Opinión

Sobre el cese adecuado del gerente de Atención Especializada

Consideramos adecuado el cese del actual gerente. Aunque no dudamos de las buenas intenciones del mismo y, posiblemente las tuviese, no ha estado nunca bien asesorado en la parcela médica.

Tiempo ha que este sindicato no se pronuncia públicamente sobre cargos directivos de INGESA, entre otras muchas razones, porque hay que darle tiempo al tiempo antes de analizar la conducta de las personas.

Pero, ante la dimisión o cese encubierto del Gerente de Atención Especializada y antes de que comiencen los panegíricos más o menos interesados y los politiqueos varios, juegos en los que este sindicato jamás va a entrar, al menos mientras siga esta dirección, queremos manifestar lo siguiente:

1. Consideramos adecuado el cese del actual gerente. Aunque no dudamos de las buenas intenciones del mismo y, posiblemente las tuviese, no ha estado nunca bien asesorado en la parcela médica. Ello, sumado a una “reunionitis” crónica, el síndrome de los directivos que siempre están reunidos, pero que nunca solucionan nada, han hecho perder a Melilla un tiempo precioso. Por ello, a pesar de que nos parece una persona preparada e, incluso, ha gozado de nuestra simpatía, consideramos que no ha aportado nada a Melilla, probablemente por circunstancias externas al mismo.

2. A pesar del escaso tiempo que queda para la hipotética apertura del Nuevo Hospital Universitario de Melilla, es urgente retomar el mando y reclutar un nuevo equipo directivo. Para ello, las direcciones médicas, tanto de especializada como de Primaria deben ser renovadas, dado que las personas que ocupan esos puestos carecen de la preparación necesaria para los retos importantes que Melilla debe afrontar.

3. No sólo eso, en esta operación limpieza, no nos olvidamos de Madrid, y de la directora general, Belén Hernando, ignorante en el tema sanitario, incapacitada para la gestión, incompente en la ejecución y carente de empatía alguna. La señora ministra, antes de marcharse a Canarias, debería hacer algo de autocrítica y, si quisiese un poco a Melilla, aunque fuese un uno por cierto de lo que dice querer a su tierra, Las Palmas, no debería olvidar la destitución de Hernando, antes de marcharse del ministerio. Cierto es que, la señora Hernando, a diferencia de las directoras médicas, es agradable en el trato, pero, salvando esto, no tiene ninguna virtud más, aunque sí innumerables carencias.

4. En estos momentos difíciles, en los que los habituales carroñeros harán acto de aparición, y el politiqueo prevalecerá sobre la Política, en estos momentos, decimos, Sindicato Médico de Melilla se ofrece públicamente a la ministra de Sanidad, para arrimar el hombro, e intentar que el nuevo Hospital de Melilla sea el que todos los melillenses nos merecemos y no un fracaso sonado. Para ello, bajo nuestro punto de vista, habría que:

a. Cesar a todos los cargos anteriormente citados, que no merecen el puesto que ocupan y que, lejos de aportar, son un obstáculo para el desarrollo sanitario de Melilla.

b. Crear urgentemente una mesa de diálogo con el Sindicato Médico de Melilla, en la que éste pondrá a disposición del Ministerio a sus profesionales más cualificados, para revertir la situación.

c. Nombrar ejecutivos contrastados y capaces, tanto en Madrid, como en Melilla.

d. Elaborar un código de conducta para los directivos melillenses en el que imperen los criterios de gestión y profesionalidad y se eviten los amiguismos y “compadreos”. Así evitaremos la tónica de los últimos años, donde tan complicado era conseguir una cita con la dirección, tanto para este sindicato, como para muchos facultativos implicados en la mejora de la sanidad de Melilla, pero era tan fácil ver a los directores con determinados profesionales, tanto en su despacho, como fuera de él, algo impropio de una gestión independiente.

La pelota está sobre el tejado de la ministra, justo el día que se celebra el estatuto de nuestra autonomía.

Nuestra lealtad a Melilla y nuestra independencia al ruido político quedan, una vez más, claras y manifiestas.

Ahora, bien, ya no hay tiempo para más errores; de la señora Darias depende el futuro de la sanidad melillense y, por ende, de la propia Melilla.

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