Las vacaciones, y de forma muy especial la Navidad, suponen un paréntesis en la rutina diaria. Cambian los horarios, se multiplican los encuentros sociales y la comida adquiere un protagonismo central. Las mesas se alargan, los platos se suceden y el acto de comer se asocia al disfrute, a la convivencia y al descanso. Sin embargo, cuando termina ese periodo y llega el momento de volver a la normalidad, también aparece una sensación compartida por muchas personas: pesadez, hinchazón, preocupación por el peso y una prisa casi automática por compensar lo vivido.
En ese contexto, el nutricionista Guzmán Aisa lanza un mensaje claro que rompe con esa inercia tan extendida: el problema no está en los excesos puntuales, sino en la forma en la que se intenta corregir después. Para el especialista, recurrir a dietas restrictivas, planes depurativos o menús de choque no solo no es necesario, sino que puede resultar perjudicial para la salud.
Cuestionar qué entendemos por alimentación equilibrada
La primera recomendación de Guzmán Aisa no tiene que ver con eliminar alimentos ni con contar calorías, sino con revisar el propio concepto de alimentación equilibrada. Tras las comidas navideñas, muchas personas se preguntan qué es lo primero que deben hacer para volver a comer bien, pero esa pregunta, según el nutricionista, parte de una base errónea.
“Es muy importante que revisemos cuál es el concepto de alimentación equilibrada, porque muchas veces es erróneo”, explica. Aisa recuerda que durante mucho tiempo se ha asociado el equilibrio a la restricción, a comer poco y a reducir la ingesta calórica al máximo después de unos días en los que se ha comido más de lo habitual.
Este planteamiento, añade, está profundamente ligado a la cultura de la dieta y a un juicio interno constante sobre la alimentación. “Es un juicio interno que tenemos con respecto a lo que comemos”, señala, y que acaba generando una relación tensa y culpabilizadora con la comida.
Apostar por hábitos que se puedan mantener en el tiempo
Frente a esa lógica del castigo, Guzmán Aisa defiende una vuelta tranquila a los hábitos. Para el nutricionista, la clave tras las fiestas no es hacer algo extraordinario, sino recuperar la normalidad.
“Mi consejo número uno es formular hábitos que se puedan mantener en el tiempo”, afirma. En ese sentido, rechaza de forma clara cualquier tipo de dieta restrictiva, alimentación de choque o propuesta depurativa. “No es necesario”, subraya.
Aisa insiste en que los hábitos deben ser conscientes y adaptados a la vida real de cada persona. “Tienen que ser acordes a nuestra actividad, a nuestro día a día, a nuestro tiempo y a nuestro gusto”, explica. Una alimentación saludable que no encaja en la rutina diaria está condenada a abandonarse, y con ello, a generar frustración.
Entender el aumento de peso tras las fiestas
Uno de los aspectos que más inquieta tras la Navidad es el aumento de peso. Muchas personas se preguntan si esos kilos de más son grasa o simplemente retención de líquidos. Para Guzmán Aisa, esta distinción no es tan sencilla como parece.
“Hay un hándicap con respecto a la retención de líquidos, y es que la retención de líquidos y el aumento de la grasa van juntos, van de la mano”, explica. El cuerpo humano está formado por músculo, agua y grasa, y cuando aumenta la ingesta calórica de forma desmesurada, no solo se incrementa la grasa corporal.
“Eso hace que suba la grasa y también el músculo, que siempre se nos olvida”, apunta. Como consecuencia, el agua libre que circula por el organismo queda más retenida en los tejidos, lo que genera hinchazón y sensación de pesadez.
A pesar de ello, Aisa lanza un mensaje tranquilizador. “Si tenemos una alimentación equilibrada, nuestro cuerpo se regula solo y no necesita ni tiempo ni cambios drásticos en nuestra alimentación”, afirma.
Confiar en el cuerpo y evitar las restricciones
El nutricionista anima a los melillenses a confiar en la capacidad de autorregulación del organismo y a no entrar en dinámicas de restricción tras las fiestas. “Animo a todos a que empiecen a restaurar sus hábitos como eran, como han sido siempre, y que coman igual”, señala.
