Mireia es una de esas artistas que no solo crean, sino que habitan su obra. Desde muy joven supo que lo suyo era el arte, y no tardó en profesionalizarse en ese mundo. A los 16 años comenzó sus estudios y desde entonces no ha dejado de trabajar en ámbitos creativos. Con 39 años y una trayectoria consolidada como diseñadora gráfica, Mireia ha logrado fusionar su experiencia profesional con su pulsión más íntima: la necesidad de expresarse a través de lo visual, el color y el mensaje. Hoy su trabajo artístico —centrado en el collage— refleja un universo personal atravesado por la naturaleza, el feminismo y la conexión con lo esencial.
Aunque comenzó su carrera en lo digital, su salto al collage fue más reciente. Surgió de una necesidad profunda de parar, de reconectar consigo misma y de encontrar un espacio de silencio mental. “Empecé a cortar y pegar papel”, cuenta con naturalidad, como quien encuentra en lo sencillo una vía de retorno. Lo que parecía un juego o un experimento, pronto se transformó en una forma de expresión potente. En sus obras, Mireia combina lo analógico con lo digital. Parte de materiales físicos —como flores secas, acuarelas o recortes— que posteriormente digitaliza para dar forma a composiciones complejas y llenas de simbolismo. En ellas conviven elementos naturales, colores intensos y figuras femeninas que transmiten fuerza, sabiduría y resistencia.
Su universo creativo está profundamente vinculado con la naturaleza. Vive en una camper, rodeada de paisaje, mar, campo y silencio. Ese entorno no es solo un escenario, sino un ingrediente más de su proceso artístico. Recoge flores, experimenta con su secado, observa la luz del día y deja que todo eso entre en sus obras. La luna, los ojos, los colores vibrantes y la fusión de formas se repiten en su trabajo como símbolos de una energía femenina ancestral. Mireia lo tiene claro: “Mi arte es mi vida”. No hay distancias entre su día a día y lo que crea; todo forma parte de un mismo flujo.
Ese compromiso con lo que vive y siente también se traduce en su visión política del arte. Su trabajo tiene una mirada sociocultural y política muy marcada: es activista desde los 15 años, y en sus obras busca visibilizar a las mujeres rurales, mayores, invisibilizadas, olvidadas. Mujeres sabias, muchas veces silenciadas, que han habitado espacios alejados del foco. Para Mireia, el collage es un medio para hablar de ellas, para rendir homenaje a esas vidas que, desde la sencillez, sostienen un legado marcado por la ruralidad, que la artista relaciona directamente con la naturaleza. En su más reciente participación en la exposición colectiva Miradas de mujer, organizada por la Fundación Balearia, sus obras gritan desde el color y la composición: aquí estamos, aquí seguimos, aquí resistimos, aquí nos mostramos. Obras de pequeño tamaño, pero embaucadoras.



La exposición, que reúne a mujeres artistas de distintos territorios, ha sido un espacio de intercambio y sororidad. Para Mireia, trabajar en colectivo y compartir espacio con otras creadoras ha sido muy enriquecedor. “Compartir para mí es vivir”, afirma. No solo por lo que se genera en los espacios de escucha y diálogo entre artistas, sino también por lo que ocurre cuando el público se encuentra con la obra y reacciona, se emociona o se reconoce en ella. Aunque confiesa que a veces la timidez se impone, valora profundamente ese cruce de miradas, esa conexión que se produce cuando el arte toca a quien lo observa.
El proceso creativo de Mireia no sigue patrones rígidos. Trabaja por intuición, por emociones, por momentos vitales. Cada obra nace de una escucha interna, de una necesidad de expresar algo que le atraviesa. A veces lo hace en colecciones con un sentido más claro; otras, simplemente deja fluir las formas y colores. También imparte talleres en institutos, donde enseña collage analógico. En esos espacios fomenta la creación desde las emociones, animando a jóvenes a escucharse y a experimentar. “Va a estar todo bien, porque van a ser sus mensajes”, les dice. Y es que para ella, el arte es también un lugar de expresión desde el interior de uno mismo, desde el autoconocimiento y la libertad.
En sus creaciones digitales, Mireia experimenta con las herramientas y técnicas, sin perder la esencia artesanal que hay detrás. Le interesa jugar, probar, mezclar, superponer. Muchas veces parte de una misma base y, tras digitalizarla, descubre nuevas formas o matices que le permiten reconfigurar la obra. “Las flores secas cambian según el viento, el sol, la época del año… Todo influye”, explica. Su mirada está en constante diálogo con lo que la rodea. Y eso se nota en cada pieza: nada está puesto al azar, aunque todo parezca fluir con naturalidad.
Uno de los aspectos más interesantes de su propuesta es cómo traslada sus obras al espacio natural. En su cuenta de Instagram se pueden ver fotografías en las que los collages dialogan con paisajes reales. Una flor que se funde con una margarita del campo, un recorte que se mimetiza con la luz del atardecer. Todo eso está buscado, tiene intención. Porque para Mireia, el arte no está separado del entorno ni de la vida; forma parte de un mismo todo.
En la muestra Miradas de mujer, esa conexión se hace aún más visible. Su colección, centrada en mujeres de distintas culturas y generaciones, destaca por su uso del color, por la fuerza simbólica de las figuras y por la combinación de técnicas. Mireia busca transmitir el poder de esas mujeres, su capacidad de sostener, de crear, de transformar. “El color representa la potencia de estas mujeres y toda su sabiduría”, afirma. Y no es una frase más: es el hilo conductor de una obra que vibra con cada elemento gráfico seleccionado, con cada decisión estética de la obra final.
Al final de la entrevista, Mireia lanza un mensaje que resume su manera de estar en el mundo. La artista invita a despejar aparcados los miedos que nos limitan y propone experimentar con las manos, las mentes, la escucha como herramientas para crear, reconectar y expresar. Porque, como ella dice, el arte también es una forma de vivir.








