Los herbolarios han dejado de ser ese rincón casi olvidado al que solo acudían unos pocos convencidos de la medicina natural. Hoy viven una segunda juventud. Más clientes, más curiosidad y, sobre todo, más preguntas. En Melilla, uno de esos puntos de referencia es ‘La Herboristería’, en plena avenida Cándido Lobera. Detrás del mostrador está Mariana, que atiende, aconseja y, muchas veces, también desmonta ideas preconcebidas.
El perfil del cliente ha cambiado. Ya no es solo el habitual consumidor de productos naturales. Ahora entra gente joven, deportistas, personas con intolerancias o clientes que simplemente buscan alternativas. “Vendemos suplementación a nivel salud. Es suplementación natural a base de plantas, minerales o vitaminas. También proteínas y alimentos ecológicos”, explica Mariana.
En las estanterías conviven productos que hace unos años parecían de nicho con otros que hoy son casi de consumo diario. Hay alimentos sin gluten, cada vez más demandados. “Hoy en día hay mucha intolerancia”, señala. También opciones veganas, conservas más naturales, como sardinas en bote de cristal, y alternativas para quienes tienen restricciones alimentarias.
Pero si hay algo que domina claramente la demanda, son los suplementos. “Colágeno, imprescindible”, afirma sin dudar. Junto a él, minerales como el magnesio o el potasio y complejos vitamínicos forman parte del día a día de la tienda.
La comparación con la farmacia aparece de forma inevitable en la conversación. Mariana lo tiene claro, aunque matiza que es su percepción personal. “En la farmacia encuentras una muleta. Algo que te quite el dolor o el malestar momentáneo”, explica. Frente a eso, defiende que los productos naturales requieren tiempo. No son inmediatos, pero buscan otra cosa.
“Con lo natural no te vas a sanar en el momento. Lleva su proceso”, dice. Añade que los productos naturales no solo curan sino que previenen. Con constancia, se pueden lograr resultados más profundos. “Yo he sanado una gastritis, una dermatitis y problemas digestivos muy grandes a través de la alimentación y la suplementación natural”.
Eso sí, advierte de que no es un camino rápido. “Tienes que ser muy constante y tener paciencia”. Una frase que resume bien el choque entre la mentalidad actual (más inmediata) y el enfoque de este tipo de productos.
En cuanto al tipo de cliente, Mariana distingue varios perfiles. Por un lado, quienes empiezan a cuestionar la alimentación actual. “Se están informando sobre las carencias que tenemos con la industria de los procesados”. Por otro, personas que no encuentran respuesta a sus dolencias en la medicina convencional y buscan alternativas. Y, por supuesto, deportistas que ya consumen suplementos como proteínas, creatina o cafeína.
Si hay que elegir un producto estrella en Melilla, no hay dudas: “El magnesio y el colágeno”. Dos nombres que se repiten constantemente en las recomendaciones y en las compras.
A la hora de comprar, el comportamiento es bastante equilibrado. “Un 50% viene con la idea clara y otro 50% se deja asesorar”, comenta. Sin embargo, las redes sociales han introducido un nuevo factor. Cada vez más clientes llegan preguntando por productos concretos que se han puesto de moda.
“Pasa mucho con el colágeno”, dice. El problema, según explica, es que no todos son iguales. “Cambia el laboratorio, la marca y la materia prima”. Y ahí entra en juego otro elemento: el precio. “A veces buscan lo más barato, pero la materia prima no es la ideal”.
La percepción social de los herbolarios también está dividida. Mariana lo resume con otro “50 y 50”. Hay clientes que confían y otros que siguen siendo escépticos. Especialmente cuando buscan soluciones rápidas.
“Hay personas que quieren algo para bajar de peso, pero no entienden que no es una pastilla mágica”, explica. Y detalla todo lo que debería acompañar a cualquier tratamiento: alimentación adecuada, horarios, descanso y control del estrés. “El nivel de cortisol influye mucho”.
Cuando esas expectativas no se cumplen, llega la frustración. “Vienen pensando que pueden seguir con su vida igual y que esto les va a hacer efecto. Y no es así”.
Uno de los puntos más delicados es la automedicación. Aunque se trate de productos naturales, Mariana advierte que no todo vale para todos. “Puede que alguien venga buscando un suplemento que no sea el adecuado para él”.
Pone un ejemplo claro: los probióticos. “Son muy delicados”, asegura. En algunos casos, pueden provocar el efecto contrario al deseado si no se toman en el momento adecuado o si la persona tiene una condición previa que desconoce. “Le puede inflamar, le puede dar gases”.
Por eso insiste en la importancia del asesoramiento. No se trata de que el producto sea malo, sino de que no siempre es el indicado.
Aun así, lanza un mensaje de tranquilidad en otros casos. “Nadie se va a intoxicar por tomar vitaminas, magnesio, zinc o colágeno”. Y vuelve a la idea inicial de que la alimentación actual no cubre todas las necesidades.
En medio de modas, redes sociales y prisas, los herbolarios se han convertido en algo más que una tienda. Son un punto de consulta, de dudas y, muchas veces, de cambio de hábitos. Mariana lo ve cada día desde el mostrador. Y lo resume sin rodeos. No hay soluciones rápidas, pero sí caminos que, con tiempo, pueden funcionar.








