En su descripción como organización sostiene la paz no es sólo la ausencia de guerra ¿Cómo lo explicarías para que la gente lo entienda?
Nosotras trabajamos la paz en un concepto positivo, porque normalmente las personas entienden la paz como la ausencia de conflictos bélicos. Eso no significa que no exista otro tipo de violencia, de otras formas o más estructurales en la sociedad. Cuando hablamos de desigualdades sociales estamos hablando de violencias también. Entonces, vivimos en un contexto en el que ahora mismo no hay ninguna guerra, ningún conflicto armado abierto en este momento aquí, en este contexto occidental, pero sí que hay muchísimas violencias y desigualdades todavía. Por eso la paz es mucho más que la ausencia de guerra.
En estos momentos, dentro de estos contextos, aunque no sean bélicos en nuestro país, si existen discursos de odio, enfrentamientos identitarios, ¿cómo altera esto a un sistema de paz colectiva, de paz social?
Por eso decimos que no existe ahora mismo la paz tal y como la contemplamos desde Movimiento por la Paz. Esa paz en positivo de la que hablamos. Efectivamente, los discursos de odio y los discursos racistas que estamos escuchando, que vemos en redes sociales y que estamos empezando a normalizar ya en nuestra sociedad, constituyen lo que nosotros llamamos violencia cultural. Es una violencia que, al final, conlleva a que haya discriminaciones por orígenes raciales o étnicos. Entonces, evidentemente, afecta al concepto de paz en positivo.
En ocasiones, la terminología, los significantes y los significados de las palabras se sobredimensiona, se manipulan o, simplemente, se convierten en conceptos vacíos, ¿El concepto de paz es un concepto vacío o alterado? ¿Realmente estamos sabiendo analizar conceptualmente lo que significa la paz, lo que requiere, lo que nos rodea?
Es nuestra misión principal, cargar de significado ese concepto de paz. Que sí que es verdad que, cuando también hablamos del amor, a lo mejor se banaliza el concepto en sí realmente. Es un trabajo que es una de las partes de la misión, visión y valores que tenemos, bajar el concepto a tierra. Analizarlo en profundidad y hacer que las personas entiendan qué es la paz realmente.
La paz empezando como individuo, como persona individual y luego extrapolando al resto de la sociedad o al resto de nuestro alrededor, cada uno pues dentro de sus contextos, profesional, social... Lo que intentamos en nuestros talleres de sensibilización, sobre todo con jóvenes y con personas adultas también, es que entiendan ese concepto de paz primero como algo individual y luego esa forma de ser, de hacer, de pensar y de actuar, se extrapola sola, básicamente.
¿En Melilla estamos viviendo un concepto de paz social, de paz en positivo?
La paz en positivo en ninguna parte porque hay mucha violencia estructural todavía que nos afecta a la ciudadanía en general y sobre todo a los colectivos más vulnerables. Cuando estamos hablando de los colectivos más vulnerables, por el simple hecho de que existan esos colectivos ya no estamos hablando de una paz en positivo porque hay unos desniveles, unas desigualdades …Entonces, la paz es como una especie de utopía. Pero una utopía, en la que nosotros decimos que vamos avanzando. No la vamos a alcanzar nunca, o sí, en algún momento idílico, no sé, pero vamos consiguiendo muchas cosas, entre ellas que cada día haya menos desigualdades, o eso intentamos.
¿Cómo podemos integrar una actitud, una cultura, una educación para la paz en nuestra sociedad? ¿Cómo podemos trabajarlo desde el ámbito familiar?
Nosotras tenemos varios proyectos para padres y madres, porque es la primera estructura donde socializamos. Es súper importante concienciar a las familias, para que se inculquen esos valores desde casa, pero también es importante que esta educación para la paz se traslade a todos los centros educativos, coles, desde edades muy tempranas.
¿Cómo lo trabajáis en la escuela de padres y madres?
Trabajamos la crianza en positivo y que ellas también aprendan qué significa la paz, desde lo que yo puedo hacer en mi hogar.
Incluso entiendo que haya como entender los propios límites de actuación dentro de uno mismo para con el otro, para con los hijos, maridos, mujeres, etc.
Claro, que todas esas prácticas que suponen a lo mejor violencias culturales pues las tengamos en cuenta y que no se sigan reproduciendo, sino todo lo contrario, que se reproduzca el modelo de lo que significa la cultura de paz.
Siempre se ha creído en la educación y la cultura como motores de transformación y de cambio ¿Por qué?
Muchas veces hablamos de este enfoque, porque a través de la cultura y a través de la educación las personas nos empoderamos. No significa tanto que tengamos una carrera universitaria, pero sí se trata del empoderamiento de las personas, de que sepamos quiénes somos, cuáles son nuestros derechos. Porque para romper ese patrón que va de generación en generación, muchas veces el patrón de la pobreza es la pobreza que se transmite, y es por eso, porque muchas veces ni las propias familias pueden entender que tengan, a lo mejor, una serie de derechos, una serie de salidas, y la educación, en este caso, nos da herramientas para reconocer cuáles son esas salidas y las posibilidades que podemos tener, y cómo lo podemos transmitir a nuestros hijos e hijas.
Entiendo que Radical, la película que han escogido para este ciclo, enfoca la educación directamente como modelo de transformación. Al final, las convicciones del maestro y la potencialidad de los alumnos, en un proceso educativo, también se dan de bruces con una realidad, en muchos ámbitos.
Nos viene al pelo porque nosotros trabajamos en centros educativos y hacemos sensibilización, educación en valores, intentamos crear una metodología un poco más transformadora, una metodología más socio-afectiva, y es de lo que más o menos se ha hablado un poco en la peli. Es muy importante aquí en el sistema educativo y dentro del sistema educativo, o sea, toda la comunidad educativa en general, tengan en cuenta la motivación de los chicos y las chicas. Más cuando provienen además de situaciones complicadas en sus vidas personales y en sus contextos.
En la película, los niños y las niñas viven en un pueblecillo de México con muy pocos recursos, con grandes índices de pobreza, etc. Ellos mismos, los chicos, no se creen que tengan ni siquiera esa posibilidad cuando llega este maestro, con una educación transformadora y empieza a motivar a estos chicos y a decirles, `claro que podéis´.
Pero a la vez se da con la realidad de la familia, la realidad material, la propia institución educativa. Entiendo que eso también a veces genera contradicciones, entre lo que uno quiere que sea y lo que puede ser. No sé si vosotras en la organización sentís ese tipo de condicionamiento.
Totalmente, por eso mismo hemos elegido la película, porque sí que es cierto que, afortunadamente en el país en el que vivimos tenemos un sistema educativo potente, pero todavía necesitamos muchas herramientas para trabajar en todos los frentes. En determinados colegios y barrios, pues, un poquito más. Y lo vemos a diario, lo trabajamos a diario porque colaboramos con coles e institutos y es muy importante. La situación no es igual que en el contexto en ese pueblo de México, pero a lo mejor en algún cole, pues, es muy parecido con el tema de la familia.








