Este domingo 15 de febrero, la Casa de Ceuta en Melilla se ha llenado de melillenses aficionados al carnaval para vivir una de esas jornadas que quedan grabadas en la memoria de la ciudad. La chirigota ganadora del Concurso de Chirigotas y Comparsas de Melilla 2026, ‘¿Y tú cómo estás, Rafaé?’, ha vuelto a subirse a un escenario, esta vez más cercano y entrañable, para llevar su arte a los que se congregaron en la emblemática sede social de la Travesía San Juan de la Cruz.
El ambiente era de alegría contenida y expectación. Tras dos fines de semana celebrando la IV Mejilloná, donde los asistentes habían disfrutado del clásico manjar de mejillones al estilo ceutí, la Casa de Ceuta se preparaba para cerrar su temporada de carnaval con la visita de la chirigota que ha marcado el ritmo de la fiesta en los dos últimos años. No era solo un show, sino un encuentro con la tradición local, la música y la sátira que la caracteriza.
La agrupación, dirigida por Daniel Castillo, regresó con el tipo taurino que les ha valido el primer premio en 2026, repitiendo el éxito que ya habían alcanzado en 2025 con ‘Este año te la traigo calentita’. En esta ocasión, los integrantes se vistieron de toreros y recrearon con precisión la plaza de toros de Melilla, incorporando la figura de Rafael —el hombre que saca a los toreros a hombros— como recurso visual central. Desde el primer momento, el público se contagió de la energía de la chirigota, entre risas, aplausos y vítores.
El repertorio mantuvo el sello que ha hecho famosa a la agrupación: pasodobles con crítica social y política, cuplés llenos de guiños locales y un popurrí que recorre la vida cotidiana de Melilla con humor y cariño. El primer pasodoble de la actuación no dejó títere con cabeza. Referencias al Gobierno local, al presidente y su familia, a los recientes ciberataques y polémicas políticas locales, así como a los contratos municipales y la gestión sanitaria, fueron recibidas con carcajadas y aplausos. La adaptación del estribillo de la canción “Me sobra la gente” para comparar al presidente con un torero que “da capotazos a toda la gente” provocó uno de los momentos más coreados de la función.
El popurrí transportó al público por bares y pubs históricos de la ciudad, mientras se bromaba sobre la cabalgata de Reyes —con paraguas y espidifen para los resfriados— y sobre el caballo averiado que necesitaba una baliza. Cada letra, cada gesto, estaba impregnado de humor, cercanía y un profundo conocimiento de la idiosincrasia melillense.
En lo musical, la chirigota volvió a mostrar un trabajo coral impecable. Los tenores llevaban la melodía con fuerza y elegancia, las segundas aportaban armonía y las octavillas brillaban sobre la base como si fueran destellos de luz. El tipo, muy trabajado, mantenía la coherencia con el título de la chirigota y reforzaba la identidad visual del grupo, mientras el público se dejaba llevar por el compás y la emoción de cada interpretación.
Pero sin duda, el momento más emotivo llegó con el pasodoble dedicado por Daniel Castillo a su padre, Gregorio Castillo, un homenaje lleno de amor, respeto y gratitud. La letra, cargada de sentimientos profundos, celebraba la fortaleza de un hombre que cuida con devoción a su esposa, y la entrega silenciosa de una familia que se sostiene mutuamente. La interpretación conmovió a todos los presentes, que respondieron con una ovación cargada de emoción. Fue un instante en el que el carnaval dejó de ser solo diversión y se convirtió en poesía vivida sobre un escenario.
El cierre, con un pasodoble dedicado a artistas locales como Lola Padial, Los Soniketes o el payaso Sarapín, puso el broche final a una jornada que demostró que el Carnaval en Melilla no depende de grandes escenarios ni de despliegues técnicos, sino de pasión, talento y corazón.
Hoy, ‘¿Y tú cómo estás, Rafaé?’ ha demostrado que en Melilla también se vive el carnaval con autenticidad, entrega y sentimiento, y que la risa y la emoción pueden compartirse con todos. La Casa de Ceuta se convirtió en un teatro de emociones, coplas y aplausos que dejarán un recuerdo imborrable en la memoria de quienes tuvieron la suerte de vivirlo.
La chirigota local volvió a mostrar que el verdadero valor del Carnaval está en quienes lo viven con amor, en quienes ensayan sin grandes recursos, y en quienes convierten cada actuación en un homenaje a la ciudad, su gente y sus tradiciones.








