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Caballos y artes escénicas se encuentran en la plaza de toros en una nueva apuesta cultural

El espectáculo ‘Melilla: Ciudad de las Culturas’ combina danza, interpretación, identidad cultural y mundo ecuestre en una propuesta que pone en valor el talento local y abre nuevas vías para el ocio y el turismo en la ciudad

por Alejandra Gutiérrez
19/04/2026 18:44 CEST
Caballos y artes escénicas se encuentran en la plaza de toros en una nueva apuesta cultural

De izquierda a derecha: Francis Serón -productora- y Ceres Machado -directora- durante el ensayo del domingo en la Plaza de Toros. -AGC-


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La plaza de toros se ha transformado este fin de semana en algo más que un punto de paso para los corredores de La Africana. El recinto, que aún conserva la inercia de la actividad reciente, ha mutado en un espacio de ensayo abierto donde lo que sucede no responde a una única lógica. Los tendidos permanecen vacíos, pero el lugar no está en silencio: la música emerge desde el centro del ruedo, las pezuñas marcan compases sobre la arena y, entre todo ello, se cuelan las miradas de quienes se acercan con curiosidad, intentando descifrar qué ocurre exactamente en ese cruce de disciplinas. Allí, sobre el albero, conviven dos mundos que rara vez se encuentran en la ciudad, generando una escena que rompe con lo habitual y anticipa algo distinto.

El sol baña el espacio mientras caballos y artistas comparten un mismo plano, sin jerarquías aparentes, sino diálogo. No hay escenografía convencional ni estructuras que delimiten la acción: es la propia arena la que sostiene el relato que empieza a construirse. Los movimientos de los animales, la presencia de las bailarinas, la música y los silencios se entrelazan en un ensayo que no solo busca ajustar tiempos, sino encontrar sentido a una propuesta que se apoya tanto en lo técnico como en lo simbólico, denominada ‘Melilla: Ciudad de las Culturas’. Todo parece estar en tránsito, en proceso, como si cada elemento se colocara poco a poco en el lugar que le corresponde.

Lo que ocurre en el ruedo no nace de la improvisación, aunque conserve esa apariencia orgánica y dinámica. Responde a una idea que lleva tiempo gestándose, alimentada por la observación de lo que sucede fuera y por la necesidad de trasladar esas referencias a una ciudad con características propias. La intención de ampliar la oferta cultural y de ocio, de generar nuevas experiencias que conecten con públicos diversos, se sitúa en el origen de un proyecto que ha ido creciendo de forma progresiva, sin perder su vínculo con el mundo ecuestre.

En este recorrido previo, ‘Entre Reinos y Riendas. Un galope con danzas y sabores’ surge como una primera materialización de la idea, concebida inicialmente en un contexto concreto y vinculada a la empresa ITM. Aquel espectáculo promovido por Francis Serón, de carácter privado, permitió dar forma a una propuesta que hasta entonces se encontraba en fase de ideación, mostrando a un grupo reducido de empresarios las posibilidades de integrar el caballo en un formato escénico más amplio, destacando las particularidades melillenses.

Sin embargo, ese punto de partida no era improvisado. Francis Serón y su hija, Mireya Ambros, llevan toda su vida vinculadas al mundo del caballo, desarrollando un proyecto propio en el ámbito ecuestre que ha ido evolucionando con el tiempo. Ese conocimiento acumulado, esa relación sostenida con los animales, es lo que permite que la propuesta tenga una base sólida. El caballo no aparece como un recurso añadido, sino como el eje vertebrador de todo lo que ocurre, marcando no solo la estética, sino también los ritmos y los límites del espectáculo.

Aquel primer espectáculo privado actuó como detonante. Tras su desarrollo, quedó en el aire una idea que todavía no estaba completamente definida en dimensiones, pero que apuntaba hacia una ampliación del formato. Fue en ese momento cuando surgió un “ya hablaremos” que Francis Serón dirigió a Ceres Machado. Una frase que, lejos de cerrarse en sí misma, abrió un proceso que acabaría derivando en una propuesta más ambiciosa, pensada para un público más amplio y con una estructura narrativa más compleja.

Es en ese punto donde la dramaturgia adquiere un papel central. Ceres Machado no parte de un folio en blanco, sino de una base que ya tenía forma e intención: la unión de caballos, danza y una dimensión cultural que incluso contemplaba lo gastronómico como parte de la experiencia. A partir de ahí, su trabajo consiste en recoger esa idea inicial y dotarla de coherencia narrativa, ampliando su alcance a través de un guion que integra interpretación, danza, música en directo, ritmo escénico y desarrollo dramático.

 

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Inspirada en modelos como el Circo del Sol, la propuesta adopta una estructura en la que un hilo conductor —la historia de los personajes— permite articular un espectáculo de variedades en el que cada intervención tiene sentido dentro del conjunto. Las distintas disciplinas no se presentan como fragmentos aislados, sino como partes de un relato que avanza de forma continua, guiado por los tiempos y las pausas propias del lenguaje escénico.

