La Casa Regional de Ceuta en Melilla cerró este fin de semana su programación de Carnaval con una nueva edición del ‘Velatorio y Entierro de la Caballa’, una tradición ceutí que la entidad celebró el sábado 21 y el domingo 22 de febrero y que, según trasladó su presidente, Ramón de la Cruz, ha servido para poner el broche final a tres fines de semana consecutivos de actividades en su sede social. La propuesta, ya asentada en el calendario de la Casa, volvió a reunir a socios y simpatizantes en un ambiente cercano y distendido, donde las costumbres de Ceuta se compartieron en Melilla como un espacio de convivencia y participación.
Por cuarto año consecutivo, la Casa regional organizó este simbólico “velatorio” en torno a una caballa carnavalera que, tras presidir la jornada, protagonizó el posterior entierro conforme a la tradición. La entidad volvió a subrayar el sentido de esta celebración como un guiño cultural que conecta a ambas ciudades: mientras en Melilla se entierra una sardina y en Málaga un boquerón, en Ceuta la despedida del Carnaval se escenifica con una caballa, de ahí que la Casa fomente esta costumbre entre ceutíes y melillenses, reforzando la identidad propia de la festividad y su carácter popular.
El acto mantuvo el tono desenfadado y familiar que lo caracteriza, pero incorporó detalles que lo hicieron especialmente participativo. La difunta Caballa quedó expuesta presidiendo el salón principal, de manera que cualquiera pudiera acercarse a darle el último adiós y, como parte del espíritu carnavalesco, fotografiarse junto a ella, “uno de sus últimos deseos”, según la narración simbólica planteada por la entidad. En esa misma línea, la Caballa —presentada como viuda de Don Volaor y autóctona de la Almadraba ceutí— “recibió” los santos sacramentos con sal marina de Ceuta entre los presentes, un gesto ritualizado que cada año enmarca el adiós hasta la siguiente edición.
Para reforzar la escenografía del velatorio, desde la organización se invitó a los asistentes a acudir vestidos de negro dentro de las posibilidades de cada uno. La Junta Directiva completó la iniciativa instalando un perchero con complementos negros para la cabeza —pamelas, chisteras, bombines, tocados y otras prendas— con la idea de que quien quisiera pudiera sumarse al “luto” con un toque festivo y, de paso, inmortalizar el momento con alguna foto junto a la Caballa. El resultado fue un ambiente de participación continua, con entradas y salidas al salón principal, comentarios entre los presentes y esa mezcla de solemnidad paródica y humor colectivo que define este tipo de despedidas carnavalescas.
La gastronomía volvió a ser un elemento central de la cita. Durante el velatorio, la Casa Regional de Ceuta en Melilla ofreció el plato típico ceutí de “cazuela de fideos con caballa”, pensado —según el tono del propio acto— para hacer más llevadero el “trágico momento” con el que simbólicamente se despide el Carnaval y se da paso a Doña Cuaresma. Junto a ese guiño culinario, la entidad mantuvo el espíritu que ha impregnado toda su programación de estas semanas: compartir mesa y conversación como forma de reforzar vínculos, con una cocina que actúa también como hilo conductor de la memoria y la tradición.
Entre las novedades de este año, la entidad destacó la exposición en la sede de una escultura carnavalera con una mezcla entre caballa y sardina, una imagen que, tal y como se explicó desde la Casa, pudo mostrarse gracias a la colaboración con el área de Festejos de la Ciudad Autónoma de Melilla, que dirige la consejera Fadela Mohatar. La idea, en este caso, fue aprovechar un trabajo ya realizado y darle visibilidad, especialmente después de que la cabalgata de Carnaval se viera condicionada por la meteorología y no pudiera culminar como estaba previsto. De este modo, la pieza se integró en la despedida del Carnaval dentro de la sede, permitiendo que el público pudiera contemplarla y, en cierto modo, “dar sepultura” a la fiesta como merece, en palabras trasladadas por Ramón de la Cruz en clave humorística.
Con este cierre, la Casa de Ceuta en Melilla concluye un Carnaval que se ha vivido, sobre todo, como una suma de encuentros: jornadas de convivencia en la sede, ambiente de barrio, familias y grupos de amigos entrando a participar, y una programación pensada para mezclar tradición ceutí con aportaciones locales. Más allá del componente festivo, la entidad remarca que con celebraciones como esta refuerza su papel en la ciudad que la acoge y contribuye a la difusión de costumbres y manifestaciones culturales que forman parte del patrimonio compartido de Ceuta y Melilla. La valoración interna, según trasladan desde la Casa, es la de una edición “exitosa” que consolida el compromiso con la cultura y el asociacionismo, y que abre la puerta a seguir impulsando eventos que alimenten el sentimiento de pertenencia y la participación ciudadana.
El Entierro de la Caballa ha sido, así, el punto final a un calendario que venía desplegándose desde principios de mes. En los dos fines de semana anteriores, la Casa Regional de Ceuta en Melilla ya había generado ambiente con actividades que combinaron gastronomía y actuaciones, propiciando un clima cercano y distendido. Por un lado, la entidad inauguró la programación con una edición de la Mejilloná, una cita ya habitual en su agenda carnavalesca; por otro, el segundo tramo del programa incorporó actuaciones de chirigotas melillenses, llevando el pulso del Carnaval a un formato más íntimo en la sede. En ese marco actuó la chirigota ganadora del concurso local, ‘¿Y tú cómo estás, Rafaé?’, y la chirigota ‘Maestros de la Postura’, completando un cierre de programación en el que las coplas y el humor sirvieron de antesala perfecta al velatorio y entierro que este fin de semana despidió definitivamente la fiesta en la Casa Regional de Ceuta en Melilla.








