Una alimentación saludable en la vejez ayuda a vivir más y mejor

El doctor Jaume Serra ofrece las claves para comprender los cambios que el cuerpo experimenta en esta etapa de la vida y cómo afrontarlos para conservar la salud.

Llegar a viejo no significa que haya que cuidarse menos. Muy al contrario, la vejez puede vivirse mejor a través de una alimentación saludable y con un ejercicio diario moderado en la mayoría de los casos. El doctor Jaume Serra estuvo recientemente en la ciudad para explicar, a través de una charla, los cambios que el cuerpo experimenta al envejecer y cómo las personas debemos adaptarnos a las nuevas circunstancias y cómo alimentarse de una manera saludable.

La dieta a seguir no dista mucho de la que debería cumplir una persona adulta más joven. En primer lugar hay que considerar el número de kilocalorías que se gastan al día para determinar las que se deben ingerir a través de los alimentos para mantener sus funciones orgánicas y llevar a cabo distintas actividades cotidianas.

Alguno de los cambios corporales que se experimentan con la edad son: la sensación del hambre, la sensación de sed, el sentido del gusto, modificaciones en la dentición, alteraciones en la motricidad e intestinales.

También hay que tener en cuenta otros factores no biológicos como determinadas situaciones familiares que predisponen a una malnutrición por ello es recomendable comer acompañado para disfrutar de la comida que no para ello tienen que ser alimentos caros ni mucho menos. Además, la disminución de la actividad física regular es otro de los factores que influyen en esta etapa de la vida por lo que es aconsejable mantener ciertas rutinas como pasear, ir a comprar o jugar a la petanca.

Así pues la alimentación de las personas mayores no ha de diferir esencialmente de la de colectivos poblacionales más jóvenes. Sin embargo, las especificidades fisiológicas del envejecimiento así como  los cambios orgánicos acaecidos durante el mismo obligan a determinados ajustes para optimizar el rendimiento nutricional y, algo muy importante,  para consolidar un nivel de salud que permita una longevidad saludable y con una elevada calidad de vida.

Por último, los beneficios directos de una alimentación adecuada a la edad es el incremento del nivel de salud, disminución del riesgo de enfermedades o atenuar su curso, ralentizar el proceso de envejecimiento e incrementar el nivel de satisfacción y de la calidad de vida. Otros beneficios indirectos son el incremento de la integración social de las personas mayores a través de la actividad cotidiana y un mejor mantenimiento de la salud y una etapa final de la vida de una mayor calidad.

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