La sala de exposiciones del Real Club Marítimo de Melilla se convierte estos días en un espacio vibrante, vivo, casi palpitante. Allí, las paredes no solo acogen cuadros, sino emociones en movimiento, trazos inacabados, relatos sin palabras. Entre las artistas participantes en la muestra colectiva Miradas de Mujer, se encuentra la obra de Zulema Bagur, creadora menorquina con una larga y comprometida trayectoria artística, cuya aportación a esta exposición conecta profundamente con la espiritualidad, la energía femenina y el color como lenguaje emocional.
Las obras de Zulema Bagur vuelven a resplandecer en Melilla, como ya hiciera en 2023 cuando participó en la exposición itinerante con motivo del 25 aniversario de la naviera Baleària. Aquel encuentro con la ciudad le dejó imágenes, sensaciones y colores que capturó en bocetos y libretas. Ahora, regresa con una propuesta distinta pero igualmente impactante: una serie de obras inspiradas en la India, país que visitó recientemente y que dejó una huella poderosa en su mirada y en su paleta.
“Me impactó la manera en que las mujeres se acompañan, se ayudan, colaboran en comunidad. Están presentes en las calles, con sus hijos, en los mercados. Quise representar esa red de apoyo, ese lenguaje colectivo”, explica Bagur. Sus palabras remiten a una de las claves de su trabajo en Miradas de Mujer: la construcción simbólica de lo femenino como fuerza social, como energía creadora, como sostén de lo cotidiano y lo espiritual.

Lejos de representar escenas de forma literal, la artista opta por un lenguaje que mezcla lo figurativo con lo abstracto, lo poético con lo plástico. En sus lienzos hay mujeres, sí, pero no como retratos definidos, sino como presencias intuidas, como siluetas en movimiento, como destellos que emergen del color. “Pinto de pie, moviéndome. Es como una danza. El gesto no está acabado, la pincelada queda viva. Me gusta sugerir más que contar”, afirma. Esa gestualidad, ese movimiento corporal, atraviesa toda su obra: cada trazo nace del cuerpo, no solo de la mano; cada textura cuenta con la colaboración del azar, de la materia, de lo que fluye.
Una de las señas de identidad de Zulema Bagur es precisamente esa necesidad de experimentar, de no quedarse nunca en la zona de confort. A lo largo de sus más de 35 años de trayectoria ha transitado por el dibujo, la pintura, la escultura, el grabado, la instalación, el teatro y la literatura. Su obra se alimenta de esa diversidad, de esa constante búsqueda de nuevas formas de decir y de sentir. “Exploro, mezclo técnicas, me apunto a cursos distintos. Si no pudiera reinventarme, me habría aburrido hace años”, confiesa.
En los últimos años ha incorporado a sus trabajos fragmentos de texto, escritos propios que surgen en el proceso creativo y que a veces forman parte de sus libretas de artista. Son palabras manuscritas o impresas, a veces casi escondidas entre capas de pintura, que funcionan como susurros, como hilos de sentido. “No describen la escena, pero sí la emoción que la rodea”, explica. Escribir forma parte de su forma de estar en el mundo, y esa pulsión literaria se entrelaza con su pintura de forma natural, orgánica.
El collage, el uso de materiales diversos, las transparencias, las superposiciones, las veladuras... Todo en su obra responde a una intención clara: crear una experiencia visual que no sea estática, que invite a moverse, a acercarse y alejarse, a descubrir detalles, texturas, sorpresas. Sus cuadros se revelan poco a poco, en capas. De cerca, el espectador encuentra palabras, manchas, papeles, matices. De lejos, emerge la figura, la escena, el paisaje. Es un juego visual y emocional que convierte cada obra en una pequeña travesía.
En la muestra Miradas de Mujer, que puede visitarse en Melilla hasta el 7 de diciembre, Bagur ha querido rendir homenaje a las mujeres indias que conoció en su viaje, pero también a todas las mujeres que cuidan, sostienen, trabajan, luchan, crean comunidad. “La India me dejó esta sensación de apoyo entre ellas, de energía colectiva. Vi cómo se acompañan, cómo están juntas en los espacios públicos, y eso me contrastó mucho con la vida en las grandes ciudades europeas, donde a veces se pierde esa conexión humana”, relata.
La dimensión social y transformadora del arte es otro de los pilares de su trabajo. Bagur no concibe la creación como un acto aislado, sino como un proceso que se nutre de lo colectivo, de lo que se vive, de lo que se comparte. En este sentido, destaca el valor de las exposiciones colectivas como Miradas de Mujer, que permiten mostrar no solo obras, sino también miradas distintas, lenguajes diversos, perspectivas únicas. “Compartir con otras artistas es muy enriquecedor. Ves cómo cada una interpreta el mundo, cómo expresa lo que siente, y eso te abre también a ti otras formas de mirar”, señala.
La exposición forma parte de un proyecto impulsado por la Fundación Baleària, con la colaboración de la asociación ArtambB, y que tiene como objetivo dar visibilidad al arte femenino contemporáneo a través de itinerancias por diferentes ciudades del Mediterráneo. Bagur quiso dejar constancia de su agradecimiento: “Estos proyectos y exposiciones por diversas ciudades del Mediterráneo son posibles gracias a la labor, iniciativa y organización de la Fundación Baleària, así como la colaboración de la asociación ArtambB. Sin estas propuestas y apoyo al arte y los artistas, no sería posible. Que las obras viajen y lleguen a tantas personas de culturas y lugares distintos, es esencial”. También subraya la importancia de contar con espacios adecuados para mostrar las obras: “Contar con buenos espacios expositivos es importante para la expresión cultural. El arte necesita lugares donde pueda ser visto, vivido, sentido”.
Además de la pintura, la artista ha explorado otras disciplinas que han influido profundamente en su forma de trabajar. Participó en talleres de teatro, de narrativa, de escultura. Incluso cuenta que tras una experiencia intensa trabajando piedra en un curso de escultura, notó cómo sus dibujos cambiaron: “Tenían más fuerza, más garra. Es como si el cuerpo hubiese absorbido la energía del martillo y luego la trasladara al trazo”. Cada experiencia, cada técnica, cada etapa vital deja una huella que se transforma en materia artística.
Zulema Bagur vive en Menorca, rodeada de mar y naturaleza, pero con los ojos siempre abiertos al mundo. Sus viajes, su entorno, sus lecturas, sus emociones, todo forma parte de un proceso de creación que nunca se detiene. “Cada proyecto me transforma. Y creo que el arte puede transformar a quien lo hace y a quien lo mira. Puede despertar emociones, recuerdos, preguntas, reflexiones”, dice convencida.
La suya es una obra que no se conforma con decorar, que no busca agradar por agradar, sino provocar una conexión, una mirada más atenta, más sentida. A través del gesto, del color, de la palabra y de la materia, Bagur construye un universo propio que dialoga con el espectador desde lo íntimo y lo colectivo. En Miradas de Mujer, su propuesta brilla con fuerza, envuelta en los naranjas, verdes y magentas de la India, pero también en los silencios, en las transparencias, en los textos apenas legibles que susurra la tela. Sus cuadros no solo se miran: se escuchan, se sienten, se recorren. Porque el arte, en Zulema Bagur, no es solo forma ni solo contenido. Es impulso, es cuerpo, es pregunta. Es un acto de vida. Una forma de transitar por este mundo y, desde ahí, imaginarlo también un poco distinto.








