Después de varios días marcados por la tensión en el perímetro fronterizo, Melilla ha vivido por fin una noche sin entradas irregulares de migrantes. El dato, confirmado por la Delegación del Gobierno, supone un alivio para una ciudad que ha contemplado con preocupación el regreso de una fuerte presión migratoria que no se producía desde hace más de cuatro años. La ausencia de nuevos accesos rompe una dinámica de varias jornadas consecutivas en las que las entradas, especialmente de menores de edad, habían vuelto a situar la frontera en el centro de la actualidad.
La tranquilidad de las últimas horas es una noticia positiva. También lo es la tendencia descendente que ya comenzó a apreciarse durante la jornada anterior. Sin embargo, conviene interpretar este cambio con prudencia. Una noche sin incidentes no significa que el problema haya desaparecido ni que las circunstancias que lo provocaron hayan quedado resueltas. La experiencia demuestra que los flujos migratorios pueden variar con rapidez y que la estabilidad de hoy no garantiza la de mañana.
Los últimos días han evidenciado, además, el enorme impacto que un incremento repentino de llegadas puede tener sobre los recursos de una ciudad con una capacidad limitada de respuesta. El caso de los centros de protección de menores resulta especialmente significativo. La elevada presencia de menores no acompañados ha llevado a una situación de saturación que ya existía antes del repunte migratorio y que se ha visto agravada por las nuevas entradas. Esa realidad pone de manifiesto la necesidad de contar con mecanismos de respuesta capaces de afrontar episodios excepcionales sin comprometer la atención que requieren las personas acogidas.
La calma también ha permitido recuperar cierta normalidad en el trabajo de los dispositivos desplegados en la frontera. Durante las jornadas más complicadas fue necesario reforzar la vigilancia y adaptar las medidas de control ante un escenario inusual por su intensidad. Que esta noche haya transcurrido sin incidencias es un dato esperanzador, pero no debe traducirse en una relajación de la vigilancia ni en la sensación de que la situación está definitivamente superada.
Melilla necesita estabilidad, planificación y capacidad de respuesta. La gestión de una frontera como la suya exige anticipación y coordinación para afrontar momentos de especial presión sin que los servicios públicos se vean desbordados. La noche tranquila que acaba de dejar atrás la ciudad merece ser recibida como un respiro necesario. Pero, sobre todo, debe servir para reforzar la convicción de que la mejor respuesta es estar preparados antes de que vuelva a producirse una situación similar.








