El verano se convierte cada año en un escenario perfecto para seguir aprendiendo fuera de las aulas. Los campamentos estivales ofrecen a los más pequeños la oportunidad de descubrir nuevas experiencias, convivir con la naturaleza y desarrollar una mirada más cercana hacia el entorno que les rodea. Con ese objetivo, el Centro de Educación Ambiental continúa impulsando sus proyectos pedagógicos dirigidos a la infancia, apostando por actividades que combinan conocimiento, diversión y sensibilización medioambiental.
En esta ocasión, la propuesta se trasladó hasta las instalaciones del Club Hípico High Quality, donde las niñas participantes en el campamento de verano disfrutaron de una jornada muy especial en compañía de varias aves rapaces y de un nuevo integrante que se estrenaba en estas intervenciones educativas: Snow, una serpiente de maíz que despertó tanta curiosidad como sorpresa.
La mañana comenzó en un ambiente de expectación. Las pequeñas se reunieron alrededor de una mesa instalada junto a la pista del club hípico, observando con atención todo aquello que iba apareciendo ante sus ojos. El entorno, rodeado de naturaleza y con la presencia de los caballos del centro, se convirtió en el escenario perfecto para una actividad que buscaba crear un vínculo directo entre la infancia y la fauna.
Sobre los guantes de sus cuidadores fueron haciendo acto de presencia algunas de las protagonistas de la jornada. La elegante figura de Hera, un halcón peregrino, impresionó por la intensidad de su mirada y la belleza de su plumaje. Junto a ella, el pequeño Flash, un cernícalo americano de rápidos movimientos, despertó la simpatía de las niñas, mientras que Tintín, un autillo cariblanco de aspecto entrañable, logró arrancar sonrisas y despertar la curiosidad de las participantes. La presencia de Sirius, un águila Harris de gran porte, permitió además conocer de cerca una de las rapaces más utilizadas en trabajos de cetrería y control de fauna.
Cada animal se convirtió en una oportunidad para aprender. Marina Blasco y José Carralero condujeron la actividad apoyándose en diferentes fichas pictóricas y en una metodología completamente participativa que invitaba a las niñas a preguntar, tocar, observar y descubrir. A través de explicaciones sencillas y adaptadas a su edad, fueron abordando aspectos relacionados con la evolución de las aves, sus características morfológicas, su alimentación y los hábitats en los que viven.
La experiencia fue mucho más allá de una simple exhibición de animales. Se trató de una auténtica inmersión en el mundo de las aves rapaces. Las participantes descubrieron que las aves actuales conservan una estrecha relación con los dinosaurios, aprendieron por qué cada especie tiene un tipo de plumaje diferente y comprendieron la importancia de las plumas como herramienta para el vuelo, el camuflaje o la protección frente a las inclemencias del tiempo.
El carácter sensorial de la actividad también tuvo un papel destacado. Las niñas pudieron tocar diferentes plumas y apreciar las diferencias entre unas y otras, comprobar su textura, su suavidad o su rigidez y conocer las particularidades de cada especie. Observaron cómo se mueven las aves, escucharon algunos de sus sonidos y descubrieron detalles que, de otro modo, difícilmente podrían apreciar en la naturaleza.
La interacción con los animales fue uno de los momentos más especiales de la mañana. Las pequeñas sostuvieron a las aves sobre sus brazos, las observaron de cerca, las acariciaron y participaron en su alimentación. Algunas incluso aceptaron el reto de mantener el equilibrio mientras una de las rapaces se posaba sobre su cabeza, convirtiendo la experiencia en un recuerdo difícil de olvidar.
La participación fue constante durante toda la actividad. Las preguntas se sucedían unas tras otras, las respuestas daban paso a nuevas inquietudes y cada descubrimiento despertaba una nueva sonrisa. La curiosidad se convirtió en el motor de una jornada en la que el aprendizaje surgió de manera natural, a través de la experiencia y del contacto directo con los animales.
Antes de la cercanía con las aves, la actividad contemplaba un elemento sorpresa con la presentación de Snow, una serpiente de maíz que se incorporaba por primera vez a estas actividades de educación ambiental. Su aparición provocó reacciones muy diferentes. Algunas niñas reconocieron sentir miedo al principio, mientras que otras se mostraron fascinadas por poder observar tan de cerca un animal que habitualmente está rodeado de cierto desconocimiento.
Precisamente, ese era uno de los principales objetivos de su presencia. Marina Blasco explicó que las serpientes suelen generar rechazo por la falsa creencia de que todas ellas son peligrosas. Sin embargo, Snow permitió demostrar que muchas especies son completamente inofensivas y que, al igual que cualquier otro animal, merecen respeto y protección. "Intentamos romper ese tópico y que también se quieran a las serpientes, que son animales muy rechazados. Intentamos generar un vínculo de concienciación", explicaba tras la actividad.
La responsable del proyecto destacó también el enorme trabajo que existe detrás de cada intervención. Todos los animales que participan en estas actividades son socializados desde pequeños para acostumbrarse al contacto con las personas y a diferentes entornos y estímulos, siempre priorizando su bienestar y garantizando que las experiencias se desarrollen de manera tranquila y segura.
"Nosotros dedicamos muchísimo tiempo y muchísimo amor. Son nuestros compañeros y sin ellos no somos nada", señalaba Marina, quien explicó la importancia de una correcta alimentación, de los cuidados específicos que requiere cada especie y de la necesidad de mantener a los animales en un estado de calma que les permita participar en estas iniciativas educativas.
Más allá del aprendizaje relacionado con la fauna, la actividad posee un importante componente emocional, cognitivo y motriz. El simple gesto de dar de comer a un ave exige coordinación y precisión en los movimientos de las manos. Mantener el equilibrio con una rapaz sobre el brazo o la cabeza implica un trabajo físico que se desarrolla de forma natural, mientras que el contacto con las plumas y las diferentes texturas estimula los sentidos y favorece el desarrollo sensorial.
Pero, sobre todo, la jornada quiso transmitir un mensaje de respeto hacia el medio ambiente. Las niñas aprendieron que los árboles son el hogar de muchas aves, que los espacios naturales deben mantenerse limpios y que cada pequeño gesto contribuye a proteger la biodiversidad. Cuidar de la naturaleza significa también cuidar de los animales que viven en ella.
La actividad concluyó entre fotografías, abrazos y comentarios de asombro por parte de las participantes, que se despidieron de los animales con la sensación de haber vivido una experiencia única. Una mañana en la que el conocimiento salió de los libros para transformarse en emoción, descubrimiento y cercanía con la naturaleza.
El Centro de Educación Ambiental y el Club Hípico High Quality volvieron a demostrar que el contacto directo con los animales constituye una herramienta educativa de enorme valor. Porque conocer la fauna, entender su importancia y aprender a respetarla es, en definitiva, el primer paso para construir una sociedad más comprometida con la conservación del entorno natural.







