Es una triste realidad, pero totalmente cierta: Melilla sigue estando sucia. O el consejero de Medio Ambiente, Daniel Ventura, da un golpe en la mesa y obliga a la concesionaria a mantener un servicio eficiente o la imagen de la ciudad se seguirá deteriorando día a día. Y eso es algo que no nos podemos permitir, menos ahora, en la época estival, cuando el calor hace estragos y son más los turistas que nos visitan. Ha llegado el momento de que Ventura ponga la línea roja porque los melillenses no nos merecemos el espectáculo que nos ofrecen las calles.
No vamos a negar aquí que la actitud incívica de muchos ciudadanos contribuye de forma notable al deterioro de la limpieza. Eso es una gran verdad que en modo alguno se puede obviar. Sin embargo, no es menos cierto que hay barriadas en las que no se ve un solo barrendero por semanas, que no se recogen las papeleras rebosantes de desperdicios y que los contenedores esparcen un hedor difícilmente soportable. Es evidente que o falta personal o falla la planificación; o también puede suceder que se den los dos supuestos a la vez.
Pero sea lo que sea, el contribuyente no tiene por qué pagar el pato, como tampoco debe hacerlo la ciudad. Queremos una Melilla más limpia, acorde a los tiempos que corren. No basta con hacer una limpieza de choque de forma puntual en un lugar determinado y olvidarse de volver por allí hasta que se llama la atención por la suciedad acumulada. Ese no puede ser en modo alguno el modus operandi.
Un ejemplo de lo que está sucediendo con la falta de limpieza se puede encontrar en el Parque Hernández, el más céntrico de la ciudad, el que visita todo el mundo que viene que fuera, el que atraviesan cientos de ciudadanos cada día. La imagen que ofrece es deplorable: el suelo lleno de hojas caídas, de papeles, bolsas, envases... Eso no se puede consentir de ninguna de las maneras y aplaudiríamos al consejero Ventura si llama a capítulo a los responsables de la concesionaria y les pone las orejas coloradas.
La limpieza es una de las cosas en las que más se fijan los ciudadanos. El Gobierno puede hacer la mejor gestión del mundo, construir todo tipo de infraestructuras y tener una política social impecable que si las calles están sucias, nadie verá el trabajo que se viene haciendo.









De verdad SEMOS, así de guarros, o es que intereses de las asociaciones, que mueven a los lelos, en su afán de subida de sueldos y más vacaciones, atusándoles a que reclamen plazas de funcionarios municipal.