Que Melilla no está limpia es prácticamente una obviedad que comparte incluso el propio consejero de Medio Ambiente y Naturaleza, Daniel Ventura. Y buena parte de los motivos que han llevado a esa situación se pueden dividir en dos aspectos: uno, la falta de civismo y de colaboración por parte de un buen sector de la ciudad, que ni se plantea cualquier pequeña acción dirigida a no ensuciar las calles, sino todo lo contrario; otro, que cuando el actual Gobierno llegó en julio de 2023 comprobó que casi el 60% de los recursos destinados a la limpieza prácticamente ya no existían. Increíble, pero cierto.
Ambas circunstancias se juntaron y provocaron que Melilla no tenga la imagen que debía tener a estas alturas del siglo XXI. Por eso es una buena noticia que la Ciudad Autónoma esté a punto de empezar a recibir, a partir de la próxima semana, la nueva maquinaria destinada a la limpieza viaria. El esfuerzo económico que se ha realizado en tal sentido es grande. Estamos hablando de una inversión de 5,6 millones de euros, que, además, se verá reforzada con otra partida presupuestaria más de otros 2,8 millones.
El coste de la limpieza pública es enorme y no queda otra que equipararlo a los resultados que todos los ciudadanos desean: unas calles razonablemente normales, sin malos olores por las basuras depositadas fuera de los contenedores (y del horario establecido), con papeleras vaciadas, etc.
El melillense, por su parte, está obligado a poner de manifiesto su educación en materia ciudadana. Es decir, no tirar desperdicios sin más sino llevarlos hasta la papelera o el contenedor y enseñar a los más pequeños a hacerlo. Eso se llama civismo, se llama ciudadanía, se llama saber inculcar buenos valores porque el niño de hoy será el adulto de mañana y necesita desde ya que se le enseñe cómo debe comportarse para la convivencia en Melilla.
Por eso no está de más que haya cooperación entre Medio Ambiente y Seguridad Ciudadana en cuanto a contemplar la limpieza en la ciudad. La Policía Local debe extremar mucho más la vigilancia, advertir y sancionar a los incívicos de siempre, a quienes utilizan el poco espacio libre que tenemos en Melilla para depositar allí sus vertidos ilegales, a quienes dejan las basuras fuera de horario y contenedor y, en definitiva, a todo aquel que no comprenda que vivir en sociedad tiene unas reglas que deben cumplirse sí o sí porque, si no, tendrá consecuencias.








