La ilustradora y escritora Sara Herranz visita por primera vez Melilla para participar este jueves en un encuentro organizado por FEAFES Salud Mental Melilla en La Librería a las 20:00. El acto busca acercar al público la trayectoria, el proceso creativo y la visión personal de una artista que ha hecho de la introspección, la estética y el análisis su lenguaje artístico.
En conversación exclusiva con El Faro de Melilla, Herranz repasa su carrera, cómo encontró su voz como ilustradora y escritora, y cómo la salud mental atravesó un momento de su carrera artística. “Yo siempre había dibujado desde pequeña. Creo que todos cuando somos pequeños dibujamos, y en un momento dejamos de hacerlo porque nos da pudor o algo así, pero yo continué. Dibujar siempre fue una forma de expresarme. Soy muy tímida e introvertida, entonces siempre estaba como en mí”, explica Herranz. Aunque se formó inicialmente en Comunicación Audiovisual y luego en Diseño Gráfico, su camino profesional dio un giro cuando en 2010 abrió un blog donde empezó a subir ilustraciones acompañadas de textos breves, una especialización que siempre ha concebido ligada al diseño gráfico. Lo que comenzó como un espacio personal terminó convirtiéndose en una ventana profesional. “Con el boom de las redes sociales mantuve el mismo perfil y publiqué mis viñetas. Fui ganando seguidores y me llegó la primera propuesta editorial a través de las redes”.
Sara Herranz formó parte de una generación de ilustradores que encontró en internet una vía para mostrar su trabajo sin necesidad de intermediarios. “Antes trabajar en ilustración era mucho más difícil: tenías que llamar a puertas, mostrar tu portafolio, patearte las agencias. Con la llegada de las redes sociales eso cambió. Era un contacto directo, un sitio donde publicar y llegar a la gente que le gustaba lo que hacías”. Aquella ola digital la empujó a dejar su trabajo como diseñadora gráfica y dedicarse de lleno a la ilustración. Su estilo, que bebe del cómic europeo, especialmente de figuras como Guido Crepax y Adrian Tomine, se caracteriza por el dibujo lineal, el uso de blanco, negro y rojo, y una estética minimalista pero cargada de emoción. “Mis primeras ilustraciones bebían mucho de Valentina, ese personaje femenino lánguido, con corte bob, muy chic. Cada vez voy metiendo más color, pero esa esencia sigue ahí. También el trabajo del pelo marcó mucho mis inicios: los cabellos bien delineados, el volumen…”, describe Herranz.
Cuando trabaja para editoriales, la ilustradora aborda el proceso en varias lecturas del manuscrito. “En la segunda lectura voy apuntando las imágenes que más se me han quedado en la mente o en el cuerpo. Es como cuando lees un libro y te imaginas las escenas. El trabajo del ilustrador también es dar una nueva lectura a ese texto, no quedarnos solo en lo literal. Es como si fuéramos otro autor”. Además, suele hacer una pequeña maqueta para ver cómo encajan texto e imagen, una característica propia del diseño gráfico. “Observo dónde encajaría bien una pausa con una ilustración, dónde pediría una doble página, dónde incorporar un detalle pequeño. Así veo claramente cómo la maqueta funciona y me ayuda a que el libro tenga unión, que texto e imagen vayan de la mano y creen un viaje. Que no sea solo porque queda bonito, que también, porque soy muy obsesa de la estética, pero cada espacio ilustrado tiene que tener sentido”, explica. Su formación audiovisual, también la empuja a crear una síntesis visual, como si de una fotografía que capta un instante se tratara y, todas juntas, relatasen una escena.
El trabajo de Herranz gira en torno a lo cotidiano. “Lo que más me inspira es lo cotidiano, las relaciones, la forma de vincularnos, el amor en todas sus variantes”. Confiesa que antes se describía a sí misma como intensa o dramática, pero con el tiempo entendió que su proceso es más bien analítico. “Sobreanalizo lo que siento. Eso me permite captar momentos e instantes cotidianos y trasladarlos a ilustraciones. Pero en el fondo, ese sobreanálisis es una necesidad de control, por miedo a dejarme llevar por la verdadera emoción. Esa forma que tengo de ser, de intentar controlarlo todo, me hace estar más atenta. Esas imágenes son una forma de no olvidarme de lo que sentí”.

Más allá del trabajo técnico y estético, su obra también expresa una conexión íntima con lo emocional. En una de sus publicaciones compartidas en redes sociales, habló abiertamente de una crisis personal vivida en 2021. “Tuve un bloqueo creativo derivado de una crisis y un momento de tristeza profunda. No llegó a ser una depresión, pero estuve un año sin poder dibujar”. Explica que le costó mucho decidir si compartir ese post o no, pues a veces "esa idealización o romantización de pretender que siempre te va bien, porque tú eres tu propia empresa" te impulsan a trasladar una "imagen de que las cosas van bien".
Ella se siente afortunada dentro del sector, pues se trata de un entorno laboral "muy precario y muy difícil”, pero durante esa crisis tuvo que "desromantizar la idea de que el artista tiene que ser una persona creativa y la tristeza es algo como que nos sirve para crear", un estado emocional que puede ayudar en ocasiones, pero que "cuando es muy profunda te anula". Durante ese periodo, incluso se planteó abandonar su carrera. “Estuve pensando en trabajar de otra cosa. Me decía: ‘Mi carrera ha llegado hasta aquí y ha sido preciosa, pero a lo mejor puedo trabajar de algo que no tenga nada que ver con la creatividad’. Me fui como al esquema contrario.
La experiencia la llevó a replantearse no solo su trabajo, sino también su identidad. “Mi trabajo era tan identitario para mí que me sentía válida en relación a que era ilustradora. Entonces, cuando dejas de ser eso, ¿qué te queda?”. Compartir ese proceso ha sido, según dice, una forma de conectar con otras personas que han vivido situaciones similares. “Nos cuesta hablar porque nos hace vulnerables. Pero luego te das cuenta de que eso que creías que era solo tuyo le resuena a otra persona. Ahí se crea una especie de magia”.
Mañana se encontrará por primera vez con el público melillense, en una ciudad que visita también por primera vez. “No conozco la ciudad y tengo muchas ganas. Tampoco he trabajado con ninguna asociación como FEAFES en algo tan concreto. Me pareció una invitación muy generosa”. Durante el acto, además de poder conocer su trabajo de cerca, Herranz compartirá parte de su historia personal, con la idea de que abrirse puede ser una forma de acompañar. “Muchas veces nos contamos historias y creemos que somos de una forma. Vivimos con esa mochila y de pronto eso se cae, y parece que todo tiembla. Cuando lo viví, busqué mucha información de otras personas que habían pasado por algo parecido. Sentir que ahora estoy desde el otro lado me hace muy feliz”.
Durante su carrera, Sara Herranz se ha ganado el reconocimiento no solo por su talento gráfico, sino también por la capacidad de tocar emocionalmente a sus personajes, así como a quienes leen y observan su obra y comparten su historia. “No somos islas. Tenemos que tener en cuenta que es importante encontrar vinculaciones y conexiones”, dice. Y su visita a Melilla, precisamente, se convierte en una de ellas, en la que su trabajo solitario se abrirá y generará nuevas vinculaciones personales y estímulos.








