Este fin de semana, el primero en el que se han llevado a cabo protestas contra la Reforma Laboral tras el anuncio de huelga general, hemos podido asistir a las primeras discrepancias sobre el número de asistentes a las manifestaciones, concretamente la celebrada ayer en Melilla ante la Delegación del Gobierno. Las cuentas de los convocantes habitualmente no coinciden con las apreciaciones de los profesionales de los medios de comunicación, a los que ayer se acusó de haber iniciado “una campaña de difamación y calumnias” contra las organizaciones sindicales. También auguraron los representantes de los trabajadores que hoy la prensa publicaría que la asistencia al acto de protesta fue escasa. Y acertaron de pleno, al menos en lo referente a El Faro, porque efectivamente la manifestación sólo consiguió reunir a un centenar de personas, la mitad que la última vez. Los motivos para que esto haya sido así van desde los temores de algunos trabajadores a ser despidos, como denuncia CCOO, hasta el buen tiempo que animó a muchos melillenses a pasar el domingo en Marruecos, como explica UGT. En cualquier caso, la participación fue la que fue, escasa, con independencia de que guste más a unos o a otros.
En cuanto a la postura victimista adoptada por los sindicatos, quizás les convendría a sus responsables releer la carta conjunta de la Asociación Unificada de Guardias Civiles y del Sindicato Unificado de Policía que publicó el pasado sábado El Faro coincidiendo con el anuncio de la convocatoria de la huelga general. En ese escrito ambas organizaciones salían en defensa de los derechos de los ciudadanos a manifestarse, al mismo tiempo que recordaban a éstos que ellos, tanto guardias civiles como policías, también están siendo víctimas de la crisis económica, de los recortes y de los ajustes. Es decir, que vamos todos en el mismo barco, aunque ello no signifique que necesariamente debamos compartir las mismas ideas, apreciaciones ni análisis.







