La Escuela Infantil Virgen de la Victoria estrena una imagen renovada tras ocho meses de obras. El centro, que tiene alrededor de 60 años, ha recibido una actuación de 374.000 euros destinada a mejorar sus instalaciones y, sobre todo, las condiciones en las que cada día estudian y trabajan sus usuarios.
La recepción de los trabajos se ha realizado este martes con la presencia del vicepresidente primero de la Ciudad, Miguel Marín, y del consejero de Educación, Miguel Ángel Fernández Bonnemaison. La actuación ha sido ejecutada por la empresa Promeco en un plazo de ocho meses.
Uno de los cambios más destacados está en el aula destinada a los bebés. Se ha creado un espacio de 80 metros cuadrados totalmente insonorizado, con suelos de protección y mobiliario adaptado a la normativa actual. Una mejora pensada para los más pequeños, que tienen entre cero y tres años.
Pero no ha sido la única intervención. Los trabajos también han permitido actuar sobre la carpintería exterior del edificio y parte de la interior. Además, se ha renovado el suelo de los pasillos y se han incorporado diferentes medidas de seguridad.
El objetivo, según ha explicado Marín, era claro. Actualizar un edificio que ya acusaba el paso del tiempo y convertirlo en un espacio más adecuado para los niños, pero también para los trabajadores.
Ocho meses
La reforma ha tenido una particularidad. Los trabajos se han realizado mientras la escuela infantil continuaba funcionando. Una situación que ha obligado a los 43 profesionales del centro a convivir durante meses con la obra.
Marín ha querido reconocer expresamente el esfuerzo del personal. Ha agradecido a todos los trabajadores del centro la paciencia que han tenido durante estos ocho meses, mientras seguían prestando sus servicios y atendiendo a los niños.
“Son cuarenta y tres profesionales que han llevado estoicamente esa combinación de realización de obra, al mismo tiempo que continúan prestando sus servicios y realizando sus tareas”, ha señalado.
Una convivencia que no siempre resulta sencilla. Ruido, trabajos y cambios en los espacios habituales mientras el día a día de la escuela tenía que continuar. Y todo ello con niños pequeños en las aulas.
Ahora, con la actuación terminada, la situación cambia. “Creo que ha merecido la pena esa paciencia y esa espera de estos ocho meses”, ha afirmado el vicepresidente primero.
Para Marín, el resultado demuestra que la intervención era necesaria. El edificio tiene unos 60 años y necesitaba una actualización importante para adaptarse a las necesidades actuales.
Más seguridad
La reforma también tiene una parte que no siempre se ve, pero que resulta fundamental en una escuela infantil. La seguridad.
El Gobierno de la Ciudad destaca que las instalaciones han incorporado medidas acordes con la normativa vigente. Una cuestión especialmente importante en un centro al que acuden cada día niños de entre cero y tres años.
Marín ha señalado que los padres podrán estar “totalmente tranquilos” con las nuevas condiciones del centro. También ha subrayado que los trabajadores dispondrán ahora de mejores espacios para desarrollar sus tareas.
Y es que la reforma no se ha planteado únicamente desde el punto de vista de los alumnos. La mejora alcanza a toda la comunidad educativa. Niños, familias y profesionales.
Una escuela infantil no es solo un lugar donde dejar a los niños durante unas horas. Es su primer contacto con un entorno educativo. También uno de los primeros espacios fuera de casa en los que pasan buena parte del día. Por eso las condiciones importan.
Seis décadas de historia
La Escuela Infantil Virgen de la Victoria lleva alrededor de seis décadas formando parte de la ciudad. Ahora afronta una nueva etapa después de una rehabilitación que ha permitido actualizar buena parte de sus instalaciones.
La inversión ha ascendido a 374.000 euros y los trabajos han sido ejecutados por Promeco en ocho meses. Una actuación que, según ha defendido Marín, era necesaria por la antigüedad del edificio.
El vicepresidente primero ha expresado la satisfacción del Gobierno de la Ciudad por haber podido completar la intervención. También ha trasladado su deseo de que los niños puedan disfrutar de las nuevas instalaciones.
“Los pequeños van a estar en las mejores condiciones”, ha asegurado.
Y ahora toca recuperar la normalidad. Sin obras, sin esperas y con unos espacios renovados. Para los profesionales que han soportado estos ocho meses de trabajos y, especialmente, para los niños que llenan cada día las aulas, ese es probablemente el cambio más importante.








