre en una plaza: ganó un símbolo, el de un maestro que educó con el corazón, cambió vidas y sembró futuro.
“Hurra por los maestros por vocación, y hurra por la enseñanza pública”, exclamó Alfonso García Zafra. Y su grito fue el de todos los presentes.







