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Inicio » Editorial

Un día afortunado

por Redacción El Faro
18/03/2012 00:41 CET

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Después de la trágica muerte el pasado viernes de un inmigrante argelino a manos, presuntamente, de otro de nacionalidad tunecina, la jornada de ayer se puede calificar como un día afortunado por lo que podría haber pasado y felizmente no llegó a ocurrir. El día comenzó con la noticia de un importante incendio en el poblado de chabolas de Palma Santa, donde las llamas arrasaron una veintena de estas infraviviendas y estuvieron a punto de cobrarse la vida de una mujer y un niño, ambos subsaharianos. La rápida intervención de los bomberos y de los agentes de la Guardia Civil evitó que hubiera que lamentar daños personales.
Antes había tenido lugar la entrada de dos embarcaciones en Melilla con doce inmigrantes en total. Una de ellas, una barca de juguete, llegó a duras penas hasta el puerto comercial. Justo cuando sus cinco ocupantes lograron poner pie en tierra, se hundió.
Desde mucho antes, las dos de la madrugada, Salvamento Marítimo buscaba una patera que había salido de las proximidades de Alhucemas, estaba ocupada por un elevado número de inmigrantes, viajaba hacia la península y podía estar peligro. No pudo ser localizada hasta la una del mediodía, cuando la avistó el buque Volcán de Timanfaya, que realizaba la ruta entre Motril y Melilla.
Ayer fue un día feliz para los profesionales que trabajan para tratar evitar tragedias y para los ciudadanos que confiamos en ellos nuestra seguridad. Hay circunstancias y situaciones que hacen difícil adoptar medidas de prevención. Pero otras situaciones, como el poblado de Palma Santa, son un continuo aviso de que tarde o temprano acabará ocurriendo una tragedia. De hecho, hace un año hubo que lamentar la muerte de tres inmigrantes por un hecho muy similar al ocurrido ayer. La existencia de ese asentamiento tercermundista no tiene ninguna justificación social ni puede contar con ningún apoyo legal. Y si una ley impide derribar un poblado de infraviviendas como ése, no es posible quedarse con los brazos cruzados. Habrá que empezar por echar abajo esa misma ley.

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