El resultado es un espectáculo de variedades que se sitúa en un futuro distópico, donde un viajero del tiempo llega a Melilla en busca de respuestas. En su mundo, y en su tiempo, la felicidad ha desaparecido, y es esa ausencia la que lo impulsa a explorar otros lugares. Su llegada a la ciudad se convierte en el inicio de un recorrido en el que descubre una realidad distinta.

El recurso del giratiempo introduce una cuenta atrás que condiciona todo el desarrollo de la historia. El personaje, interpretado por Ito Bueno, dispone de un tiempo limitado para comprender aquello que busca, lo que genera una tensión constante que atraviesa la narrativa. En ese proceso, no solo observa, sino que se implica, se transforma y establece vínculos que modifican su percepción.

Entre esos vínculos aparece el amor, encarnado en el personaje de Mireya Ambros, quien además de participar en la historia coordina el trabajo con los caballos. Este encuentro introduce una dimensión emocional que trasciende lo visual, conectando con el espectador desde un plano más íntimo y dando profundidad al relato. La historia, condensada en 35 minutos, se construye así como un viaje que no solo se observa, sino que permite poner en valor las singularidades de las culturas que se integran en Melilla.

Sobre la arena, el espectáculo reúne a un amplio elenco de artistas locales. Las bailarinas de Ballet Colores y del Ballet de Noe Mata aportan la base coreográfica. La voz en directo de María Mendoza añade una capa emocional al conjunto, mientras que la participación de Marina Blasco con aves rapaces amplía el universo animal adaptado al escénico, introduciendo nuevos elementos que enriquecen la puesta en escena.

Más allá del ámbito artístico, la iniciativa pone de relieve la implicación directa del tejido empresarial y profesional de la ciudad. La construcción del espectáculo no se limita a lo que ocurre en el ruedo, sino que se sostiene sobre una red de trabajo en la que participan técnicos de sonido e iluminación, costureras encargadas de dar forma al vestuario, comercios donde se adquieren telas y materiales, así como mozos y personal vinculado al cuidado de los caballos. Cada elemento del proceso activa a distintos sectores, evidenciando cómo la cultura puede funcionar también como un eje económico capaz de generar actividad y oportunidades dentro del entorno local.

En paralelo, la iniciativa se inserta en un contexto de cambio en la ciudad, marcado por la llegada de cruceros y la progresiva apertura hacia el turismo. Este tipo de propuestas se plantean como una forma de mostrar Melilla desde otra perspectiva, ofreciendo a quienes llegan una experiencia que va más allá de la visita puntual. Al mismo tiempo, evidencian la necesidad de adaptar la oferta cultural a nuevos públicos y ritmos, en un momento en el que el modelo económico comienza a diversificarse. Es en este punto, donde ambas empresarias coinciden. Ceres Machado -directora del espectáculo- y Francis Serón -productora- resaltan la necesidad de adaptación e innovación del tejido empresarial a una realidad de cambio económico de la ciudad. Mirar más allá, diferenciarse, contemplar opciones variadas, se vuelve una realidad y una necesidad.

Esa misma reflexión alcanza también a la población local, especialmente a los jóvenes melillenses. La falta de alternativas de ocio ha sido durante años uno de los factores que ha impulsado el desplazamiento fuera de la ciudad durante fines de semana o periodos de descanso. Iniciativas como esta buscan ampliar ese abanico de posibilidades, generando propuestas que inviten a quedarse, a participar y a reconocer el potencial cultural propio como parte de la vida cotidiana.

Todo ello se articula sin perder de vista un aspecto fundamental: el bienestar animal. Los caballos no son un elemento escénico más, sino el núcleo sobre el que se organiza todo el espectáculo. Su presencia condiciona cada decisión, desde los tiempos de ensayo hasta la incorporación de nuevos estímulos. Cada paso se da de manera progresiva, atendiendo a su comportamiento, a su estado y a su capacidad de adaptación, en un proceso que prioriza su cuidado por encima de cualquier otro factor.

La introducción de música, iluminación, movimiento escénico o incluso la presencia de otros animales se realiza de forma gradual, permitiendo que los caballos se familiaricen con cada elemento sin generar situaciones de estrés. Este trabajo, sostenido por personal cualificado y por una observación constante, convierte el proceso en una construcción pausada, donde cada avance depende de la respuesta de los propios animales y donde su bienestar y cuidado establecen los límites del espectáculo y los horarios.

Con los últimos ensayos en marcha, la plaza de toros se consolida como ese espacio de transición donde una idea toma forma definitiva. Lo que comenzó como una intuición, como una conversación abierta, se presenta ahora como una propuesta estructurada que combina iniciativa empresarial, creación artística y colaboración local. Este miércoles, a las 10.30, la arena dejará de ser un espacio de ensayo para convertirse en escenario. Será entonces cuando el público pueda descubrir cómo esos dos mundos que ahora conviven  —el ecuestre y el escénico— se articulan en un relato que busca, más allá de su puesta en escena, abrir nuevas posibilidades para la cultura en Melilla.

Tags: Ballet ColoresBallet Noe MataCentro de Educación Ambiental de MelillaCeres MachadoClub Hípico High QualityFrancis SerónIto BuenoMaría MendozaMelilla: Ciudad de las Culturas’Turismo

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