La ausencia de varios islotes españoles en los mapas oficiales del Instituto Geográfico Nacional (IGN) ha encendido las alarmas en sectores diplomáticos, militares y jurídicos. Se trata de pequeños territorios, como el Peñón de Vélez de la Gomera, el de Alhucemas, el Islote de Perejil o las islas Chafarinas, todos bajo soberanía española desde hace más de un siglo y situados frente a las costas del norte de África.
Su exclusión cartográfica ha sido interpretada por expertos como un signo preocupante de desprotección administrativa y jurídica, especialmente en un contexto geopolítico de creciente tensión con Marruecos.
Según informó el diario La Razón, esta omisión podría tener consecuencias significativas si Marruecos decidiera intensificar su estrategia de presión territorial. En 2002, el país alauí ocupó el islote Perejil, desencadenando una crisis diplomática que obligó a una intervención militar por parte de España. Aunque el conflicto se resolvió sin derramamiento de sangre, dejó claro que estos territorios, pese a su tamaño, tienen un alto valor simbólico y estratégico.
La reciente decisión del Gobierno de Pedro Sánchez de respaldar el plan de autonomía marroquí sobre el Sáhara Occidental, rompiendo con décadas de neutralidad mantenida por los sucesivos gobiernos españoles, ha sido recibida en Rabat como una victoria diplomática. Este giro, lejos de desactivar las tensiones, ha reactivado viejas incógnitas sobre el futuro de las posesiones españolas en la región.
Además, el proceso de delimitación marítima entre ambos países ha añadido incertidumbre. Como advierte El Independiente, Marruecos ha adoptado una postura ambiciosa al establecer unilateralmente leyes para ampliar su zona económica exclusiva, lo que podría solaparse con aguas españolas en el entorno canario. Esta delimitación, aún no acordada de forma bilateral, podría abrir la puerta a disputas sobre la jurisdicción de espacios marítimos cercanos a estos islotes.
En este contexto, la invisibilidad cartográfica de estos territorios, por más pequeños e inhabitados que sean, es vista como un grave error por analistas y antiguos responsables militares. “Lo que no se dibuja, no existe. Y lo que no existe, se reclama”, advirtió una fuente diplomática citada por La Razón. La omisión en los mapas podría ser utilizada por Marruecos como argumento para poner en duda la soberanía española sobre estos enclaves.
La preocupación también se alimenta del estancamiento del conflicto saharaui. El pasado 31 de octubre, el Consejo de Seguridad de la ONU renovó por un año más la misión de paz en el Sáhara Occidental (MINURSO), según informó RTVE. La persistencia de este conflicto mantiene viva la agenda internacional sobre el futuro de ese territorio, y Marruecos, fortalecido por ciertos apoyos europeos y estadounidenses, podría extender su presión a otros espacios bajo control español.
Por su parte, el Gobierno español no ha ofrecido una explicación pública sobre la omisión de los islotes en los mapas oficiales. Ni el Ministerio de Defensa ni el de Asuntos Exteriores han aclarado por qué no aparecen representados, a pesar de que son territorio nacional. Este silencio contrasta con la inquietud creciente entre expertos y exmandos militares, que interpretan esta ausencia como una cesión implícita o un desinterés administrativo de consecuencias potencialmente graves.
La cartografía oficial no es solo una herramienta técnica: también es una forma de reafirmar la soberanía nacional. En un escenario de alta tensión diplomática, ignorar visualmente estos territorios puede dar señales equivocadas. Por ahora, los islotes siguen siendo españoles. Pero su ausencia en los mapas plantea una pregunta inquietante porque hay quien se plantea qué va a pasar con ellos en un futuro.








