El próximo lunes 12 de enero, a las cinco de la tarde, la Carpa Eurofantasía acogerá varias actuaciones artísticas dentro de la programación del Yennayer 2976 en Melilla. La compañía de baile Ballet Colores, bajo la dirección de la coreógrafa Merche Hurtado, participará en la celebración del Año Nuevo amazigh con una danza tradicional rifeña que forma parte de su repertorio del espectáculo "Las cinco culturas". Será una colaboración puntual dentro de un evento más amplio, organizado por el Grupo de Mujeres Amazigh, que reunirá música, danza, artesanía y otras expresiones culturales.
Aunque se trata de un único baile, la preparación detrás ha sido intensa. Hurtado destaca que, como en cada montaje que involucra un elemento cultural, hay un proceso de investigación previo que asume con rigor. “Cuando se trata de una tradición que ya tiene una forma, investigo. Me reúno con personas responsables, pregunto qué cosas son correctas y cuáles no. Nosotras no somos musulmanas y estamos bailando un baile musulmán, así que hay que tener mucho respeto”, destaca. Esa base investigadora forma parte de su forma de entender la danza. La coreógrafa cuenta con una biblioteca especializada en danza y folclore, de la que se nutre constantemente, además de recurrir a fuentes digitales y orales que le permiten afinar cada detalle. “Es una parte de mi trabajo que no se ve, pero que para mí es fundamental. Me apasiona investigar, rodearme de libros, aprender. Parece una tontería, pero no lo es. Es un trabajo muy meticuloso”, explica Hurtado.
La pieza, interpretada por Rocío Valdivieso, Alba Rodríguez, África Martín, Laura Gil, Denisa Muntean y Ana Isabel Carrique, es un baile alegre, festivo, lleno de color y de ritmo, en el que las bailarinas lucirán el traje típico del Rif y portarán ayun. “La percusión rifeña tiene una energía muy particular. Son unos ritmos que te invitan a bailar, aunque no sepas. Escuchas una percusión y el cuerpo se te mueve solo”, detalla Hurtado, quien defiende la danza como una herramienta de transmisión cultural capaz de unir tradiciones aparentemente lejanas.
Para el grupo, participar en eventos como el Yennayer es una forma de mostrar la diversidad de Melilla desde el arte escénico. “No hay una manera más bonita de enseñar la multiculturalidad de esta ciudad que con la danza. Es una forma visual, sensible y muy directa de conectar con el público, de enseñar algo que es propio de los pueblos y sus raíces”. Y en esa transmisión, la música juega un papel esencial. Hurtado señala que el flamenco, uno de los géneros que el grupo trabaja de forma habitual, tiene su origen en la música morisca, lo que genera una conexión natural con los ritmos norteafricanos. “Todo está relacionado. El flamenco, la música árabe, la judía… parten de un mismo lugar. Luego cada una ha tomado su camino, pero cuando se fusionan hoy día, encajan tan bien porque ya vienen de un mismo origen”.
Este vínculo entre culturas se refleja en el propio enfoque de trabajo del Ballet Colores. El grupo, con 17 años de trayectoria, se caracteriza por su versatilidad y por abordar múltiples estilos, desde el flamenco a la danza contemporánea, el ballet clásico o el folclore. Esa amplitud de registros obliga a estar en constante aprendizaje y adaptación. “Nosotras bailamos hasta el silencio”, dice Hurtado. “El ritmo va implícito en la danza, en cualquier estilo. Por eso hacemos de todo, porque es una forma de enriquecerte. Tienes que saber de todo para poder resolver, crear, improvisar, bailar…”.
Más allá del montaje artístico, la coreógrafa subraya el esfuerzo personal que hay detrás. Las bailarinas que actuarán el lunes compaginan sus ensayos con estudios, trabajos y vida familiar. “Son unas currantas. Tienen hijos, o están sacándose una carrera, y aún así sacan tiempo para ensayar y para hacerlo bien. La danza es mi amor, y ellas lo han adquirido también”. En algunas actuaciones de Ballet Colores, incluso el vestuario ha sido confeccionado por ellas mismas, lo que añade un valor simbólico al resultado final. “Un espectáculo no es solo lo que se ve. Detrás hay muchas horas de ensayo, de perfeccionamiento, de investigación. Es un trabajo físico, mental y emocional”.
La pieza que bailarán el próximo lunes es también una muestra del estilo cuidado y expresivo que define al grupo. A través del movimiento, la gesticulación, el ritmo y los desplazamientos, el público podrá acercarse a una tradición cultural que las bailarinas han hecho suya desde la dedicación constante. “Cuando representamos danzas culturales lo hacemos con mucha responsabilidad. No vale solo con moverse. Hay que entender lo que se transmite, cómo se transmite, por qué se hace así”, añade Hurtado.
Hurtado insiste en que todo está relacionado, que en el fondo “las personas estamos conectadas de muchas maneras. A veces es una canción, una danza tradicional, una forma de contar las cosas. La música, la danza y el arte en general nos mantienen como personas”. Por eso defiende la importancia de espacios como el Yennayer, que permiten a la ciudad reconocerse en su pluralidad y tender puentes a través de las expresiones artísticas y culturales. Su participación en el Año Muevo Amazigh, para ellas, es un orgullo.
La actuación del Ballet Colores será una de las actividades programadas por el Grupo de Mujeres Amazigh dentro de la celebración del Yennayer 2976, pero contiene, en pocos minutos, una potente declaración de principios: el arte como lenguaje común, la danza como punto de encuentro, y el cuerpo como vehículo de memoria y conexión entre culturas. Melilla, una vez más, se expresará bailando.