En su opinión, el error está precisamente en intentar compensar restringiendo. “Restringiendo es cuando volvemos a nuestro cuerpo un poco loco”, advierte. Por eso, recomienda volver a consumir verduras, frutas, proteínas de calidad, hidratos de carbono y todos los alimentos que forman parte de una dieta equilibrada. “Ya nuestro cuerpo se regulará solo”, insiste.
Digestiones más pesadas tras la Navidad
Otro de los síntomas habituales después de las fiestas es la sensación de digestión pesada. Guzmán Aisa considera que este malestar entra dentro de la normalidad.
“Es totalmente normal sentir que la digestión es más pesada”, explica. El cuerpo está acostumbrado a un tipo de alimentación y, durante estos días, se ha podido exceder el número de ingestas o consumir alimentos más complejos de digerir.
El nutricionista invita a relativizar el impacto real de las comidas navideñas. “Existe mucho revuelo con respecto a las comidas de Navidad y verdaderamente después no es tanto lo que parece”, señala, apelando a la necesidad de ser realistas.
El uso de suplementos y productos digestivos
Ante este malestar, muchas personas recurren a suplementos para mejorar la digestión. Aisa matiza que en algunos casos son necesarios, especialmente cuando existen patologías concretas, pero advierte de que no siempre lo son.
“No debemos olvidar que muchas veces son necesarias porque estos pacientes padecen patologías que lo necesitan, pero otras veces no lo son”, explica. En esos casos, recomienda dejar que el cuerpo digiera por sí mismo sin intervenir de forma innecesaria.
No existen alimentos mágicos para desinflamar
Una de las preguntas más recurrentes tras las fiestas es qué alimentos ayudan a desinflamar o a mejorar la digestión. Guzmán Aisa es claro en su respuesta.
“No existe ningún tipo de alimento mágico”, afirma. En su opinión, lo mejor es volver a una alimentación equilibrada y comer de todo. Además, advierte de los riesgos de buscar constantemente este tipo de soluciones rápidas. “Siempre está vinculado al acto de la restricción alimentaria y eso conlleva problemas que pueden perjudicar mucho nuestra salud”, señala.
Rechazar los menús tipo y las dietas postfiestas
Cuando se le pregunta si existe algún menú tipo recomendable para la primera semana tras la Navidad, la respuesta del nutricionista es tajante. “Nada”, afirma sin rodeos.
“Esta pregunta huele a dieta restrictiva y no queremos eso, porque es perjudicial para nuestra salud”, explica. Para Aisa, después de las fiestas hay que volver a restaurar los hábitos sin imponer castigos.
También rechaza las propuestas basadas en caldos o menús monótonos, propias de épocas en las que se popularizaron dietas extremadamente restrictivas. “Si llega a vuestras manos algún tipo de material así, os aconsejo que lo descartéis”, afirma.
El error más frecuente tras los excesos
Uno de los errores más comunes que observa en consulta es dejar de comer o hacerlo en cantidades muy reducidas. “El error más frecuente es dejar de comer y comer cantidades efímeras”, explica.
Este tipo de alimentación, basada en platos sin sabor y de un solo tono, genera aburrimiento y rechazo. “Son platos monocromáticos que nos aburren y nos generan rechazo”, añade.
Pequeños cambios que marcan la diferencia
Frente a las restricciones, Guzmán Aisa propone pequeños cambios diarios que sí tienen un impacto real a largo plazo. “Uno de los pequeños cambios diarios que marcan más diferencia es añadir verdura a los platos, consumir proteína y no rechazar el consumo de hidratos de carbono”, señala.
La clave, insiste, no está en eliminar alimentos, sino en volver a una alimentación completa, variada y sostenible.
El mensaje final del nutricionista es una invitación a la calma y a la reconciliación con la comida. Comer de todo, disfrutar de las fiestas y volver después a los hábitos no debería vivirse como un problema.
Cuidarse, concluye Guzmán Aisa, no significa castigarse, sino confiar en el cuerpo y construir una relación con la alimentación basada en el equilibrio, la constancia y el sentido común.








