El cambio de estación llega a la ciudad de forma gradual, con temperaturas todavía suaves, más posibilidades de lluvia y una rutina marcada por la vuelta al colegio
El otoño llega a Melilla sin grandes rupturas. Aquí no suele ocurrir eso de levantarse un día y descubrir que el verano ha desaparecido. Las sandalias siguen en el armario. Las terrazas, también. Y todavía hay tardes en las que apetece acercarse al paseo marítimo.
Pero algo cambia. Poco a poco.
Septiembre es el mes de transición. Según los valores climatológicos de AEMET, la temperatura media en Melilla se sitúa en 23,8 grados. La media de las máximas alcanza los 27,1 y las mínimas rondan los 20,5. Es decir, todavía hace calor, especialmente durante las horas centrales del día.
Y luego está octubre. Ahí sí empieza a notarse que el verano queda atrás. La temperatura media baja hasta los 20,4 grados, con máximas medias de 23,7 y mínimas de 17,2. En noviembre el descenso continúa. La media se queda en 17 grados y las noches pueden ser bastante más frescas, con una mínima media de 13,7.
No significa que Melilla se convierta de repente en una ciudad fría. Ni mucho menos. El cambio se nota sobre todo al principio y al final del día. Por la mañana puede hacer falta una chaqueta. A mediodía, quizá sobre. Ese juego de capas tan habitual que ya conocen todos los melillenses.
La lluvia
El otro gran cambio del otoño está en el cielo.
Melilla es una ciudad de pocas precipitaciones durante buena parte del año, pero otoño concentra una parte importante de sus lluvias. La media de AEMET pasa de los 16 litros por metro cuadrado de septiembre a 40 en octubre y 57 en noviembre. También aumentan los días con al menos un milímetro de lluvia: de una media de 2,2 jornadas en septiembre a 3,9 en octubre y 5,8 en noviembre.
El paraguas vuelve a tener sitio en la entrada de casa. Y mirar el cielo antes de salir deja de ser una costumbre exclusiva de los días de temporal.
Eso sí. Una cosa es que aumente la lluvia y otra que llueva de forma continua. El otoño melillense mantiene muchas horas de sol. AEMET sitúa la media en 210 horas de sol en septiembre, 194 en octubre y 176 en noviembre.
Del verano al despertador
Pero el otoño no solo cambia el tiempo. Cambia la ciudad.
La vuelta a las aulas devuelve los madrugones, las mochilas y las carreras de última hora. El verano deja paso a los horarios. Hay que levantarse antes, preparar desayunos, llevar a los niños al colegio y volver a organizar las tardes.
También cambia el ritmo de las familias. Las tardes de playa improvisadas pierden terreno. Aparecen las actividades extraescolares y los deberes.
Y las calles lo notan. Los alrededores de los colegios recuperan el movimiento de primera hora. Padres, madres y abuelos vuelven a formar parte del paisaje de las mañanas. También los comercios relacionados con el material escolar y la ropa recuperan protagonismo.
Poco a poco
En Melilla, el otoño no suele entrar de golpe. Se instala poco a poco.
Primero cambian las mañanas. Después las noches. Más tarde llegan los días en los que una camiseta ya no parece suficiente. Y, cuando octubre avanza, las lluvias empiezan a tener más presencia.
Mientras tanto, la ciudad sigue aprovechando el buen tiempo. Porque aquí el otoño también permite comer fuera, pasear junto al mar y alargar una tarde en la calle.
Hasta que un día toca sacar la chaqueta. Y entonces sí. Sin hacer demasiado ruido, el verano habrá quedado atrás.








