Hace casi tres décadas, Melilla le dio el visto bueno a su Estatuto de Autonomía. Esa ley orgánica de 1995 representó un logro institucional. Sin embargo, según el diputado de Coalición por Melilla (CpM) Emilio Guerra, fue también “una solución temporal, con ciertas restricciones, producto de acuerdos alcanzables en un ambiente político muy distinto del actual”.
“Treinta años después, España ha descentralizado su Gobierno como nunca. La Unión Europea ha implementado políticas para darles cohesión a sus regiones más vulnerables. Las ciudades se han convertido en piezas clave para impulsar la transformación ecológica, digital y social. Y mientras tanto, Melilla continúa atascada con un modelo institucional que no ha evolucionado y con un Estatuto que ya no responde al presente ni al futuro de la ciudad, que fue diseñado para un contexto diferente y que no se ha revisado ni una sola vez, desde que se aprobó”, comenta el diputado.
Para Guerra, el marco autonómico español, “si se puede llamar así a lo que no deja de ser una carta otorgada, casi no nos deja hacer mucho más que gestionar lo de siempre”. “No tenemos control total en temas esenciales como la salud, la educación, el transporte, las políticas activas de empleo o la vivienda”, recuerda.
Guerra apunta que Melilla depende, “casi enteramente”, del Gobierno central para sostener su economía y financiar los servicios públicos y que le faltan herramientas reales para crear políticas públicas que estén a la altura de los desafíos del siglo XXI. “Necesitamos un nuevo esquema de financiación y explorar cómo encaja nuestra ciudad en el artículo 349 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, considerándola una región con unas condiciones estructurales únicas”, añade.
En su opinión, se requiere una reforma del Estatuto, y no sólo para ganar más competencias, sino para “robustecer la democracia interna, salvaguardar los derechos sociales de nuestra gente, elevar la calidad institucional y fijar con precisión su régimen económico y fiscal propio, uno justo y adecuado para Melilla”.
“Este proyecto de ciudad debe estar al margen de tácticas electorales y partidistas, pero muchas son las promesas públicas e incluso tentativas que no acaban de traducirse en actuaciones político-administrativas concretas”, explica.
El diputado cepemista recuerda que “mucho se habla de la necesidad de convertirnos en Comunidad Autónoma, pero el paso responsable y realista es reformar nuestro Estatuto antes de dar ese salto, porque para reclamar más estructura, debemos garantizar eficiencia, solvencia y consenso: ese es el sentido de reformar primero el Estatuto”.
“Son muchos los retos que tiene esta ciudad, pero no acabamos de arrancar con aquellos que son vitales para garantizar el progreso y el futuro. La reforma del Estatuto exige diálogo y acuerdos amplios. Es la oportunidad de unir a Melilla en un proyecto común y no puede seguir aparcado sine die mientras el actual gobierno vive en el confort de gestionar 400 millones de euros con mayoría absoluta”, afirma.
En resumen, CpM reclama para Melilla igualdad y justicia territorial, “aunque desgraciadamente llevamos mucho tiempo perdido en el marco teórico”, concluye Guerra.









Vasallos de color verde
Le falta la Lámpara Mágica, para que al frotarla salga el Mago, diciendo eso ya está hecho. (La culpa la tiene el PP, que no confraterniza con el Mago).
Si vuestro coperador necesario marroquí no quiso en el año 95, no quiere ahora , ni querrá nunca.
A que venis a decirnos esto a los melillenses
Mucha mierda