Melilla ha registrado la llegada de más de mil migrantes irregulares durante 2025, consolidándose como uno de los principales enclaves de entrada al continente europeo a través de la frontera sur. Aunque otras rutas migratorias, como la canaria, han experimentado un descenso notable en el número de llegadas, la ciudad sigue siendo escenario de presión migratoria constante.
Según los últimos datos del Ministerio del Interior, recogidos por la prensa canaria, el conjunto del Estado ha recibido 17.555 migrantes irregulares hasta el cierre de 2025, lo que supone una caída del 36% respecto a 2024. La reducción ha sido especialmente significativa en el archipiélago canario, donde las llegadas descendieron un 60% tras el récord histórico alcanzado el año anterior.
Este descenso generalizado contrasta con lo sucedido en Melilla, donde las cifras se han mantenido elevadas a lo largo del año. En 2025, más de mil personas han accedido de manera irregular a la ciudad, según las estimaciones que manejan fuentes oficiales y medios especializados. Las vías de entrada incluyen tanto el salto a la valla fronteriza como la llegada por mar en pequeñas embarcaciones.
El repunte sostenido en Melilla ya había sido advertido desde finales de 2024, cuando se observó un incremento progresivo en los intentos de entrada, según informaba El Faro de Melilla. En ese periodo, se incrementaron los movimientos tanto en los accesos por tierra como por mar, en un contexto geopolítico complejo que afectaba a la región del Magreb, especialmente en lo relativo al control fronterizo y las políticas migratorias.
Durante este año, las entradas por mar han representado una parte significativa de los ingresos irregulares a Melilla, debido al refuerzo del control fronterizo terrestre y al cierre parcial de accesos en la valla. La situación geográfica de la ciudad, su proximidad con las costas del norte de Marruecos y su condición de frontera terrestre de la Unión Europea, la convierten en un objetivo prioritario para muchas personas migrantes que buscan asilo o nuevas oportunidades en Europa.
A pesar de que las cifras no alcanzan los niveles de presión migratoria que se han registrado en años anteriores en Canarias, la persistencia del fenómeno en Melilla ha generado preocupación entre las autoridades locales, que reclaman una mayor coordinación con el Estado y con las instituciones europeas.
En el conjunto del país, la mayoría de las entradas irregulares en 2025 han sido por vía marítima, representando más del 95% del total. El descenso de llegadas en Canarias se atribuye al endurecimiento del control en las rutas atlánticas, así como a la intensificación de acuerdos de cooperación migratoria con países emisores y de tránsito como Mauritania y Senegal. No obstante, la presión sobre los enclaves norteafricanos españoles no ha cesado.
Melilla, al igual que Ceuta, enfrenta el desafío de gestionar el flujo migratorio de forma humanitaria y segura, al tiempo que trata de mantener el orden y la seguridad en una frontera que es, también, externa de la UE.
A lo largo del año, se han registrado varios intentos masivos de entrada, algunos de ellos frustrados por los cuerpos de seguridad en colaboración con Marruecos. Sin embargo, también se han producido episodios en los que decenas de personas han logrado acceder, siendo posteriormente atendidas por los servicios sociales y trasladadas a centros de acogida.
La previsión para 2026 es incierta. Aunque se espera que las rutas migratorias sigan modificándose en función de la presión política, económica y humanitaria en los países de origen, Melilla continuará siendo un punto clave en el mapa de la migración irregular hacia Europa.








