El teatro Kursaal Fernando Arrabal se ha llenado este jueves a las 19:00 horas para escuchar a la neurocientífica, Ana Ibáñez, que ha ofrecido una conferencia tan divulgativa como inspiradora sobre cómo "entrenar el cerebro· para vivir mejor". Con un tono cercano y entusiasta, Ibáñez ha logrado conectar con el público melillense desde el primer minuto combinando ciencia, emoción y ejercicios prácticos que han invitado a la reflexión y a la acción.
“Tengo un bonito reto por delante, y es que en este rato que tenemos juntos quiero pasaros lo que a mí me gusta hacer: cuidar, querer mucho a la gente, y darles secretos que ojalá nos hubieran dado antes, cuando éramos pequeñines, para vivir mejor”.
Desde esa primera frase, la ponente ha conquistado a un público que no solo ha escuchado con atención, sino que ha participado activamente en los ejercicios que ha propuesto. “Me parece genial que me regaléis vuestro tiempo, y yo os voy a hacer de vuelta un regalo. Que os llevéis cosas que os sirvan para la vida”, añadió.
Una entrenadora de cerebros
Doctora en neurociencia y divulgadora, Ibáñez se define con humor y claridad como una “entrenadora de cerebros”. “Igual que existen los entrenadores personales que nos ayudan a fortalecer los músculos del cuerpo, yo me dedico a entrenar el cerebro”, explicó.
A través de sus centros Mind Studio —ubicados en Madrid, Barcelona y Valencia—, su equipo analiza la actividad cerebral mediante sensores y enseña a las personas a mejorar su rendimiento mental. “Nuestro cerebro, igual que otras partes del cuerpo, es absolutamente entrenable”, aseguró. “Podemos desarrollar áreas cerebrales que están ahí dentro, dormidas, y que con los ejercicios adecuados se activan y nos permiten vivir mejor”.
Durante su charla, Ibáñez ha destacado que el entrenamiento mental no es exclusivo del deporte o del alto rendimiento, aunque muchos deportistas de élite lo practican. “Colaboro con la FIFA en programas de entrenamiento cerebral”, señaló. “Ellos saben que la diferencia entre ganar y perder muchas veces no está en el físico, sino en la mente. Pero esto no debería quedarse solo en el deporte profesional. Estar fit y flexible cerebralmente lo necesitamos todos”.
Cuidarse para poder cuidar
Una de las frases que más ha resonado en el auditorio ha sido una que la neurocientífica repite a menudo en sus conferencias: “Cuidarse a uno mismo es el acto egoísta más generoso que podemos hacer por los demás”.
Con esa idea, Ibáñez ha defendido la importancia de dedicar tiempo al autocuidado, sin culpa ni remordimientos. “Si queremos estar sanos mentalmente, tenemos que cuidarnos primero”, subrayó. “Solo desde ahí podremos estar mejor y transmitir cosas buenas a los demás. Las personas que se cuidan también se convierten en mejores personas”.
Tres secretos para vivir mejor
A lo largo de la tarde, la neurocientífica ha ido desgranando varios de los “secretos” que propone en su libro 'Sorprende a tu mente'. Según explicó, existen tres grandes descubrimientos sobre el funcionamiento del cerebro que pueden cambiar nuestra manera de vivir.
El primero, dijo, es que “nuestro cerebro funciona mejor en equilibrio, entre esfuerzo y disfrute”. “Durante mucho tiempo se pensó que la presión y el sacrificio eran los motores del éxito”, señaló. “Pero hoy sabemos que no es así. Cuando solo hay esfuerzo sostenido, el cerebro se pone a la defensiva y se estrecha nuestra visión del mundo. En cambio, cuando disfrutamos, se activa el córtex prefrontal, la zona que nos permite pensar con claridad, tener ideas y aprender”.
El segundo secreto es la flexibilidad cerebral. “La flexibilidad cerebral es la mayor de las inteligencias”, aseguró. “Nuestro cerebro tiende a repetir lo que ya conoce porque eso le da seguridad y ahorra energía, pero si no lo retamos con cosas nuevas, pierde capacidad de adaptación. Por eso es importante cambiar pequeñas rutinas, probar caminos distintos cuando vamos al trabajo o usar la mano no dominante para tareas simples. Son pequeños gestos que mantienen al cerebro vivo y despierto”.
Y el tercer secreto está en la mirada que ponemos sobre las dificultades. “Las crisis explotan la flexibilidad cerebral”, afirmó. “Aunque sean momentos duros, las crisis son lugares de crecimiento, porque obligan al cerebro a hacer nuevas conexiones. Todos hemos pasado por momentos difíciles y, sin embargo, muchas veces salimos de ellos más fuertes, con aprendizajes que nos cambian”.
El poder de los pensamientos
Otro de los grandes temas de la conferencia ha sido el papel de los pensamientos en nuestra vida. “Vivimos aquello que pensamos”, afirmó con convicción. “Frente a una misma situación, la diferencia entre avanzar o rendirse depende del pensamiento que elijas creer”.
Ibáñez ha explicado que los pensamientos surgen de manera automática —“igual que los sueños”—, pero lo importante es decidir a cuáles damos voz. “No importa la cantidad de pensamientos que tengas, porque no te definen. Lo que te define es lo que haces con ellos”, señaló. “Yo, por ejemplo, me imagino que saco mi cerebro, lo pongo enfrente y hablo con él. Le digo: te entiendo, estás cansado, pero no creo lo que estás diciendo”.
Para generar pensamientos más positivos, insistió, es fundamental cuidar la energía cerebral. “Cuando estamos cansados, con hambre o estresados, vemos la vida más oscura. Pero cuando tenemos buena energía, incluso ante las dificultades, somos capaces de reaccionar mejor, tener ideas o pedir ayuda”.
Ejercicios para el bienestar
La neurocientífica ha propuesto al público un pequeño ejercicio práctico para “engañar al cerebro” y generar energía positiva. “Nuestro cerebro no distingue muy bien si algo está pasando de verdad o si lo estamos imaginando”, explicó. “Si cierras los ojos, escuchas una canción que te guste y visualizas un momento feliz del pasado con todos los sentidos —los colores, los sonidos, la temperatura—, el cerebro lo vive como si estuviera ocurriendo ahora. Eso activa las mismas zonas cerebrales de bienestar”.
Con la ayuda de la música y del silencio del auditorio, Ibáñez guió al público en este breve viaje mental. Al terminar, muchas personas sonreían, otras se secaban una lágrima y todas aplaudían. La mezcla de ciencia y emoción había funcionado.
La conferencia, organizada con la colaboración de la Consejería de Cultura, ha sido todo un éxito. Y así, entre aplausos y agradecimientos, ha concluido una cita que ha dejado al público melillense con la sensación de haber aprendido algo valioso y, sobre todo, con ganas de empezar a entrenar su propio cerebro.







