Prodein señala que sus habitantes pueden ser inmigrantes argelinos o menores de La Purísima. El poblado de Palma Santa suma ya un centenar de estas ‘viviendas’.
El chabolismo en Melilla ya no es un problema que se circunscriba únicamente al cerro de Palma Santa, pues en las últimas semanas se ha detectado un notable incremento de estos asentamientos en las riberas del río de Oro, en concreto por la zona del arroyo de Sidi Guariach. La causa de este aumento es sencilla: Las chabolas han crecido de manera directamente proporcional a como lo ha hecho la entrada de inmigrantes en la ciudad desde mayo de 2011.
En opinión del máximo dirigente de la ONG melillense Prodein, José Palazón, estas chabolas son, al igual que las del cerro, utilizadas por los residentes del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) que no desean pasar el día entre sus muros y eligen crear espacios donde poder pasar su tiempo libre, aunque también apuntó a la posibilidad de que en ellas esté durmiendo gente, incluidos menores de La Purísima, cosa que no ocurre con las de Palma Santa.
Hay una diferencia clara entre esos nuevos asentamientos y los más próximos al CETI: La organización. Mientras que en el cerro se ha formado un auténtico poblado con alrededor de cien de estas viviendas, en las lindes de Sidi Guariach las chabolas están más dispersas, ocultas en la maleza y en unas condiciones higiénicas mucho más deficientes.
Además, el lugar escogido por algunos de sus habitantes es potencialmente peligroso, ya que se encuentra en plena orilla del río, con el consiguiente riesgo en caso de que se produzcan lluvias torrenciales.
Como explicó Palazón a este periódico, el incremento de entradas de inmigrantes desde mediados del 2011 y la saturación del CETI han provocado que muchos de sus residentes elijan pasar las horas fuera de sus instalaciones, creando para ello este tipo de asentamientos, donde se reúnen en grupos, generalmente de la misma nacionalidad, para pasar el día.
Las nuevas chabolas encontradas en el río de Oro podrían ser de inmigrantes argelinos o de los jóvenes del Centro de Menores Extranjeros no Acompañados de La Purísima, que también está saturado a causa de las entradas producidas en los últimos meses.
En el primer supuesto, Palazón reseñó que la ronda de identificación realizada el lunes 9 de enero por la noche para localizar a inmigrantes de nacionalidad argelina y devolverlos a su país de origen ha puesto en alerta a muchos de los que pudieron quedarse en España.
“Se llevaron a unos 40, aunque se identificó a 80. La mitad no salió de Melilla por distintos motivos que hacían que su expulsión no fuera posible en ese momento, pero lo ocurrido les ha metido el miedo en el cuerpo y pasan el menor tiempo posible en el centro”, aseveró el máximo dirigente de Prodein.
En cuanto a los menores, subrayó que el objetivo de muchos es salir de la ciudad escondidos en algún barco con destino a la península, y que la mayor parte opta por huir del centro durante varios días. Si su intento de salir de Melilla falla, vuelven a La Purísima, pero el tiempo que están en la calle utilizan este tipo de asentamientos para vivir.
Según ha podido comprobar este periódico, por los alrededores del arroyo es común ver a grupos de menores procedentes de ese centro, algunos de los cuales utilizan estas chabolas, así como edificios en ruinas que hay por los alrededores, como punto de reunión. No obstante, se desconoce si los jóvenes pasan la noche en estos asentamientos o vuelve a La Purísima.
¿Convivencia o delincuencia?
A raíz de este incremento de chabolas, ha vuelto a resurgir el eterno debate entre si estos asentamientos son puros núcleos sociales, a los que acuden los inmigrantes para desligarse de la rutina del CETI durante unas horas, o zonas donde suele haber actos delictivos, como han denunciado los vecinos del cerro de Palma Santa en ocasiones.
En opinión de Palazón, los habitantes de estas chabolas “no hacen daño a nadie”, pues las utilizan como válvula de escape para reunirse en comunidad, cocinar los platos típicos de sus lugares de origen y poder estar en familia o en pareja fuera de los muros del centro. “Lo mismo que haría una familia española”, afirmó el máximo dirigente de Prodein. Además, apuntó que lo común es que vayan a pasar el día a estos lugares y a la noche retornen al CETI a dormir.
Sin embargo, fuentes policiales consultadas por este periódico no son de la misma opinión. Aunque admitieron que, efectivamente, se utilizan como puntos de reunión, también afirmaron que su notable aumento ha provocado situaciones peligrosas, como un incremento de los robos, algunos con violencia, el consumo de drogas e incluso la prostitución. Además, aseguran que el poblado carece de orden alguno, y que sus habitantes “se rigen por la anarquía”.
Por otro lado, subrayaron que existe cierto peligro para los que allí viven por las condiciones en las que está el poblado, y recordaron que el año pasado fallecieron tres inmigrantes al incendiarse una de las chabolas.
En cuanto a las nuevas aparecidas en el arroyo de Sidi Guariach, afirmaron que no han detectado un asentamiento masivo como en Palma Santa, sino que son zonas de pequeño espacio repartidas por toda la ribera.
En vista de la situación, la Delegación del Gobierno señaló la semana pasada a este periódico que buscar una solución al problema del chabolismo es un punto importante en la agenda de El Barkani, quien tiene pensado trasladar este asunto a la Administración del Estado para intentar ponerle fin. Por el momento, lo necesario para desmantelarlas sería una orden judicial que nunca ha llegado pese a la insistencia de los vecinos.
Un suelo de cartón, mantas, algo para leer y comida almacenada.
El incremento del número de chabolas fue confirmado a El Faro por fuentes de la Delegación del Gobierno, las cuales añadieron que muchas de estas chabolas ponen en peligro la integridad física y la salud de sus habitantes, tanto por la zona en la que se encuentran localizadas como por sus malas condiciones higiénicas.
Este periódico ha comprobado el estado en el que se encontraba una de ellas, oculta tras la maleza del arroyo y con una estructura sustentada por las propias plantas que la rodeaban.
Sobre un suelo de cartón y mantas, había varios cojines, aparentemente arrancados de algún sofá, restos de comida, varias revistas y algo de verdura fresca almacenada en una cajón.
Su ubicación hacía que, en caso de bajar el río con fuerza, parte de su endeble estructura quedara arrasada por las aguas.








