El teatro Kursaal Fernando Arrabal acogió en la noche de este martes la representación de ‘Tarzán, el hijo de la jungla’, un musical que llegó a Melilla rodeado de una notable expectación. La función, programada para el 23 de diciembre a las 20.00 horas, se integró como una de las propuestas culturales más destacadas del periodo navideño en la ciudad, con una respuesta ciudadana que ya se había reflejado antes del estreno: las entradas se agotaron prácticamente desde el primer momento.
La directora del espectáculo, la dramaturga y cineasta Ceres Machado, ya había subrayado esa acogida previa en declaraciones a El Faro de Melilla, remarcando el interés que el montaje generó desde que se anunció. Machado expresó: "‘Tarzán, el hijo de la jungla’, una producción de Sibila Teatro que ha generado una gran expectación desde su anuncio. Prueba de ello es que todas las entradas ya se encuentran agotadas, apenas un día después de su salida a la venta".
En la noche del estreno, el ambiente confirmó ese arranque fulgurante. El Kursaal registró un lleno total y la atención del público se mantuvo desde el inicio, en una función que se vivió como una cita señalada dentro del calendario cultural de Navidad.
Propuesta navideña
El montaje llegó al escenario melillense como una apuesta visible dentro de las fechas navideñas, con el objetivo de atraer a públicos diversos. La rápida venta de localidades —confirmada por la propia directora— situó el título en el centro de la conversación cultural desde su anuncio, antes incluso de su representación.
Esa respuesta superó las previsiones iniciales y reforzó el interés por los grandes musicales en el Kursaal, un espacio que volvió a acoger una producción diseñada para aprovechar las posibilidades técnicas y visuales del teatro. La función, por su formato, se presentó con una puesta en escena pensada para el gran escenario y para un tipo de espectáculo basado en la combinación de disciplinas artísticas.
Una versión original
‘Tarzán, el hijo de la jungla’ partió del relato conocido del niño criado en la selva, pero lo abordó desde una versión planteada como original, con una lectura propia del personaje. La obra se centró en el recorrido vital de Tarzán: un niño que creció en la jungla y que, ya adulto, descubrió la existencia del mundo humano. A partir de esa revelación, el protagonista se enfrentó a una decisión crucial: elegir entre la civilización o permanecer en el entorno natural que le había dado identidad.
Machado explicó que el imaginario popular solía vincular a Tarzán con versiones cinematográficas muy instaladas en la memoria colectiva, pero el musical se apoyó en una propuesta que priorizó el desarrollo del personaje y sus conflictos internos. La historia se construyó desde esa tensión: el descubrimiento de un mundo ajeno y el impacto emocional de tener que definirse entre dos realidades distintas.
El relato se sostuvo, además, sobre valores que atravesaron la narración: la pertenencia, la identidad, el vínculo con la naturaleza y la convivencia entre mundos diferentes. Estos elementos vertebraron el argumento y lo hicieron accesible para públicos variados, al plantear una historia que podía leerse a diferentes niveles.
Canciones originales
Uno de los pilares del montaje fue el apartado musical. La obra contó con canciones originales compuestas por Álvaro Sola, con una inspiración africana que marcó el tono sonoro del espectáculo. La música tuvo un papel esencial dentro de la narración, al acompañar el viaje emocional del protagonista y reforzar el ambiente selvático en el que se desarrolló la historia.
Ese componente musical no funcionó como un añadido decorativo, sino como una estructura que sostuvo el ritmo dramático, subrayó momentos clave y aportó una textura sonora coherente con el universo escénico propuesto. La inspiración africana señaló el carácter del montaje y ayudó a construir una identidad propia para esta versión.
Coreografía exigente
Junto a la música, la coreografía tuvo un lugar destacado. La puesta en escena incorporó números de danza de gran intensidad, con saltos, movimientos acrobáticos y un trabajo corporal notable, en la línea del teatro musical de gran formato. La coreografía, firmada por Edu Llorens, aportó dinamismo y espectacularidad, integrándose como parte del lenguaje narrativo del espectáculo.
Según trasladó la directora, el musical se concibió como una propuesta técnicamente exigente, tanto para el elenco como para el equipo artístico, precisamente por la combinación de disciplinas escénicas en un mismo montaje. La obra unió canto, danza e interpretación en un formato que requirió coordinación, resistencia y precisión, con un diseño pensado para llenar el escenario y mantener una energía constante.
Un elenco profesional
El reparto de ‘Tarzán, el hijo de la jungla’ estuvo integrado por profesionales del teatro musical procedentes de Madrid, con trayectoria en producciones de este tipo. Machado destacó la experiencia del elenco como uno de los valores del musical y subrayó que se trató de intérpretes acostumbrados a sostener simultáneamente el trabajo vocal, la danza y la interpretación.
Ese perfil profesional facilitó afrontar un montaje complejo y ambicioso, diseñado para aprovechar al máximo las capacidades técnicas y visuales del Kursaal. La directora valoró de forma especial la implicación del equipo humano y lo definió como “de primeras”, destacando así su nivel y su compromiso con la propuesta.
La presencia de un elenco con experiencia en teatro musical permitió sostener un formato exigente y mantener el equilibrio entre las diferentes capas del espectáculo, con una puesta en escena que apostó por el gran formato y por la continuidad entre los distintos lenguajes escénicos.
Un año de desarrollo
Aunque la fase más intensa del trabajo se concentró en los últimos meses, Machado reconoció que el proyecto se desarrolló a lo largo de todo un año. El proceso incluyó la escritura del texto, la composición musical, el diseño coreográfico y la preparación del montaje escénico.
La fase final de ensayos se concentró especialmente en el último mes, cuando los elementos comenzaron a ensamblarse de forma definitiva. En ese tramo, la producción terminó de encajar sus piezas, ajustando el trabajo interpretativo, vocal y coreográfico, además de la construcción escénica del conjunto.
La directora consideró que se trató de uno de los proyectos más complejos a los que se enfrentó Sibila Teatro, tanto por el número de intérpretes como por las exigencias técnicas de un musical que integró distintas disciplinas de manera simultánea.
En declaraciones a El Faro de Melilla, Ceres Machado se mostró satisfecha y orgullosa del resultado alcanzado. Reconoció que el estreno supuso un reto importante, pero aseguró que el equipo logró superar las dificultades que planteó un musical de estas características.
Tras la buena acogida de la producción anterior de la compañía, ‘Aladino’, el equipo afrontó este nuevo proyecto con un elevado sentido de responsabilidad. La respuesta del público, ya visible en el rápido agotamiento de entradas, reforzó la confianza de Sibila Teatro en la propuesta con la que desembarcó estas Navidades en el Kursaal.
Con las localidades vendidas y una expectación consolidada desde su anuncio, ‘Tarzán, el hijo de la jungla’ se situó como uno de los eventos culturales destacados del calendario navideño melillense.
El musical combinó una historia reconocible desde una versión propia, una puesta en escena de gran formato y un equipo artístico experimentado, elementos que explicaron su recepción incluso antes del estreno y que, en la noche de este martes, quedaron reflejados en un Kursaal completamente lleno.







