Bilal Lahabib es el autor del cartel del Carnaval 2026 de Melilla, una obra que va más allá de la función promocional para convertirse en un ejercicio profundamente personal. Estudiante de Fotografía y con una trayectoria ligada a la Escuela de Artes, donde cursó bachillerato artístico y se formó en diseño gráfico, Bilal ha sabido aunar distintas disciplinas en una propuesta que habla tanto de la fiesta como de su propio proceso creativo.
El cartel parte de una decisión clave: el autorretrato. Bilal optó por utilizar su propia imagen como eje central de la composición, una elección que tuvo un componente práctico, pero también conceptual. “Me utilicé a mí como referencia porque era lo más rápido que tenía; trabajar con otra persona implica permisos y más tiempo”, explica. A partir de esa figura inicial, el resto de elementos fueron surgiendo de manera progresiva y casi orgánica.
Desde el primer momento, el autor tuvo claro que quería construir el cartel desde la figura. “Yo siempre, a la hora de crear un proyecto, me pongo a pensar qué puedo hacer para representar esa idea, y en este caso se me ocurrió aparecer yo”, señala. Ese autorretrato no busca un realismo literal, sino convertirse en un símbolo desde el que se despliega todo el universo visual del cartel.
Uno de los elementos que más destacan dentro de la composición son las manos, que adquieren un protagonismo especial. Para Bilal, no son solo un recurso estético, sino también expresivo. “Las manos son una parte del cuerpo con la que nos expresamos muchísimo; hablamos con las manos”, comenta. Además, aportan dinamismo y funcionan como punto de origen del resto del diseño: de ellas nacen los azulejos que se expanden hacia el fondo.
Estos azulejos conectan directamente con la ciudad. Inspirados en los bancos y elementos urbanos de Melilla, se convierten en un hilo conductor entre la figura y el entorno. “Siempre me han encantado esos azulejos que hay en los bancos, y al incorporarlos en las manos se me ocurrió hacer el resto del cartel con imágenes de Melilla donde aparecieran esos cachitos”, explica el autor, subrayando el carácter local de la obra.
Aunque actualmente cursa estudios de Fotografía, en este proyecto la ilustración tiene un peso fundamental. Bilal reconoce que no se considera ilustrador de carrera, pero sí alguien que ha ido aprendiendo de forma autodidacta. En esta obra “hay más de mi faceta de ilustrador, que he aprendido un poco yo solo en casa”, afirma. La fotografía, sin embargo, está presente de manera más sutil, especialmente en la composición, un aspecto clave que conecta ambas disciplinas.
La técnica empleada es digital, una decisión pensada específicamente para un trabajo de cartelería que debe adaptarse a distintos formatos y soportes. No obstante, el acabado final se aleja deliberadamente del aspecto pulido del arte digital. “Yo soy más de arte tradicional, pero para este tipo de trabajos el digital es lo mejor”, explica Bilal, quien quiso incorporar un trazo más pictórico. “Mi intención era alejarme de ese perfeccionismo del arte digital al que estamos tan acostumbrados últimamente”, añade.
Ese enfoque se percibe claramente en el tratamiento del rostro, donde las manchas de color y el maquillaje se integran de forma libre, sin contornos cerrados. El uso del color tiene un sentido narrativo y emocional muy claro. “Esa parte es la que más dramatismo le da al cartel”, señala el autor. Para él, el carnaval no es solo diversión, sino también sentimiento: “Es alegría, pero también ese drama de llorarle a la sardina; incluso hay gente que llora de felicidad”.
El fondo del cartel se construye a partir de una gama de azules, en la que se integran elementos arquitectónicos reconocibles de la ciudad. Bilal tenía claro que ese color debía estar presente para reforzar la identidad melillense. “El azul era muy importante para dejar claro que es el carnaval de Melilla”, explica. Además, el contraste entre los tonos fríos del fondo y los cálidos del rostro permite separar figura y fondo y generar profundidad visual.
El proceso creativo fue especialmente fluido, algo que sorprendió al propio autor. A diferencia de otros carteles de carnaval que había realizado anteriormente, esta vez la idea surgió con claridad y se desarrolló sin bloqueos. “Este cartel me ha sorprendido porque no me ha costado tanto hacerlo”, reconoce. La razón, según explica, está en el carácter personal del proyecto: “Creo que ha sido más fácil porque sale de dentro de mí”.
La noticia de haber ganado el concurso llegó casi por sorpresa. Bilal se presentó sin grandes expectativas, movido simplemente por el placer de participar. “Participé un poco por participar, porque no pierdo nada y me parece divertido hacer este tipo de cosas”, cuenta. La confirmación fue recibida con ilusión, más aún al recordar que su profesor confió en la propuesta desde el primer momento.
Más allá del premio, el cartel tiene un valor emocional especial para su autor. “Mi yo de 10 años estaría súper contento”, confiesa, recordando su afición infantil por los carnavales y los disfraces. Hoy, esa pasión se materializa en una obra que no solo anuncia una fiesta, sino que refleja una identidad artística en constante construcción.
Bilal se define, ante todo, como artista. “Antes que diseñador o fotógrafo, siento que soy artista”, afirma. Para él, la ilustración, la fotografía y el diseño gráfico no son compartimentos estancos, sino distintas formas de expresión que conviven en un mismo camino creativo. El cartel del Carnaval 2026 se convierte así en una pieza que conecta la celebración, la ciudad y la mirada personal de su autor.








